VALÈNCIA. Parece imposible pensar que una falla rodeada de gente puede sentirse sola. Ni en la noche está totalmente abandonada, un par de guardas velan por su seguridad para que no se queme antes de tiempo. Durante un año entero los artesanos la miman, la cuidan y dan forma a la madera que conformará su cuerpo, que cobrará vida del 15 al 19 de marzo en la ciudad de València. Aun así, existen monumentos que se sienten solos, o que al menos sirven para hablar de esta parte de soledad no deseada, y para reflexionar sobre ello. Este es el curioso proyecto tras el que se encuentra la artista valenciana Pepitagrilla -nombre artístico de Iris Moreno- que construye una falla contra la soledad no deseada.
Lo hace en la Falla Mestre Bellver - Mariano Ribera, que le da la oportunidad de generar un espacio en el que la sociedad valenciana puede reflexionar sobre “la soledad invisible que muchas personas experimentan incluso estando rodeadas de gente”. Jugando con la pintura y un enorme monumento de cuatro metros -sostenible, construido con madera, tela, papel y pintura- Pepitagrilla planta una enorme falla achuchable en la que muestra a un monstruo “alegre y amable” que tan solo quiere un abrazo. El visitante, al acercarse, es invitado a abrazarle y al entrar en su interior, puede descubrir la tristeza que le anida dentro.
“Me interesa generar una falla interactiva que lleve a reflexionar sobre algo. Me gusta que se pueda pensar sobre un tema emocional más allá de la política y los temas sociales. En mi trabajo comunico y transmito mis sentimientos y la falla transforma mi esencia a otro espacio”, explica la artista, que con este lleva tres años plantando junto a la Falla Mestre Bellver - Mariano Ribera. Este año su obra, Monstruosa Soledad, le sirve precisamente para hablar de un necesario momento de conexión cuando el mundo a nuestro alrededor se cae a pedazos y parece que estamos “juntos, pero en realidad estamos solos”.

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“Hay una enorme contradicción con la era en la que vivimos, que es digital y nos permite conectarnos con personas de todo el mundo. Es irónico pensar que, cuanto más conectamos con el mundo exterior, más desconectamos con el mundo exterior”. Es por ello que su falla consta de dos zonas, la interior y la exterior, que muestran dos partes del mismo monstruo. Por fuera, el monstruo enorme y colorido busca abrazos, totalmente feliz y conectado con quienes le rodean, pero en su interior los visitantes pueden descubrir que el monstruo está sufriendo y que se siente realmente solo.
Para alentar al monstruo, los visitantes pueden escribirle una nota para acompañarle, una iniciativa que Pepitagrilla espera que trascienda al día a día y que lleve a los visitantes de la falla a hacerlo con sus amigos y seres queridos, tal vez con una llamada para alegrarles el día. La artista busca que quienes visiten al monstruo se emocionen y que conecten con la parte emocional de la falla. “Lo que quiero es que la gente conecte emocionalmente con lo que contamos en Monstruosa Soledad. Que prescindamos un poco más del móvil, que realmente nos aparta, y que nos quedemos con la esencia de lo que nos conecta con nosotras mismas. El reto real en esta falla está en pensar cómo puedo transmitir lo que siento y lo que pienso al máximo de gente posible”.
Y para ello Pepitagrilla se sirve del lenguaje universal: un abrazo. Un gesto que no se puede realizar con el móvil en mano, que ayuda a conectar y que trasciende las barreras del idioma. Un gesto que está bien pedir, para algunos mínimo una vez al día, y que ahuyenta las penas. Con el abrazo se apretuja también la soledad interior que cada uno lleva dentro y que se puede calmar al monstruo de la soledad, que desde este fin de semana recibirá a los visitantes de la Falla Mestre Bellver - Mariano Ribera entre muchos colores y con los brazos muy peludos y abiertos.

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