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Pamela Palenciano: "El amor romántico es un opio"

17/02/2019 - 

VALÈNCIA. Un escenario. Una silla. Una sudadera con capucha. Y una monologuista. Pamela Palenciano (Andújar, Jaén, 1982) no lleva precisamente pocos años dedicándose a contar y teatralizar algo que a cualquiera podría parecerle espeluznante: una historia de maltrato. En concreto, la suya: la de su primer novio y ella misma. La finalidad es mover algo (“por dentro”) en las personas que la ven; el reto, retratar a cerca de quince personajes que ilustran todas las fases que atravesó durante ese tiempo y mandar el contundente mensaje de que se puede salir de situaciones como la suya. No es poca cosa ni poca pretensión.

“La necesidad del monólogo nació de hacer mi primera exposición de fotos, cuando mi psicóloga me ayudó a canalizar esto como forma de terapia para poder contar al mundo lo que me había pasado”, cuenta Palenciano. A partir de ahí, y tras formarse en teatro en el Salvador, comenzó a contar una y otra vez sus vivencias. “Cada monólogo era un ensayo con el público. Eso es magia. Siempre ha sido un diálogo donde he ido incorporando cosas que la gente me ha dado”, añade. El resultado es la ya famosa No solo duelen los golpes, una mordaz y satírica obra autobiográfica que se vale del humor y la ironía para arranca risas y paralizar a partes iguales, y que visitó el Teatro Talía de València la semana pasada.

Los más jóvenes, los adolescentes, son el público habitual de su monólogo. Para ello, la comunicadora y activista feminista no duda en provocar: incitar a reflexionar. “Como punto de partida, les antecedo qué van a ver: les hablo de los privilegios. De las relaciones entre padres e hijos; profesores y alumnos; yo y ellos. Y lo entienden. No les hablo de ‘hombres malos, mujeres buenas’; sino de la violencia patriarcal que engloba muchas otras, no solo la machista”, señala. Y lo dice con firmeza a pesar de las amenazas que ha recibido últimamente por la supuesta “incitación al odio contra los hombres” que algunos se esfuerzan y pretenden ver en sus palabras; con una valentía que no tiene nada de teatral, pero sí mucho de tenaz.

No solo duelen los golpes es un fenómeno viral. Después de conocer a Pamela Palenciano, ya no nos preguntamos más por qué.

-No solo duelen los golpes se ha convertido en un fenómeno viral. ¿Cómo te has enfrentado a ello?
-Con mucha responsabilidad y también mucho miedo; antes, porque la gente me decía que era “famosa” y me paraba por la calle por el monólogo, y ahora por lo que me está pasando (las amenazas). Mi trabajo se ha hecho tan viral que hay gente a favor de él pero también en contra.

Sobre todo, siento mucha responsabilidad. Y tengo ganas de transmitir que, si yo pude salir de la historia en la que estaba, cualquier persona puede hacerlo. Mi idea en el fondo es multiplicar el monólogo. Uno de mis sueños es dar talleres de autoficción y autobiográficos de teatro donde la gente pueda contar sus historias, ya sea de violencia o u otras vivencias, para que transformen el mundo.

-Has recibido amenazas por “incitación al odio contra los hombres”. ¿Cómo te estás enfrentado a ello?
-Con miedo, la verdad. Ahora ya he contratado a una abogada. Hay una denuncia, pero todavía no sé qué estrategia vamos a utilizar para defendernos a nivel legal. Pero me está haciendo mucho daño. Llevo tres semanas con una paranoia brutal: me han amenazado de muerte, con “tirarme a un pozo”, con “hacerme callar” … Que no soy la única, las que somos más visibles lo hemos sufrido: Cristina Fallarás, Irantzu Varela, Alicia Murillo…

Mi mayor preocupación es que a mí me están investigando y persiguiendo porque trabajo con menores de edad habitualmente. Hace poco fui a un instituto donde llevo trabajando diez años, y me dijeron que los padres habían pedido una inspección a la Consejería de Educación para ver quién era yo y qué hacía yo ahí. Tiene mucho que ver con la ideología de la ultraderecha, con las ganas de tirar los derechos de las mujeres hacia atrás. Tendremos que defendernos porque no nos queda otra. Y no solo por mí, sino porque no se lo hagan a otras. No es justo vivir así.

-Es una reacción del sistema patriarcal…
-La situación en Andalucía te da mucho que pensar en cómo está España y el mundo en general. La ultraderecha reacciona frente a cualquier tipo de derecho, no solo de las mujeres, sino también de los migrantes, por ejemplo.

A pesar de todo, lo que veo bonito es que el movimiento feminista en el estado español es muy diverso y plural. Están buscando instrumentalizarlo políticamente y no pueden. Es algo que les enrabia, no solo a la ultraderecha, sino también a otros partidos políticos: no poder colocarse delante. La comisión del 8M de este año está haciendo un trabajo brutal para que el movimiento se articule desde las bases, desde la calle. Y los partidos que quieran apoyar, así como con los hombres, bienvenidos. Pero no deciden ellos.

-En tu monólogo hablas de fenómenos adolescente como Crepúsculo. ¿Por qué todavía se idolatra la toxicidad del amor romántico?
-El amor romántico no nos lo quieren quitar de encima a ninguna edad. Porque, mientras esté, existirá la violencia. También hay un relato romántico entorno a las maternidades y paternidades y hay mucha violencia hacia las criaturas. El amor romántico, sobre todo el de pareja, es un opio. Para que no despertemos y estemos sometidas a relaciones no tóxicas, que realmente a mí no me gusta utilizar ese terminó, porque “tóxico” minimiza la violencia; “tóxico” es el aire, lo que comemos. Las relaciones son abusivas o violentas, en diferentes grados. Pero mientras exista el amor romántico, nos seguirán “drogando”.

-¿Cómo lo podemos combatir?
-No hay una varita mágica para el cambio. No existe. Pero yo me he ido dando cuenta de que, a partir de lo individual, de la singularidad, de ponerse las “gafas violetas” puedes ver qué prácticas hay en tu entorno y cómo puedes encontrar otras. A través de libros, películas: “A mí no me gusta este tipo de amor, voy a buscar otro que sume y no reste”. Pero no te lo enseñan: tiene que partir de ti. E ir aprendiendo maneras de repensar el amor y todo lo demás.

El cambio que esperábamos del sistema (que parece que no es nadie, pero somos cada uno y cada una) debe ser de dentro hacia fuera. Es el camino que tenemos que recorrer como humanidad. Aunque ahora quizá estemos un poco trabados.

-Demuestras que humor y feminismo pueden ir de la mano. ¿Cómo lo combinas tú?
-Lo fui aprendiendo intuitivamente de otras humoristas: Alicia Murillo, Virginia Imaz (una payasa maravillosa) … Cuando ves un monólogo del club de la comedia te acabas riendo porque te cuentan un chiste basado en una situación que a ti también te ha podido pasar. Me di cuenta de que, si la risa relajaba de alguna manera lo que podía decir, tenía que darle la vuelta al humor: en lugar de estereotipar de nuevo los típicos relatos de siempre (de los hombres, las mujeres, los negros, los niños, los maricones) podía hacerlo más bufonesco.

El payaso es más inocente, el bufón hace ironía y sátira. El bufón se ríe del poder; el humor feminista, también. Y le di la vuelta a situaciones que denigran a las mujeres para convertirnos a nosotras en las protagonistas. Es una herramienta bastante potente, muy política y muy sanadora. En la risa encuentras mucha paz. Tiene mucho poder.

-La última noticia que ha ocupado el debate público son las polémicas declaraciones de Casado sobre que, para tener más pensiones, hay que pensar en tener más niños, algo que además va directamente en su línea antiabortista. ¿Qué lectura haces de ello?
-Hay una sensación de retroceso, pero la humanidad siempre ha sido así: avanza dos pasos, y cuatro para atrás. No hay que tener miedo, pero sí defendernos como podamos: desde el humor o como sea. Lo que diga estos señores no me sorprende porque su ideología está más que clara junto a Vox y Ciudadanos: quieren tirar para atrás todo. Desgraciadamente, le ponen voz a lo que mucha gente piensa. Con el tema de la maternidad de las mujeres se juzga muchísimo: o vas a serlo, o no. Y si es que sí, eres muy buena; pero si no… “Uy, se te va a pasar el arroz”.

Pero yo estoy muy tranquila. Es cierto que el nivel de natalidad ha bajado, pero a mí me alegra porque muchas mujeres están pudiendo decidir no ser madre (aunque otras, eso sí, querrían, pero no pueden por su situación económica no van a poder… Que también es fuerte). Estoy feliz porque haya tanta inmigración en España. Aquí las latinas están pariendo; se traen ya cuatro o cinco criaturas de allí… Sin ninguna intención de que suene “aprovechado”, pero el país no se va a caer. Para nada. Y ojalá ellas pudieran sentir también en algún momento que culturalmente no tienen que ser madres. La maternidad, al fin y al cabo, es una decisión.

-El capitalismo se está intentando apropiar de los mensajes del feminismo, a través de eslóganes fáciles en camisetas, o actuaciones como la de la marca Casio (que se enorgullecía de haber sacado una calculadora rosa para mujeres). ¿Qué lectura haces de ello? 
-El capitalismo está en todas partes. Amancio Ortega hace camisetas de Frida Khalo y ya se cree que es igualitario. Es muy perverso: el capitalismo ha visto todo el movimiento del #metoo a nivel internacional y se ha dado cuenta de que podía haber dinero y podía sacar algo de ello.

Hay que intentar ser lo más coherentes posibles. Es cierto que el capitalismo de una patada no lo vamos a tirar. Y la violencia no acabará hasta que no acabemos con el sistema, no al revés. Es difícil vivir esta época con un capitalismo tan salvaje, pero hacemos lo que podemos. Yo confío mucho en pequeños colectivos para ir haciendo cambios en la base: abajo. No en las grandes masas que hacen campañas superficiales bajo las que sigue habiendo violencia, dolor... Pero, eso sí, también así tardará más. De todas maneras, el feminismo ya lleva tres siglos como movimiento. Y seguirá.

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