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NOTICIAS DE ORIENTE / OPINIÓN

Historia de dos ciudades: ¿se beneficiará Singapur de la situación actual de Hong Kong?

8/12/2019 - 

VALÈNCIA. Hong Kong y Singapur han sido rivales en los últimos años para ocupar el primer puesto como plaza financiera regional del sudeste asiático. Se podría pensar que la situación de profundo desorden que está atravesando actualmente Hong Kong (que ya hemos analizado en esta columna) va a beneficiar y contribuir a consolidar la posición de Singapur. Y lo cierto es que, a corto plazo, eso puede ser cierto. Pero también se verá que la respuesta requiere ciertos matices.

Ambas ciudades tienen numerosos elementos en común. Ambas son excolonias británicas; sus poblaciones son ciertamente equivalentes y manejables en número (5,6 millones de habitantes en el caso de Hong Kong y 7,4 millones para Singapur; en ambos casos con predominancia de habitantes de origen chino); en las dos la pobreza es prácticamente inexistente; sus economías son especialmente modernas centradas en los servicios y en particular en la actividad financiera (aunque, como veremos, de forma diferente); se caracterizan para una estructura regulatoria especialmente orientada a la iniciativa privada y de una naturaleza que se podría calificar de ligera; tienen por lo tanto un aparato burocrático eficiente, dimensionado y profesional; y un sistema fiscal atractivo y, sobre todo, no confiscatorio (del 16,5% en Hong Kong y 17% en Singapur lo que los sitúa muy por debajo de la media global que está en e 24%). Todo lo anterior ha propiciado que tanto Hong Kong como Singapur hayan conseguido resultar muy atractivas para el establecimiento de empresas extranjeras junto con el desplazamiento de sus directivos correspondientes. Así, Singapur, según datos del Banco Mundial, es después de Nueva Zelanda, el segundo lugar del mundo donde hacer negocios es más fácil mientras que Hong Kong le sigue muy de cerca, situándose en el cuarto puesto en el ranking.

De hecho si comparamos algunos de sus datos estadísticos del 2018 (del Banco Mundial) resultan asombrosamente próximas: en cuanto al Producto Interior Bruto (PIB) anual, Singapur ha alcanzado los 364.139 millones de dólares americanos mientras que el de Hong Kong es de 362.721 millones de dólares; la renta per cápita es sensiblemente superior en Singapur donde está cerca de 64.597 dólares mientras que en Hong Kong es de 48.451 dólares; el déficit público en ambas es tremendamente bajo, con un 2,34% para el caso de Hong Kong y 3,6% para Singapur; el desempleo en ambas es irrisorio, siendo ligeramente superior en Hong Kong del 3,2% frente al de Singapur que es del 3%.

Este equilibrio entre ambas ciudades parece que se ha quebrado a raíz del desorden civil que golpea a Hong Kong. Es habitual que cuando algún país empieza  perder otro comienza a ganar. La inquietud empresarial en Hong Kong acerca de la interrupción de la actividad empresarial, la seguridad de los directivos, el impacto en la red de transportes contrasta con la situación de estabilidad que ofrece Singapur a los inversores.

Vista aérea de Hong Kong.

Es cierto que esta estabilidad tienen un coste en materia de derechos políticos e individuales. Estamos sin duda ante uno de los primeros casos de un modelo de democracia iliberal: es indiscutible que Singapur es un sistema democrático ya que sus ciudadanos eligen por sufragio universal a sus líderes pero sin embargo el derecho de reunión, la libertad de expresión y otros habituales en las democracias de nuestro entorno se ven sumamente mermados. De hecho, aunque resulte anecdótico, la libertad de expresión se puede desenvolver en un lugar no más grande que un campo de fútbol que se llama speakers corner y previa inscripción en la página web de las autoridades de Singapur. 

Por otro lado, es igualmente cierto que la Ciudad Estado ha sido gobernada desde su independencia por el mismo partido (el Partido de Acción Popular) y prácticamente la misma familia (con su origen en el inmenso Lee Kuan Yew). Esta condicionantes han sido claves para el éxito de Singapur que se manifiesta, entre otras cosas, en que 4.200 compañías han decidido establecer sus centros de decisión regionales en allí (entre ellas, algunas muy relevantes como Twitter, Google o Facebook).

Muy recientemente se han detectado datos que apuntan a que aparentemente la balanza se podría estar inclinando a favor de Singapur. Son ilustrativos en este punto la información aportada por la Cámara Americana de Comercio que evidencian que un 80% de la comunidad de negocios estaba desincentivada para invertir en Hong Kong. De hecho prácticamente 1/4 de aquellas empresas con presencia en ambas ciudades estaba considerando su salida de Hong Kong. Estos datos son consistentes con la afirmación de Goldman Sachs respecto del hecho que la Autoridad Monetaria de Singapur (su banco central) ha manifestado que en agosto de 2019 se incrementaron en un cifra extraordinaria de 1.630 millones de dólares (lo que supone un aumento de más del 50%) la entrada de los depósitos en moneda extranjera en Singapur. Mientras que Hong Kong parece haber perdido en beneficio de Singapur entre 3.000 y 4.000 millones de dólares en el periodo de junio a agosto de 2019. Este auge de Singapur es incluso anterior a las protestas. 

Es cierto que la gran ventaja de Hong Kong es su conexión con China (la potencia regional) y facilitar el acceso a la misma. Sin embargo, Singapur está mejor posicionado para permitir sus inversiones en el conjunto de la zona del sudeste asiático. Así la nueva generación de potencias económicas como Indonesia, Vietnam y la Indian gozan de relaciones muy cercanas con la Ciudad Estado y probablemente, en el supuesto que la bonanza económica de China se deteriore, podrán contribuir a que la posición de Singapur como hub financiero de la zona salga reforzada.

Sin embargo, la respuesta a estos datos por parte de las autoridades de Singapur ha sido nítida. Su gobierno, a través de su Ministro del Interior, el Sr. Law K. Shanmugan se apresuró a declarar en agosto de 2019 que, por parte de Singapur no hay ningún beneficio que pueda derivarse de los desórdenes de Hong Kong, añadiendo que el desarrollo y crecimiento de Singapur está condicionado por la prosperidad de toda la región del sudeste asiático y la situación de Hong Kong está evidentemente afectando a la misma. En este sentido, precisó más concreta y prudentemente que "si a China le va bien, a Hong Kong le va bien, a la región le va bien y a Singapur le irá bien. No hay beneficio en la inestabilidad". Con este posicionamiento, está reconociendo algunas obviedades que le ayudan diplomáticamente en sus relaciones con China: que Hong Kong es parte de China y por lo tanto un problema chino y que Singapur, como una potencia destacada de la región, está interesado en que la mayor potencia de la misma, que no es otra que China, goce de estabilidad y de orden.

Por lo tanto, es claro que las élites de Singapur ven con una aversión indisimulada el caos y el desorden de Hong Kong. Son perfectamente conscientes, en la línea de lo expresado antes, que el éxito de la Ciudad Estado se ha basado en esa sutil mezcla de fortaleza institucional, diversidad racial más o menos armoniosa de sus tres comunidades principales (china, malaya e india), apoyo total a los intereses empresariales por parte de los poderes públicos, seguridad en las inversiones y una política claramente restrictiva en el ejercicio de determinadas libertades (como la libertado de expresión). Y Singapur sabe también que este modelo puede estar sometido en breve a cambios relevantes. En efecto, es más que probable que las elecciones que puedan tener lugar en 2020 impliquen la salida de la omnipresente dinastía Lee. En este sentido, el Sr. Lee Hsien Loong, hijo de Lee Kuan Yew ya ha anunciado que no se va a presentar a las elecciones. Este hecho provoca una gran incertidumbre política en Singapur y puede ser el acicate de cambios importantes en la forma en que se han hecho las cosas hasta ahora. 

Por otro lado, a pesar de las buenas relaciones de Singapur con las nuevas potencias económicas mencionadas antes, es más que posible que no puedan amortiguar los efectos negativos de no tener el acceso directo al mercado chino que caracteriza a Hong Kong. En efecto, muchas empresas chinas cotizan en Hong Kong a través de un determinado tipo de acciones. También se dan otro tipo de empresas no constituidas en China pero que obtienen la mayor parte de sus ingresos de China y que finalmente son titularidad de forma indirecta de empresas públicas chinas (las llamadas red chips). Y Hong Kong tiene conexión con los parqués de Shanghai y Shenzhen por lo que su capacidad financiera se multiplica.  

Además, y aunque Hong Kong a corto plazo pueda ver disminuido su protagonismo en ser el conector/interface de China con el mundo, no es menos cierto que el plan de China para la región es vital para sus intereses y se caracteriza por su enorme ambición. En la llamada zona del Pearl Delta River, China se juega su futuro ya que es precisamente aquí donde está estableciendo uno de sus mayores polos de desarrollo. Por lo que, en última instancia, la importancia de esta zona no puede más que ir en aumento lo que al final impedirá un mayor protagonismo de Singapur.

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