les useres (CASTELLÓN)

Pixaví, sale la primera y última añada tras seis años embotellado

Cómo una se enamora del vino es un misterio, te atrapa y la historia del Pixaví no está exenta de ello. La primera y única añada de la tempranillo de 55 años de Les Useres por Esteban Martinavarro.

| 17/03/2023 | 5 min, 44 seg

Por el año 2000, cuando apenas había ningún vino de Castellón embotellado y pocas cepas parecían mantenerse en pie, Esteban Martinavarro se cuestionó si era su zona tan distinta a Tarragona y Requena. Esteban es un gran amante del mundo del vino, por aquel entonces visitaba el Racó de Paco y allí, al conocer a Miguel Juan, surgió la posibilidad de hacer un vino que resonase con el apellido de Castelló. Formaron Vinya Natura, que es por lo que se le conoce a Esteban, aunque esta es una historia de un vino de 300 botellas que acaba de etiquetarse seis años después.

Esteban es de Almassora, le vinculan a Les Useres amigos y vino, y más tarde Tomás y Leonor. “Gente de tierra, que han dedicado su vida a preservarla”. Este matrimonio le enseñó a podar. Ilusionado y con todo por saber, plantó y tuvo que arrancar, esbozó varios proyectos para crear su bodega, sin éxito, volvió a plantar. Por el 2004, la misión de Esteban era hacer un vino que pudiese gustar: Tempranillo, Cabernet y merlot. Finalmente, se hizo con dos hectáreas a Les Useres. “A día de hoy no plantaría las mismas variedades”, se confiesa que entonces las variedades mejorantes estaban bien vistas y permitidas. Tiene todas sus fincas adheridas a la IGP de Castellón, aunque actualmente no vinifica en esta zona por falta de infraestructuras. Quiso probar suerte en las bodegas Carmelitano, también en la Cooperativa de Vilafamés, incluso contagió de pasión a Vicent Flors mediante una vendimia en la bodega Flors, la antigua de su abuelo, cuando éste aún no había comenzado su odisea. “Hemos ido vinificando donde nos han dejado” y ahora les dejan en Requena donde estudió enología y viticultura i marketing del vino, se justifica un Esteban muy arraigado a este territorio. “No me hace falta estar en una figura territorial para hacer calidad”.

Vinya Natura es el proyecto por lo que mejor se le puede conocer, nace en 2006 con la unión de Miguel Juan (ahora Barranc dels Cirers) que tenía viñedo y vino y crearon una sociedad de seis personas: dos viticultes, dos hosteleros y dos aficionados del mundo vinícola. De los cuales, solo se mantienen tres como Vinya Natura. De esta unión salió el famoso Barranc de l'infern 2007 y también la posterior añada que se manchó de lluvia. Con el enólogo Eloy Haya elaboran en la DO Requena, el cava Babel que ha sido varias veces premiado por Proava como finalista y como mejor cava de la Comunitat Valenciana.

La finca de Tempranillo de Les Useres en la que plantó Esteban la primera vara, iba a dejar de trabajarse en el 2016. Tomás ya no podía continuar y ante la promesa de una tierra yerma, Martinavarro decidió ser el relevo. Esta finca es de pie franco, de 55 años de vida, con un marco de plantación tan difícil que los tractores no pueden entrar. Un año siguiente, el 2017, vendimió i embotelló una uva concentrada que sobre madura pronto, con raspón y sin madrea embotelló 300 unidades que dormían hasta hace bien poco. Mucha fruta, estructurado y algo tánico. Guardaba su cosecha para fiestas personales como tantos otros que vinifican para consumo propio. Hasta que llegó Miguel Ejarque, del restaurante Boga Tasca.

Lo que une el vino, que no lo separe la tierra

Miguel y Esteban son de esos amigos que quedan para descorchar botellas y compartir. Cuando una comienza en este sector, que atrapa, las ganas son mayores que los sitios donde se puede probar y aprender. A Esteban le costaba mucho poder encontrar buenos vinos, cosa que ahora no permite si está en sus manos. Lo de dedicarse al mundo del vino es por afición porque su trabajo está en otra parte, combina la cerámica con una seleccionada distribución de vino por el mero hecho de “poder beber vino en Castellón”. Si le preguntamos a Esteban, Miguel llegó a la bodega y al probarlo le gustó mucho y quiso que viese la luz. Si le preguntamos a Miguel, “esto está bueno” y es un homenaje a Esteban por todo lo que ha contribuido a su entorno de forma desinteresada.

Sin decírselo, Miguel llevo la idea a las ilustradoras Bona Vista y el resultado es una caricatura del espíritu de Esteban que siempre va hecho un pincel, elegante y tranquilo. Lo de nombre es cosa de Miguel, dice que Esteban siempre va como un pixaví, “mudat” y de llamarlo pixaví a caricaturizarlo como libélula porque significan lo mismo.

“De uva potente, añada muy buena con mucha concentración pero con la volátil de los vinos naturales cuando tiene reducción, fresco pero para el final de la comida”. Lo define Miguel, que, además de ofrecerle la etiqueta, lo sirven en Boga Tasca. “Esteban es autodidacta, me veo en su situación comenzando con inquietud del vino hace 30 años en Castellón… Esto aún es poco para lo que ha hecho Esteban a los que hemos llegado después, como asesor, como amigo y como experto”. El pepito grillo como divulgador del vino en la zona de Castellón. Es un perfil de vino que tendrá muy buena acogida, tras seis años en botella.


El vino necesita tiempo. Hablamos de ello mientras lo catamos, “los grandes vinos están pensados para durar 15 años”, si no está para beberlo no se debería comercializar. La opinión de Esteban es clara. Con tanta inmediatez parece que los vinos de guarda no tengan cabida, “no dejamos que sean, que lleguen a lo que deben ser” dice que no hay paciencia, que recibimos demasiados estímulos, vivimos y bebemos rápido. Justo al lado de la finca de tempranillo había otra con todas las cepas arrancadas y amontonadas. Para llegar a su bodega -del 1800- pasamos por el Pou d’En Calvo, una pedanía llena de casitas que eran antiguas bodegas, algunas se venden, otras están sin techo. La tierra, como el vino, es un sentimiento dice Esteban, que cuesta de que se valore sobretodo cuando las cosas van mal. Esta añada es la única del Pixaví, hemos esperado seis años sin saberlo para probarlo. No habrá más. Menos de 300 botellas, efímero y bueno parece que es la tónica de nuestra era.


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