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Pedrín Mariscal: sobre Eduardo Bort, Palo Market y la València "eufórica"

23/05/2019 - 

VALÈNCIA. La historia de Pedrín Mariscal solo se entiende a través de tres pilares: la música, la moda, el diseño. Precisamente tres de las cuatro patas –junto a la gastronomía- que componen un Palo Market Fest que trae por cuarto año consecutivo a València, su nueva aventura en una vida que dan para anecdotario. Pero de esto hablaremos más adelante. Pedrín es el octavo de once hermanos, un bullicio familiar que dejó pronto, pues antes de cumplir la mayoría de edad ya había ‘volado’ del nido para enrolarse en la banda de Eduardo Bort y cumplir su sueño de ser un guitarrista de rock. “Recuerdo cómo me hablaba de la guitarra, de acariciarla, de hacerla llorar... y me dio la oportunidad de saber lo que se siente estando encima de un escenario”, explica sobre Bort, una de esas figuras clave en la música valenciana y que, hace apenas unas semanas, contó con un "merecido" homenaje en el Teatre Principal. 

Las giras musicales, sin embargo, acabaron pronto para Mariscal, aunque es una parte que sigue embebida en él y de la que nunca se podrá desprender. Nos cuenta, precisamente, que ahora hace sonar una Tom Anderson, un “trueno” de guitarra del que solo fabrican un centenar al año. Su idilio con la música siguió por otros derroteros cuando le llegó una nueva pareja de baile: el diseño de moda. Una colección de camisetas estampando los dibujos de su hermano, que vendían en una pequeña tienda junto al rastro, fue el detonante de un proyecto que en muy poco tiempo crecería hasta convertirse en una de las firmas clave del movimiento cultural valenciano. Un año después de empezar a vender camisetas, conquistaban Cibeles. Casi nada. “Entonces pasaban las cosas así. Deprisa, deprisa”.

En plena euforia cultural despegaba Tráfico de Modas, que convivía con esa València “barroca y excesiva” de Francis Montesinos y la “irónica, vividora y efervescente” de La Nave, el colectivo de diseño formado por Dani Nebot o Paco Bascuñán, entre otros. Todos tenían su espacio, nadie sobraba. La marca, de hecho, vive ahora una segunda vida gracias a su hija, Lola Errando, que ha decidido tomar el relevo de Pedrín relanzando la firma. Errando coge el timón de una nave que desapareció a principio de la década de los 90 a causa de la crisis económica, momento en el que Pedrín pasó a formar parte del estudio de su hermano Mariscal, donde acabó ocupando la plaza de director creativo. “Mariscal es muy caótico trabajando, no es un diseñador es un artista, y para más inri es un artista que trabaja con la barriga no con la cabeza”, indica. 

Durante dos décadas comisarió sus exposiciones, desde la primera en el Design Museum de Londres a la última en Seúl, una vinculación que no se rompe. “Me sigue emocionando su trabajo”, explica. Tanto es así que se confiesa "fan" de quien, hoy, sigue trabajando a su lado. Pero todo esto es cosa del pasado. Pasado que marca el presente, claro, pero ahora toca poner la mirada en los retos inmediatos, que vienen con un nombre claro: Palo Market Fest. La cuarta edición 'marca València' llega este fin de semana -del 24 al 26 en los jardines de Viveros- una cita que supone un nuevo renacimiento para Pedrín Mariscal. Nos situamos en el presente. 

-¿Qué balance hacéis del proyecto Palo Market? 
-El formato es muy distinto al de Barcelona, que es más pequeño pero más frecuente. En València quisimos hacerlo a lo grande, una decisión por una parte pragmática y por otra porque era un sueño, llevar ese concepto más lejos. La misión es la misma, esta rara mezcla de música, diseño, gastronomía y arte, de la mano de creadores muy jóvenes.

-Además, esta es una edición muy ambiciosa en el apartado musical. 
-Siempre hemos querido que fuera así. No entiendo la creación de otra manera que no sea compartida, de manera colectiva. Nos hemos querido colocar en un sitio donde no está nadie. No es un market, pero tampoco es un festival. De hecho, en España han tardado mucho en entrar los markets y de los festivales ya escucho que hay saturación. Nosotros planteamos una reunión de creadores. Cada vez vamos subiendo más el listón, hemos hecho un esfuerzo muy grande en el apartado musical. La programación del escenario Turia es una apuesta muy sincera porque suene València en el evento, con grupos como Gener, que acaban de presentar disco. Luego contamos con las tendencias emergentes más bailables en el escenario Aperol, con el pop flamenco de Soleá Morente. Esta oferta la completamos con las bandas de gran formato, con 20 o 25 músicos encima del escenario.

-¿Qué espacio queréis ocupar en el terreno musical?
-Hay que seguir descubriendo gente. Para nosotros es una obligación, una misión. Los festivales tradicionalmente son grandes egos que se suben a grandes escenarios. Esto es otra cosa. Este es un evento para compartir algo mucho más colectivo, no es un listado de egos. Creo que esto es más futuro, es más sostenible.

-¿Cuál ha sido la clave en la traducción del concepto de market en el territorio valenciano?
-Para mí lo que más importancia tiene es el entorno, es fundamental. Me costó mucho encontrar el trozo de Viveros que quería. El público de València es distinto, lo adoro, es muy receptivo.

-¿Cómo ha cambiado la ciudad desde el primer Palo Market hasta ahora?
-He visto un cambio en València brutal. València vuelve a brillar, está más viva que nunca, está eufórica. Hay una pulsión cultural que hacía muchos años que no había. Había un nubarrón negro de cojones [ríe] La cultura estaba escondida y machacada. Ahora mismo, València desde fuera se ve como una ciudad emergente culturalmente, del mismo modo en que se habla de Málaga.

-Palo Market es casi un reflejo de tu propia trayectoria: música, diseño...
-¡Y la comida que a todos nos gusta! [ríe] Al final reflejamos lo que hemos aprendido. Cuando llega Palo Market Fest... para mí fue ese ave fénix, ese resurgir. Ahí dije 'basta' a diseñar, es importante dejar espacio para los más jóvenes, un apoyo que también se puede hacer a través de este festival. Siento que me dedico más a propiciar que a diseñar, a ordenar las cosas de tal manera para que se produzca el milagro.

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