Opinión

Revista Plaza Principal

EL DEDO EN EL OJO

Los debates recurrentes

Cada cierto tiempo, cada año, se repiten los mismos asuntos sobre los que se promete debatir y acaban en la papelera de reciclaje

Publicado: 21/03/2026 ·06:00
Actualizado: 21/03/2026 · 06:00

Si tiene cierta afición a los medios de comunicación, habrá notado que, cada cierto tiempo, emergen asuntos ya tratados, debates manidos y profusos análisis revenidos. Suelen ser refritos o recurrentes. Me ha sobrevenido el asunto porque escribo esto el uno de marzo, mientras se escuchan los primeros masclets por València. Y si es usted de València ciudad habrá notado que, al acabar las Fallas, sobrevuelan cíclicas cuestiones que giran alrededor de esas fiestas. Que qué tipo de fiesta se pretende, que si no van a morir de éxito, que si está llena de borrachos, que si se busca respetar a quienes no son de la fiesta y están trabajando, que si la falta de respeto de los que gustan prender la mecha. Vamos, un completo.  Y todos los años, igual. Dura un par de días. Y fuera, a la papelera de reciclaje. Supongo que en Pamplona pasará igual. Esos debates circulares, repetitivos, que no acaban con conclusiones constructivas, para desesperación del que ande preocupado sobre el fondo del asunto.

Pienso esto, como les escribía, en un domingo gris, inútil, desapacible que viene, para mayor angustia de servidor, con un partido en Mestalla donde nos jugamos la vida, curiosamente contra el Osasuna. Y me sobreviene una sonrisa irónica, a la par que agónica, sabiendo que habrá quien piense que se va a reflexionar, de verdad, sobre el fondo de los problemas. Se imaginan. Pero, no. No. No. Porque lo de reflexionar, lo de debatir qué se pretende de una ciudad, qué modelo queremos, sea en el ámbito de las fiestas o en el turístico, pensar sobre el futuro, sobre su fondo, sobre su forma no entra en nuestra agenda, más que para alguna jornada organizada por quienes se preocupan por ello.

Debates de calado y la necesaria valentía para tomar decisiones no entran en programas electorales. Ni en presupuestos participativos, ni en el vecindario común. Y la persona que tiene la vara de mando no va a hacerlo si no se lo exigimos, sea aquí o en Pamplona, porque eso no vende, ni suma, más bien resta y creo que ni siquiera es un sentir mayoritario. Ese puede que sea el verdadero problema.

Pero, al parecer, la única forma que tenemos para sentarnos como colectivo a través de nuestros representantes políticos y pensar en el futuro es a base de hostias. Fue la Depresión Aislada en Niveles Altos (Dana) del 29 de octubre de 2024 la que ha provocado que el Ayuntamiento de València, la Universitat Politècnica de València (UPV) y la Universitat de València (UV) nombraran a los diecinueve expertos de la comisión de asesoría científica del binomio universidad-ciudad que deberán abordar los grandes retos de futuro de la gestión del área metropolitana, centrados en el territorio, la movilidad o la vivienda. Se presentó en diciembre de 2025. Manda frijoles que, a estas alturas del siglo, la tercera ciudad de este país se siente a abordar lo de su área metropolitana. Alucinante. También es verdad que le costó mirar hacia el mar. Y quisimos hacerlo aniquilando El Cabanyal. Qué salvajada hubiera sido.

Pero al lío, que sí, que ha sido la Dana la que ha provocado que se piense en cómo abordar los municipios del área metropolitana. Ha sido la Dana la que nos ha recordado que vivimos en zonas inundables, que somos frágiles, vulnerables. Que al parecer no éramos conscientes de dónde vivíamos. Al menos nosotros no lo éramos, porque los de fuera, sí. Recuerden que el Ikea de Alfafar fue el único comercio que no sufrió daños, cuando alrededor había un escenario de guerra. La razón la supimos después. Vinieron los técnicos de la multinacional y cambiaron el proyecto original de la construcción para ubicar la tienda en los pisos altos y emplazar el estacionamiento en las plantas inferiores, eliminando el aparcamiento en subterráneo y no tener la tienda a pie de calle. La diferencia entre los suecos y nosotros es que ellos no son tan festeros…, cosa que expongo porque ahora mismo suenan las dolçainas y tabalets de una comisión fallera que pretende arreplegar por el vecindario, y por no poner lo que realmente pienso de lo que nos diferencia de los nórdicos. Por cierto, ahora, solo parece que debamos actuar en la provincia de Valencia, como si en el resto de la Comunitat Valenciana no tuviéramos el mismo problema. Espero que no caiga otra igual en la provincia de Alicante o la de Castellón porque se volverá a liar. Obviamente no con el mismo desenlace en cuanto al número de víctimas; en eso ya hemos aprendido la lección.

Por todo esto, será necesario que mueran 230 personas, y quede, casi, un provincia arrasada, para ponernos a pensar. Para tomar medidas estructurales. Pues no, no debería. Que lo de las Fallas no es tema comparable a un plan metropolitano es de cajón. Pero es un síntoma de la enfermedad que padecemos. Como el turismo. Que aquí sí conecta con los municipios de alrededor. Porque si lo petamos de bajos, apartamentos y hoteles, con el problema de vivienda que hay, y tú vives o te tienes que ir a vivir fuera de la ciudad y no tienes un buen transporte público, el fracaso está garantizado. Y, cuando una ciudad se piensa para quienes nos visitan, se mata todo lo demás. Qué difuso y desarticulado artículo les he dado, ya me disculparán. Ha salido el sol. Me voy de aperitivo. Que mejor disfrutar ahora, que la tarde no promete nada bueno. Lim Go Home. Amunt.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 134 (marzo 2026) de la revista Plaza

 

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