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Primavera o realidad

21/03/2021 - 

VALÈNCIA. La primavera me sorprende releyendo Hay algo que no es como me dicen. El caso de Nevenka Fernández contra la realidad. Compré y leí este libro cuando apareció en 2004, cuando la semántica de la palabra feminismo no circulaba aún por el cableado que une mi cerebro y mi corazón. No había #MeToo, ni redes sociales para difundirlo. Pero estaba Juan José Millás, uno de los grandes cirujanos literarios de la realidad, y pensé que, si él se interesaba por el caso de Nevenka Fernández, la concejala de Ponferrada que al denunciar el acoso de su alcalde tuvo que enfrentarse al aplastante poder del machismo incluso después de ganar el consiguiente juicio, era porque había percibido algo digno de ser contado. El libro me pareció sobrecogedor, pero en aquel momento no tuve conciencia de lo era importante que era denunciar aquel asunto, tan feo, tan miserable, porque el mundo estaba y está lleno de historias como esta, algunas de ellas muchísimo peores. Vi el documental Nevenka que se estrenó en Netflix y al acabarlo busqué en mis estanterías el caso tal y como lo contó Millás entonces, cuando este tipo de historias eran percibidas como asuntos aislados, casi como fenómenos extraños, anomalías sociales que parecían no estar unidas entre sí por un hilo que hoy ya no es invisible.

La llegada de la primavera me sorprende pensando en cómo la primavera ya no se parece a lo que antes era la primavera, sino a lo que ahora son las cosas, el mundo o la vida desde hace un año. La primavera llega a València sin el prólogo de las hogueras, todavía no es momento de ritos purificadores, y cuando lo sea, habrá tanto que purificar que ni Roma ardiendo podría ayudarnos. La primavera es un momento tan bueno como cualquier otro para escuchar a Morrissey. De toda su discografía en solitario, mi álbum favorito es You are the quarry. Él se ha convertido en un prodigio de autoindulgencia y malasombra incapaz de conectar con la realidad. En cambio, la capacidad que estas canciones tienen para emocionar, lo magnífico de su construcción, las mantienen a salvo de su propio autor. En I’m not sorry canta busca mi mano y la carrera está ganada / rechaza mi mano y el daño está hecho. Las canciones que hablan por nosotros son de las pocas cosas de este mundo que merecen ser sagradas. Identifico I’m not sorry con la primavera porque recuerdo oír constantemente ese disco cuando salió, en mayo de 2004, en los viajes que entonces hacía en coche por la autovía que comunica Madrid con València. La música que uno escucha una y otra vez conduciendo a solas adquiere una importancia diferente a la que escuchamos en otras circunstancias. Está impregnada de la belleza del paisaje, del peso de los pensamientos que viajan con nosotros en el aire. You are the quarry es la música que orquestaba la visión de los campos de amapolas al cruzar La Mancha, la voz que me ayuda a reconocerme, cuando Morrissey canta que el mundo está lleno de pesados y quizá yo también sea uno de ellos porque nadie quiere abrazarme y decir que me quiere; cuando canta: la mujer de mis sueños nunca apareció / la mujer de mis sueños nunca hubo una.

Abro el buzón y en su interior está La mirada imposible, el nuevo ensayo de Agustín Fernández Mallo. Hay otro sobre, y este contiene La luz en sus entrañas. Conversaciones con Fernando Alfaro, de Manuel Pinazo y Chema Domínguez. Conectar la obra de Agustín y Fernando, es algo que hago a menudo. Sé que entre ellos existe una declarada admiración, y ver a Fernando Alfaro convertido en personaje de Nocilla experience supuso una de las grandes revelaciones de una obra que en sí misma era una revelación, de la misma manera que, en otro ámbito y en otro momento anterior, lo fue escuchar La luz en las entrañas de Surfin’ Bichos. Que estos dos libros lleguen a mi buzón a la vez es una señal ajena a todo, también a la primavera o a cualquier otra estación. Es un inesperado acto de reafirmación de mi identidad, de la misma manera que lo es saber que tengo el libro de Millás, o Vida metropolitana de Fran Lebowitz. En su ensayo, Agustín reevalúa el concepto de identidad aplicando la filosofía y transformándola en poesía cuando afirma que “nadie siente mayor empatía por nosotros que los muertos que llevamos dentro”. Identidad contra realidad. ¿Somos producto de nuestra propia alucinación o de la de otros? Nevenka también debió de darle muchas vueltas a esto durante el tiempo en el que tuvo que luchar para ser creída, apoyada y comprendida.

Alfaro me menciona, en una de las entrevistas del libro La luz en sus entrañas. No es la primera vez que recuerda con afecto una entrevista que en 1990 le hice para Ruta 66 y yo siempre le agradeceré el detalle. La labor de los críticos de rock como yo, que ni somos críticos ni creemos ya en el rock, no es otra que transmitir la pasión que nos contagia la música -y lo que se tercie-, intentar contagiar a otras a la vez que aprendo a contar mis propias historias escuchando canciones. Esto nunca fue una mera cuestión de pasar el rato o de dárselas de enterado. Esto fue siempre una cuestión de supervivencia, y los tipos como Alfaro y Fernández Mallo lo saben y actúan en consecuencia. Hay que venerar los momentos epifánicos. Porque como escribe Agustín en La mirada imposible, “la imitación como acto apropiacionista, la imitación como triunfo de la fantasía y la fantasía como ofensa al mundo para crear nuevos mundos. Hay que ofender al mundo. Ofender al mundo es nuestra única misión”. Yo llevo aprendiendo a hacerlo desde niño. Gracias a la ayuda de artistas como Alfaro y Fernández Mallo, creo que ya soy todo un profesional en el tema.

Termino de ver la miniserie documental sobre Nevenka Fernández. Ni siquiera el exceso de planos recurso con imágenes de Ponferrada logran minar mi interés en la historia de esta mujer que tuvo la valentía de enfrentarse a una realidad que siempre iba a volverse contra ella solamente por el hecho de ser mujer. Acabo después el libro de Millás, que concluye de esta manera: “Y así se quedan, como están, es decir, con la víctima feliz, pero exiliada, y el agresor protegido por la solidaridad y el cariño de los suyos, además de por su cuenta corriente. En cuanto a mí, si me preguntaran por qué valió la pena escribir este libro, diría que porque al fin he logrado averiguar el final de Hansel y Gretel, un cuento que me obsesiona desde la infancia y que tuve que leer en una edición a la que alguien había arrancado las últimas páginas. Y no termina ni bien ni mal, termina regular, como casi todo en esta vida”.

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