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Literatura

Maria Beneyto, una vida ‘herida de letra’

2025 ha sido el año del descubrimiento de una de las escritoras valencianas más destacadas del siglo XX. A pesar de haber despuntado tanto en la literatura en castellano como en valenciano, su obra quedó olvidada en el cajón. Las circunstancias que rodearon su vida ayudan a explicar mucho de sus libros

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El Any Maria Beneyto, decretado por la Acadèmia Valenciana de la Llengua para 2025, empezó con un hallazgo que desmontaba la propia lógica de la conmemoración: el centenario de su nacimiento se sostenía sobre una fecha falsa. Un carné de afiliación a la UGT, expedido en 1938, y la localización definitiva de su partida de nacimiento confirmaron que Maria Beneyto había nacido en 1920 y no en 1925, como ella misma sostuvo a lo largo de toda su vida. 

Lo que podría considerarse una anécdota, en realidad revelaba la primera grieta visible de una existencia marcada por el silencio, la autoprotección y la necesidad de construir un relato propio a través de la literatura.

Así que el centenario serviría para releer su obra desde otro lugar y, sobre todo, para entender que durante décadas, y a pesar de haber sido una escritora relevante y premiada, solo se ha conocido una parte de la vida y obra de la escritora. Lo que se mostraba hasta hace tan solo unos meses era insuficiente, y en una bibliografía marcada por sus propias circunstancias materiales, afectivas y políticas, recuperar lo que escribió suponía abrir el baúl de los descubrimientos.

Crecer entre la barbarie

La mentira sobre su edad —persistente y consciente— cambia el foco y la manera de entender sus obras: el inicio de su pulsión literaria no fue el de una niña atravesada por la guerra, sino el de una joven que tuvo que afrontar la pérdida, la represión y la precariedad con una lucidez temprana.

Los primeros años de Maria Beneyto estuvieron marcados por el fracaso familiar y la represión. Nació en València, pero con apenas tres años se trasladó a Madrid con su familia, siguiendo las aspiraciones teatrales de su padre, que nunca llegaría a abrirse camino en el mundo del espectáculo. La vida en la capital, al final, solo les conllevó precariedad, pobreza y desarraigo, una situación que quedaría fijada en su memoria literaria. 

Ese periodo cristaliza, décadas después, en La invasión, una novela casi a modo de memorias que obtuvo el premio Revista Ateneo en 1955 y que hasta ahora habría permanecido incompleta porque, mientras se publicaba por partes en esta revista, la editorial quebró. Su reconstrucción íntegra permite ahora leer un relato de aprendizaje abrupto, donde Madrid aparece como el lugar del hambre, y explora las consecuencias familiares del fracaso paterno y del tránsito forzado hacia una adultez no deseada.

La Guerra Civil precipita el regreso a València de la familia Beneyto y es un retorno marcado por la muerte del padre, militante socialista, a causa de una herida provocada por la metralla. Esa experiencia, vivida ya desde una adolescencia consciente, atraviesa Antigua patria (en realidad una reelaboración de La invasión, publicada por recomendación de Max Aub, uno de sus primeros valedores), y encuentra su prolongación en Regreso a la ciudad del mar, inédita hasta 2019. En estos libros, la autora reconstruye su biografía sin nostalgia: ni la ciudad natal es refugio ni la infancia es un paraíso perdido; lo que hay es un espacio herido, atravesado por el miedo, el silencio y la conciencia temprana de clase.

La escritora de la compasión

Si hay un hilo que atraviesa la narrativa de Maria Beneyto es una mirada profundamente humanista, atenta a quienes quedan fuera del foco. Su compasión, más que sentimental o condescendiente, es una forma de observar las miserias de un país devastado por la guerra, pero renunciando en esa mirada a cualquier marco ideológico. 

El río viene crecido, publicada originalmente en castellano y recuperada ahora en valenciano como El riu ve crescut, es quizá el ejemplo más contundente: la novela sigue a un grupo de personas que viven en condiciones de extrema vulnerabilidad en la València golpeada por las riuàs de 1947 y 1957, dos episodios separados en el tiempo pero que Beneyto traduce ficcionando la idea de que el agua golpea siempre a los mismos, y cada riada restaura el cruel orden social. El libro, reeditado también este año (y por tanto leído pocos meses después de la Dana de octubre de 2024) ha sido todo un descubrimiento editorial y se ha programado en numerosos clubes de lectura.

  • Algunos de los títulos de Maria Beneyto que han rescatado en 2025 instituciones y editoriales.

Esa misma sensibilidad recorre La dona forta (1967), un libro que sorteó la censura franquista y que hoy se lee como una de las aproximaciones más lúcidas a la condición femenina en la posguerra, si bien la última ola del feminismo lo haya hecho envejecer mucho más rápido que sus otras novelas. A través de un conjunto de relatos centrados en mujeres, Beneyto explora el matrimonio, la frustración, el deseo y la soledad sin idealizaciones, desmontando los modelos de feminidad impuestos.

En las páginas de los libros de Beneyto no hay héroes ni tramas grandilocuentes, sino vidas atravesadas por la culpa, la responsabilidad y la necesidad de resistir. Y, sobre todo, la autora escribe a sus personajes desde una compasión radical. Precisamente, será esa una de las claves que explican por qué, décadas después, su literatura sigue interpelando al presente.

Amores prohibidos

Durante décadas, la vida sentimental de Maria Beneyto permaneció en un discreto segundo plano, envuelta en una mezcla de pudor y silencios asumidos. La recuperación de su obra poética ha permitido, sin embargo, entender hasta qué punto su escritura estuvo atravesada por una relación secreta con un hombre de clase alta, casado, que marcó sin duda tanto su biografía como su manera de escribir. 

No se trató de un affaire puntual, sino de un vínculo prolongado, vivido en la clandestinidad (el adulterio estaba penado entonces) y condicionado por las convenciones sociales de aquella época. Una relación que, por otra parte, le permitió mantener una cierta estabilidad económica y vivir de la escritura, pero que al mismo tiempo la condenó a una intemperie afectiva constante y a su aislamiento social (las citas las tenía por la tarde, y la alejaron de muchos actos sociales vinculados a la literatura).

El deseo sostenido en el margen, la imposibilidad de una vida compartida o la renuncia a la maternidad aparecen de forma recurrente en su poesía, especialmente en los textos más tardíos, donde el amor deja de ser una promesa y se convierte en el principal factor de un desgaste emocional que alimentaban la espera y la culpa. 

En las trincheras de la lengua

La trayectoria de Maria Beneyto estuvo marcada también por una posición incómoda en el campo literario valenciano. Escribía en castellano y en valenciano sin jerarquías, guiada por una voluntad expresiva más que por una militancia cerrada. Ese bilingüismo, hoy reivindicado como una de las riquezas de su obra por las personas que más la han estudiado, fue, durante años, un motivo de sospecha y de fricción con el sistema literario, que no le permitió encajar del todo en ningún espacio.

  • Imagen más reciente de la escritora. 

Esa falta de alineamiento acabó pasando factura. A partir de finales de los años setenta, Beneyto se fue retirando progresivamente del espacio editorial y de la vida pública literaria por diferentes hostilidades. En realidad, nunca abandonaría la escritura y fue más un autoexilio consciente del circuito de premios, publicaciones y relaciones que había sostenido en su primera etapa. 

Durante casi dos décadas, su nombre desapareció de la conversación cultural, mientras ella seguía escribiendo y revisando manuscritos. El silencio de Maria Beneyto fue, en todo caso, una etapa muy dolorosa. Primero, porque la intención de la escritora siempre fue la de trascender a nivel estatal, y el silencio supondría su renuncia a la que sentía como su máxima aspiración. Y segundo, porque era su verdadera vocación (su manera de lamer sus heridas), y lo único que cambió en su vida fue que los manuscritos ahora se quedaran en un cajón.

La segunda vida literaria

La recuperación de la voz de Maria Beneyto comienza en los años noventa y tiene un nombre propio: Joan Fuster. Su intervención fue decisiva, no solo por lo que significó en términos de visibilidad, sino porque legitimó la obra que llevaba años marginada y mal interpretada. La reedición de La dona forta y el reconocimiento institucional del Premi de les Lletres Valencianes en 1992 —Beneyto fue la primera mujer en ser galardonada— marcaron el inicio de una segunda etapa creativa, que no debe entenderse tanto como un regreso triunfal, sino como una reapertura literaria cautelosa.

El reconocimiento no borró las heridas del pasado. Beneyto volvió a publicar, sí, pero lo hizo desde una posición distinta: sin expectativas de consagración, sin necesidad de encajar en un canon que ya había demostrado no estar hecho para ella. Esa distancia explica también el cambio de registro en sus textos. Frente al realismo social de sus novelas anteriores, esta segunda vida literaria se caracteriza por una mayor libertad formal y por una escritura más introspectiva, incluso experimental.

 

Ofelia 25 es el ejemplo más evidente. La novela, construida desde lo onírico y lo fragmentario, reescribe el mito de Ofelia desde una subjetividad descentrada y oscura, alejada de cualquier voluntad alegórica clara. Beneyto la presentó a diversos concursos a finales de los noventa y principios de los dos mil sin éxito. El manuscrito quedó relegado, como tantos otros, a un cajón. 

Algo similar ocurre con Al límit de l’absurd, escrita durante los años de silencio editorial y recuperada ahora gracias al trabajo de archivo. En ella reaparecen algunos de sus grandes temas —la culpa, la responsabilidad moral, la naturaleza como espacio de reflexión—, pero lo hacen a través de una estructura coral y fragmentada, sostenida en monólogos interiores y voces cruzadas. 

No hay en estos textos voluntad de adaptación al mercado ni de reconciliación con el canon. Al contrario: la segunda vida literaria de Beneyto se construye desde la conciencia de estar escribiendo, por fin, sin pedir permiso.

José Albi e Itinerario

La publicación, en las últimas semanas de diciembre, de Itinerario ha sido uno de los gestos más delicados y reveladores del Any Maria Beneyto. El libro reúne poemas de amor y desamor que habían quedado fuera de su Poesía completa (editada en 2008, al final de su vida), porque desvelaban con demasiada nitidez una relación íntima y conflictiva con el poeta José Albi. 

En estos poemas, la autora se expone sin ningún tapujo. El amor aparece como tensión permanente, como fuerza que acompaña y desestabiliza, y también como límite —«dejó la relación porque tenía que decidir entre el amor y ser ella misma», tal y como subrayó Rosa María Rodríguez Magda al justificar su publicación. Con los dos protagonistas ya fallecidos, más que cerrar heridas o reconstruir una historia sentimental, Itinerario sirve ahora para contextualizar esa experiencia como parte central de su escritura y de su identidad literaria. Otra vez, la vida determinando la obra.

  • Maria Beneyto junto a José Albi. -

Es especialmente reveladora la novedad que supone la publicación de la última carta que Beneyto le envió a Albi, ya con una salud muy deteriorada, y que ponía en evidencia que su intento de normalizar la relación fue catapultado por terceras personas. El segundo gran amor de Maria Beneyto estaría también marcado por la imposibilidad y el desencuentro.

Su tercera vida literaria

El balance del Any Maria Beneyto no puede medirse solo en términos de reediciones, publicaciones inéditas o actos conmemorativos. 2025 ha supuesto, sobre todo, un cambio de mirada. Por primera vez, su obra ha sido leída de manera sistemática desde una perspectiva que no separa la literatura de las condiciones materiales y afectivas en las que fue escrita. 

Como han insistido Rosa María Rodríguez Magda y Carme Manuel, las principales responsables de esta recuperación, el centenario no ha caído en mitificar a la autora ni en convertirla en una excepción heroica, sino que, sobre todo, le ha otorgado la complejidad que siempre se le había negado.

La investigación del archivo, la aparición de manuscritos inéditos, la publicación de novelas olvidadas y poemarios póstumos, la traducción de su obra a diferentes idiomas y la incorporación de sus libros a clubes de lectura, bibliotecas y centros educativos han permitido que muchas lectoras y lectores se acerquen por primera vez a su escritura. «Pero, mientras no estén ella y otras escritoras en los libros de Secundaria, no existirán», ha recordado Carme Manuel en varias ocasiones. Ese sigue siendo uno de los grandes retos: consolidar lo avanzado y evitar que la recuperación se diluya una vez pasada la efeméride.

Tras el año, aún queda trabajo por hacer: reeditar títulos aún inaccesibles, integrar su obra —en valenciano y en castellano— en el canon literario con normalidad y seguir estudiando su producción, sin pudor biográfico ni lecturas edulcoradas. También asumir que su trayectoria no fue una anomalía individual, sino el reflejo de un sistema cultural que durante décadas expulsó a las mujeres escritoras.

Maria Beneyto es, en ese sentido, un espejo incómodo. Su vida muestra hasta qué punto las escritoras españolas del siglo XX fueron prisioneras de sus circunstancias, por mucha lucidez y determinación que tuvieran para reivindicar su libertad. Su obra nunca pudo dejar de estar atravesada por las renuncias, los silencios y las estrategias de supervivencia.

La vida de la autora es un melodrama de muchos actos. Y, a pesar de la discreción y el pudor con los que tuvo que manejar su vida, dejó todas las señales necesarias en sus libros, esas que ahora se van descifrando. Leerla es conocerla; también conocer España, y también empatizar con los dolores y los amores que nos atraviesan. 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 133 (febrero 2026) de la revista Plaza

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