Luis Capilla (1966) es de esos profesionales del mundo financiero que viven con pasión su día a día. Ejerce como asesor de grandes patrimonios, lejos de la presión que impone en ocasiones la banca convencional para captar más clientes. En el banco suizo Mirabaud, su objetivo es acompañar a los que ya confían en él para gestionar su dinero y su empresa. «La banca ha cambiado, pero no tanto. Se están volviendo a ofrecer productos estructurados que no sirven para todos los casos. Yo creo que hay que pensar más en el cliente y en el caso de cada familia», asevera Capilla en la entrevista que concede a Plaza.
Capilla no lleva toda su vida en Mirabaud. Se forjó durante años en Bancaja, donde hizo sus primeros pinitos a través de la gestora de fondos de la entidad en 1990. Su carrera comenzó mientras aún estudiaba Empresariales, tras superar un riguroso proceso de selección en el que, de cincuenta aspirantes, solo dos fueron elegidos para formar el equipo de back-office. Las condiciones iniciales eran exigentes, con un salario de 56.000 pesetas al mes con jornadas de mañana y tarde, en contraste con otros empleados que ganaban 90.000 pesetas en pagas dobles y tenían un horario más reducido. Durante esta etapa, la gestora fue punta de lanza en las integraciones de Banco de Murcia y Banco de Valencia, convirtiéndose en una plataforma administrativa avanzada para la época.
«En 1999 fuimos de las primeras gestoras que creamos un fondo de fondos internacional, en un momento en el que las órdenes a las gestoras se mandaban a través de un fax electrónico», recuerda Luis Capilla. Esta etapa estuvo marcada por un intenso trabajo, incluyendo la migración de sistemas del Banco de Valencia y Murcia, la adaptación al ‘efecto 2000’ y la llegada del euro. En 2005, Capilla fue nombrado director general y consejero de la gestora.

- Eva Máñez
Sin embargo, fue con la crisis financiera de 2007-2008 cuando dio un salto determinante en su trayectoria. La centralización de Bancaja en Madrid vino con una oferta para que él asumiera la dirección de marketing y comercial. «En lo personal, también fue otro reto, porque era cambiar totalmente de registro. Yo venía de la parte del back office, de montar vehículos, de estructurar la operativa… Acepté y tuvimos que coger la maleta y recorrernos toda España para dar soporte a toda la red comercial. Fue una experiencia y un aprendizaje que luego me ha servido mucho», señala.
Una persona de desafíos
El siguiente reto no tardó en llegar. También en 2008 le propusieron dar el paso a la banca privada para atender a los clientes de Bancaja y de Banco de Valencia, que sufrían la caída de los mercados derivada de la crisis financiera. Su sólida experiencia operativa, combinada con sus nuevas habilidades comerciales, le permitió sentarse con las familias y convertirse en un soporte fundamental, no solo técnico sino también emocional. Durante este período ayudó a muchos clientes a tomar decisiones difíciles bajo el lema «más vale perder que más perder», buscando soluciones para recuperar las pérdidas y consolidando una relación de confianza que iba más allá de la gestión de carteras, abarcando decisiones sucesorias y personales.
Con orgullo, Capilla cuenta que las decisiones de calado sobre su trayectoria profesional las ha consultado previamente con su familia, que es un pilar fundamental en su vida. Su curiosidad innata le ha llevado a aceptar los distintos desafíos que se le han planteado durante estos años. «Me ha sido fácil, porque también soy una persona adaptativa», nos cuenta. Un claro ejemplo de ese rasgo suyo lo da su propia historia, puesto que ante la necesidad de ingresos en el hogar cuando era joven, abandonó sus estudios de Química y se matriculó en Empresariales. Aquella decisión fue determinante para la carrera que se ha forjado durante estos años.
Otro punto de inflexión en su carrera fue la prejubilación. O, mejor dicho, la perspectiva de que ese momento se acercaba, una situación a la que se quiso anticipar porque, ante todo, tenía claro que no quería poner punto final a su carrera. «Yo que, además, tengo un carácter un poco díscolo, no me conformaba con lo que estaba sucediendo en la banca convencional. Si hay algo que he creído que no era conveniente para mis clientes, pues no lo he hecho. Y yo quería seguir haciendo lo que me gusta desde el año noventa, que son los mercados financieros», confiesa. A sus cincuenta y cinco años decidió dejar la entidad sin prestación económica y, tras valorar varias opciones, aceptó la oferta de Mirabaud. Le cautivó el carácter familiar con una dirección cercana y una filosofía de acompañamiento a largo plazo a las familias, totalmente alineada con sus valores.

- Eva Máñez
«Aquí no hay conflictos de interés», afirma al destacar la arquitectura abierta real y el enfoque en el servicio y la preservación del capital. Para Luis Capilla, su labor trasciende lo financiero, actuando como un consejero de confianza para las familias. Tanto es así, que dedica tiempo a formar en València a las nuevas generaciones de las familias clientes en el conocimiento de la preservación patrimonial. Lo hace desde el edificio histórico del antiguo bolsín de Valencia. «Francisco Gómez Trenor tenía mucha relación con la familia propietaria del edificio. Entonces, cuando la entidad quiso abrir oficina en València, nos vinimos para acá. Esta es la vivienda donde se desarrollaba lo que era el negocio de bolsín de Valencia», cuenta con nostalgia.
Formación & hobbies
Formación: Licenciado en Empresariales. Formación en Bancaja.
Hobbies: La familia es la principal área de su vida a la que dedica su tiempo libre. «Es realmente mi vía de escape», señala con honestidad para después decir que, aunque se considera una persona curiosa, lo que le lleva a leer temas variopintos o ir al cine a disfrutar de una buena película, su identidad se sostiene sobre el trabajo y el hogar. «Así de sencillo», sentencia haciendo gala de un minimalismo que choca de lleno con la cultura dominante que busca abarcar infinidad de hobbies. Eso sí, también saca tiempo para cuidarse: «En estos últimos años estoy haciendo un poquito más de deporte. En concreto, hago pilates y yoga, y estoy encantado».

* Este artículo se publicó originalmente en el número 134 (marzo 2026) de la revista Plaza