Análisis

Series y televisión

À Punt culmina su cambio de modelo entre toros y la ficción como cuenta pendiente

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VALÈNCIA. El pasado 10 de junio, À Punt cumplió ocho años de emisiones regulares de televisión, ocho años de vida. Sin embargo, cumplir no es celebrar. Sin apenas referencias al hito, la cadena preparaba otra efemérides la misma semana: el día 11 de junio organizó un evento en un plató con personalidades del mundo de la tauromaqui para brindar por un año de emisiones de corridas y festejos en la televisión pública valenciana (Un año de toros por la puerta grande en À Punt, se llamaba el acto). 

En la nota de prensa que envió sobre el acto, À Punt destacó que los toros, “se han consolidado como la tercera opción de entretenimiento para los espectadores de À Punt, únicamente por detrás de las Mascletaes y las Fallas”. Y si bien es cierto que la evolución del share de las retransmisiones ha sido objetivamente muy positiva (de hacer mínimos al principio, a ser un motor para la audiencia del fin de semana con la emisión de la Feria de San Isidro, de Madrid), la afirmación es matizable.

Y es que los “picos del 13,5%” y los “8,3% de share” con los que lo ejemplificaban no son una cosa nueva en À Punt. Antes lo han conseguido otros programas y series, además de muchas ediciones de informativos a lo largo de estos ocho años. 

En todo caso, que sirva la celebración de un año de toros en À Punt como nota positiva y como punto de partida de una radiografía del estado de la radiotelevisión pública. ¿Qué ha pasado en este año?

Una tele distinta, misma audiencia

Según el balance de la temporada de audiencias televisivas que elabora la Barlovento Comunicación, y que analiza los índices desde el 1 de septiembre hasta el 30 de junio, À Punt se ha dejado un 0,3% de audiencia a lo largo del curso, con un share total de 2,9%. El dato en bruto no es una mala noticia para À Punt, que siempre ha tenido en el 3% una especie de techo difícil de romper.

Abriendo el foco, en los ocho años de programación de À Punt se pueden identificar varias fases, pero la realidad es que ninguna ha supuesto un golpe encima de la mesa con los audímetros. El share entre el 2,5 y el 3 ha sido la tónica habitual, con distintas oscilaciones, y solo en 2021 superar esa barrera fue la tónica general (llegan a hacer un 3,4% anual).

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El cambio de identidad que la nueva dirección de À Punt le ha querido dar desde ya una temporada televisiva y media habrá cambiado el perfil de la audiencia, pero si creían que los datos que heredadon eran malos, la realidad es que siguen siendo los mismos con el giro de 180 grados.

Si los toros han sido uno de los principales impulso de la temporada televisiva, en la otra cara están los servicios informativos, que han perdido en solo un año (media de audiencias enero-mayo 2025 vs mismo periodo en 2026), un 1,38% de audiencia, pasando de un 6,44% a un 5,06%. Mientras tanto, en los últimos años se ha normalizado que los informativos territoriales de La 1 de RTVE dupliquen el share en coincidencia.

Intentarlo y no conseguirlo

Los toros han llegado para quedarse en À Punt, según parece y la audiencia está avalando. No ha pasado así con otros programas. En este giro de 180 grados, la dirección del canal, ahora en manos de Paco Aura, apostó por las tertulias políticas de marcada tendencia conservadora, pero las audiencias corrigieron precisamente esta apuesta.

Los dos grandes fracasos de la cadena esta temporada han sido Va de bo y El debat. El magazine vespertino, presentado por Nacho Cotino y Màbel Martí apenas duró tres meses pero acumuló varias polémicas por comentarios, ya no solo de los tertulianos, sino por los enfoques del propio programa. Tuvieron que llegar a pedir disculpas por un vídeo con tintes machistas sobre Diana Morant y Pedro Sánchez. Su sustituto, La vesprada amb tú, tampoco consiguió cuajar y ahora emiten Està Passant, un programa mucho más modesto de producir.

El segundo, El debat, fue un encargo a Toni Cantó para un programa que fue arrastrando las peores audiencias de la cadena, sin levantar más de 1% en varias ocasiones. Copiando el modelo de programa político de otras televisiones como Telemadrid, apenas tuvo mes y medio de vida.

Por el medio, comunicados del Consell d’Informatius denunciando, no solo problemas de carácter laboral, sino amenazas a su independencia informativa. Una breve conversación con cualquier compañero periodista de la radiotelevisión acaba con un suspiro.

  • Imagen de archivo. -

¿Todo por las productoras valencianas?

Desde la entrada de Paco Aura a la dirección de la radiotelevisión, se ha difundido una máxima: el fortalecimiento de À Punt en el ecosistema del audiovisual valenciano. Y si bien hay varias productoras que sí han recibido encargos, de facto, la precarización de los formatos y la falta de oportunidades ha generado tensiones con la red empresarial.

Si antes las empresas se quejaban de una selección ‘personal’ de la lista de productoras que conformaban una parte importante de la programación, ahora la mayoría de las asociaciones consultadas se quejan de la falta de oportunidades generalizada. El último ejemplo, la inclusión de À Punt dentro de las críticas de las asociaciones a la falta de rumbo de las políticas audiovisuales del Consell.

La radio, con nueva dirección, pero con los mismos vaivenes

La hermana pequeña de la televisión, À Punt Ràdio, tampoco respira tranquila. Los datos de la segunda ola del EGM, publicados esta misma semana, cuantifican la audiencia en 16.000 personas, el segundo dato más bajo de los últimos tres años.

Se trata de menos de la mitad la primera ola del EGM (44.000 oyentes), muy favorable para la cadena, y que celebró con una nota de prensa triunfante. Desde el principio de los registros, el EGM no es un indicador fiable ni para las alegrías ni para las desgracias, porque los gráficos muestran una sierra con picos y bajadas muy pronunciadas y poco realistas.

Eso sí, tras la cancelación de Va de bo, À Punt convocó un concurso abierto para elegir al primer director de su cadena de radio, responsabilidad que recayó precisamente en Nacho Cotino. Desde entonces, la programación tiene un responsable dedicado a ello.

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Rosa María Calaf, Premio Nacional de Televisión 2026