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SILLÓN OREJERO

'Saldando las cuentas pendientes', un recorrido por el legado punk del Fujimorato

Mediante testimonios orales, al estilo de la llamada biblia del punk, el libro Por Favor Mátame, la obra 'Saldando las cuentas pendientes' recoge los testimonios de los grupos de punk que surgieron en Perú en el clima social del régimen de Fujimori. Una sociedad que experimentó una brutal doctrina del shock y que aprendió a convivir con el odio a la clase política 

23/01/2023 - 

VALÈNCIA. Nunca lo he entendido, pero me imagino que alguna razón habrá. En España nunca han tenido predicamento las escenas rockeras latinoamericanas. Lo que ha llegado ha sido con cuentagotas. Si alguien ha triunfado por todo lo alto, es porque se afincaba aquí, como Los Rodríguez. Este fenómeno no ocurre con la canción ligera. En los ámbitos más comerciales las ventas en España de todo el que destacase han estado siempre garantizadas. Curiosamente, el público español que cree que escucha el lado salvaje de la vida, que los géneros que consume no son meros negocios, solo tiene orejas para los anglosajones y, a lo sumo, algunos grupos locales. Aunque hagan música anglosajona y la canten en su lengua, los latinoamericanos son ignorados. 

Sin embargo, en la historia del rock las escenas latinoamericanas no tuvieron absolutamente nada que envidiar a nada que se hiciera aquí, más bien al  contrario. La escena argentina es más conocida, grupos como Los Gatos, Almendra, Manal, Aquelarre, Pescado Rabioso, Sui Generis o Vox Dei son de dominio de los aficionados a la historia del rock. Cualquier persona que trate con argentinos sabrá de su pasión por Spinetta o por Charly García. Sin embargo, Argentina era un país más. 

Brasil era un universo en sí mismo, igual que México, pero capítulo aparte merece también Perú. En primer lugar, porque mucha gente ha situado en este país el origen del punk con el célebre tema de Los Saicos titulado Demoliciónde 1964, ahí es nada. Coetáneo de la explosión de la british invasion.  Compré este disco en Munster hace veinte años y no tenía nada de obra arqueológica, seguía molando, y sigue, en el siglo XXI, pasen las modas que pasen. Ese sello también repasó todo el garage rock de este país en sur recopilatorios Back to Perú que daba una idea de que probablemente del nivel de los guateques que debían montarse en Lima. 

Personalmente, mi debilidad siempre fueron Laghonia, pese a que cantaban en inglés. Su disco Etcétera es belleza pura. Para ponerlo al once en este mundo tan feo que habitamos hoy. Interesante, aunque no tan brillante, me parecía su segunda reencarnación como We all together, de escuela McCarnety/Wings. Pero si hay un dios allí, un genio exuberante, ese es Gerardo Manuel y el Humo. ¿No debería semejante titán haber tenido espacio en los medios públicos españoles? ¿No le llegó a nadie? ¿Somos todos sordos?

Comoquiera que fuese, creo que, con esa tradición, a la escena peruana hay que prestarle atención en cualquiera de sus expresiones. Tienen hitos pioneros en todos los géneros. Por eso, el libro Saldando cuentas pendientes, las bandas olvidadas del underground peruano, 1990-2012, de Juan Pablo Villanueva, me ha parecido digno de ser reseñado. Trata de algo que no nos es ajeno, los espacios al margen de la comercialidad a partir de los 80 en los que se desarrollaron géneros como el punk y el hardcore. 

Si bien en España hubo escenarios de tensión política en los surgió música radical, ninguno se puede comparar ni de lejos ni en fondo ni en forma a los que en Perú expresaron su rabia en la antesala del régimen de Fujimori. De la misma manera, en un sentido económico, los estragos de las políticas neoliberales allí fueron crudos. En 1990, la inflación alcanzó la cofra de 7649,6%. El alza de los precios fue tan brutal que no es que imposibilitase que la juventud se dedicase a la música, sino que ponía en peligro la supervivencia. Al mismo tiempo, la perpetuación de Fujimori en el poder hizo que todo movimiento cultural independiente fuera ahogado progresivamente. 

En este contexto, destacan grupos como Autonomía con letras llenas de carga política, pero también de un pesimismo y oscuridad realmente interesante. El libro está escrito en el estilo de declaraciones de obras como Por favor, mátame. En una intervención, un miembro de este grupo, Chino Daniel, pone en duda cualquier discurso mitificador, dice: "Para mí no existe movida "subte", nunca la hubo, ni en los 80. Fue pura farándula contestataria, sin objetivos políticos. Hoy, que existe lo "subte", eso sí, con sus variantes de estrategias musicales desorganizadas, tienen un objetivo que se plasma en sus letras". 

Más adelante, Toto, explica el shock que vivió esa sociedad a principios en la terrible crisis de hace tres décadas: "Obviamente, la realidad que se vivía tanto a fines de los 80s como en la década de los 90s, influyó mucho en nuestra forma de posicionarnos frente a ella. Éramos de un extracto social medio donde de la noche a la mañana todo se volvió una mierda mientras que a los políticos no parecía importarles, de hecho, nunca les importa. Creo que con la violencia de esa época o con la paz de hoy la situación no ha cambiado mucho y el punk siempre genera espacios y momentos de actividad política". La represión la explica el testimonio de Martín, del grupo Rupturas: "Desde mi adolescencia tuve muchas detenciones policiales, tanto por protestas, manifestaciones, expropiación y acción directa en las calles. Habré tenido unas veinte detenciones policiales en total, en diferentes comisarías de Lima". 


Al término del fujimorato, el libro aborda cómo la escena estaba dividida en infinidad de tendencias, muchas de ellas complacientes con la comercialidad, como suele ser habitual en la inmensa mayoría de grupos. Este volumen comprende el legado de una serie de proyectos que estuvieron marcados por esas circunstancias y por la escena punk que se desarrolló durante aquellos años, tanto para seguirla como para rechazarla. 

Al final, hay un testimonio que me resulta particularmente gracioso. Está dedicado a los explotadores de la nostalgia: "Los pajazos mentales los dejo para esos académicos con ansias de fama y vedetismo, pues son los mismos que aprovechan cualquier resquicio para meterse por la ventana o entre los palos, a fin de recibir un poquito de atención que dé color a sus vidas. Los mismos que enarbolan y sacan a relucir cada vez que pueden el espíritu de los 80, con la clara intención de ser adulados y conseguir la ansiada legitimidad, cuando en realidad nunca hicieron nada relevante, comparado con lo hecho por algunos de sus coetáneos". Es demoledor, como cantaban Los Saicos, y ante él solo queda pensar: Perú, tan lejos, tan cerca. 

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