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Gorka Otxoa: “Machos Alfa demuestra que puedes reírte de cosas muy serias”

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El actor regresa como Santi en la quinta temporada de Machos Alfa, una de las comedias más exitosas de Netflix. En esta nueva entrega, asegura, los personajes ganan en profundidad emocional sin renunciar al humor que ha convertido a la serie en un fenómeno.

Pregunta. Vuelve una de las series del momento. ¿Qué vamos a ver en esta nueva temporada y, en concreto, qué le espera a Santi?

Respuesta. Como no nos dejan contar mucho para no hacer spoilers, es complicado adelantar cosas concretas. Pero la gente ya conoce la serie, ya conoce a los personajes y, sobre todo, ya conoce a los guionistas, que tienen una capacidad increíble para hacer que cada temporada no solo no decaiga, sino que incluso mejore. En ese sentido, lo que se puede esperar son muchos giros, muchas situaciones nuevas y ese tono que mezcla comedia con temas muy actuales.
Creo que esta temporada tiene quizá un punto más emocional, más sentimental, en el sentido de que se profundiza más en los personajes, en lo que les pasa por dentro. Hay más capas. Pero, al mismo tiempo, sigue teniendo momentos muy divertidos. En el caso de Santi, le van a ocurrir muchas cosas, como siempre, y su historia va a dar bastantes vueltas. Ya veréis cómo termina la temporada, porque también hay sorpresas importantes.

P. La serie aborda realidades poco conocidas a través de la comedia. Por ejemplo, el fenómeno incel, que mucha gente ni siquiera sabía que existía. ¿Entra mejor así?

R. Sí, totalmente. Yo siempre he pensado que la comedia es un vehículo muy eficaz para hablar de cosas serias, incluso de cosas muy duras. El machismo, por ejemplo, que sigue estando muy presente en la sociedad, tiene poco de gracioso. Pero si lo abordas desde el humor, bien escrito, con inteligencia, consigues que llegue a más gente. Si lo hicieras de una forma más directa, más intensa o más dramática, probablemente habría público que se alejaría. En cambio, desde la comedia, la gente se lo pasa bien y, casi sin darse cuenta, va incorporando conceptos, situaciones y realidades que quizá no conocía.

El tema de los incels es un buen ejemplo. Es algo muy grave, que incluso ha estado relacionado con atentados y asesinatos de mujeres. Mucha gente, yo incluido, no conocía ese movimiento. Y la serie lo introduce de forma que el espectador puede entenderlo, reflexionar sobre ello, aunque sea desde el humor. En ese sentido, los guionistas hacen un trabajo muy fino, muy pegado a la actualidad, incluso a cuestiones que están en debate social o legislativo en España.

 

 

P. Santi es un personaje al que parece que siempre le falta algo en el terreno sentimental. ¿Qué le ocurre realmente?

R. Sí, es algo que se verbaliza en la serie, eso de que “le falta algo”. Y es interesante porque es una sensación que todos podemos reconocer, aunque sea difícil de definir. Hay personas que, en apariencia, lo tienen todo para que una relación funcione, pero luego hay algo intangible que no encaja.
Santi está en ese punto. Es un personaje que está en proceso de búsqueda, de aprendizaje, de evolución personal. Pero le cuesta. Le cuesta entender qué le pasa, qué necesita, qué le falta exactamente. Y eso forma parte también de su recorrido en la serie. En esta temporada se profundiza un poco más en esa idea, en ese vacío difícil de explicar.

P. En esta quinta temporada Santi está en un momento de disfrutar la soltería. ¿Hay cierto riesgo en ese individualismo tan presente hoy?

R. Yo creo que, como casi todo en la vida, la clave está en el equilibrio. Hay gente que no sabe estar sola, que necesita estar siempre en pareja, y eso tampoco es sano. Primero tienes que estar bien contigo mismo. Santi, en ese sentido, toma una decisión que tiene algo positivo: intentar estar bien solo, sin esa ansiedad por encontrar pareja. No significa cerrarse a los demás, sino no vivir desde la necesidad o el agobio emocional. Cuando estás en calma, cuando estás bien contigo mismo, es más fácil que las cosas fluyan. Y aprender a estar solo es fundamental para la estabilidad emocional. Desde ahí, las relaciones pueden construirse de otra manera.

P. La serie también habla de nuevas formas de relacionarse. ¿Qué has aprendido tú de todo eso?

R. Para empezar, mucha terminología (risas). Palabras como situationship y otros conceptos que vienen mucho de las nuevas generaciones. Pero más allá de eso, he aprendido que hay muchas más formas de vivir las relaciones de las que quizá pensaba.

Cada pareja es un mundo. Hay relaciones abiertas, poliamor… muchas maneras de entender el amor y los vínculos. Y la serie muestra todo eso.
De hecho, hay casos curiosos. Por ejemplo, Kira contaba que había gente que había abierto su relación después de ver la serie. Igual que a nosotros nos impactan ciertas cosas del guion, también le pasa al espectador.

P. Da la sensación de que Santi tiene bastante de ti.

R. Sí, me lo dicen mucho (risas). Sobre todo en esa parte de ser un poco pesado con ciertos temas. Con amigos míos ya era así antes de la serie, insistiendo en determinadas cosas, cuestionando comportamientos… Creo que comparto con Santi esa conciencia de que estamos en un momento de cambio y de que los hombres tenemos una responsabilidad importante en ese cambio. Las mujeres llevan mucho tiempo luchando, pero nosotros también tenemos que implicarnos.

Luego hay cosas en común más evidentes: ser buen amigo, estar ahí para los demás… Eso sí, yo no soy padre y el personaje sí tiene una hija, ahí ya nos separamos (risas).

P. La amistad es uno de los pilares de la serie.

R. Sí, totalmente. Y eso conecta mucho con la idea de cuadrilla, que es muy propia del País Vasco. Ese grupo de amigos que se mantiene a lo largo del tiempo, aunque cada uno vaya evolucionando de forma distinta. Puedes tener diferencias ideológicas, de carácter, de forma de vida… pero hay algo que está por encima, que es el vínculo, el apoyo mutuo. Y eso es muy bonito. En la serie se ve muy bien: son cuatro personajes muy distintos, con vidas muy diferentes, pero siempre están ahí los unos para los otros.

P. Se nota también que se conocen tanto que ya no se sorprenden de nada.

R. Claro, cuando conoces muy bien a tus amigos sabes cómo van a reaccionar, en qué van a fallar incluso. Todos tropezamos varias veces con la misma piedra.
Entonces llega un punto en el que ya no te sorprende: “otra más”. Forma parte de la personalidad de cada uno y del propio grupo.

P. Existe ese tópico de que en el País Vasco no sois especialmente graciosos, pero la cantera cómica es enorme.

R. Sí, es un tópico que no tiene mucho sentido (risas). Yo creo que hay buenos actores cómicos en todas partes. Pero sí es verdad que en Euskadi hay un nivel actoral muy alto. Muchos actores que empezaron en comedia están ahora haciendo drama y ganando premios, como Elena Irureta o José Ramón Soroiz. Yo crecí viéndolos, luego he trabajado con ellos y ahora verlos triunfar en registros tan distintos es una maravilla. Eso demuestra que no son solo actores cómicos, sino actores completos. Y ahora, con más producción en Euskadi, se está viendo ese talento también fuera.

P. ¿Qué te ha dado Madrid en lo personal?

R. Sobre todo, conocer a muchísima gente. Compañeros que se han convertido en amigos, gente de dentro y de fuera de la profesión… incluso mi pareja, que es madrileña. Al final, Madrid es un lugar donde mucha gente viene a trabajar, a crecer, y eso hace que haya una mentalidad más abierta. Yo he tenido la suerte de trabajar mucho aquí durante estos años y eso me ha permitido construir mi entorno personal.

P. Para terminar, ¿alguna recomendación cultural?

R. Sí, recomendaría Más palomas, que la vi hace poco. Me gustó mucho y creo que merece la pena.

P. ¿Habrá sexta temporada?

No sabe, no contesta (risas).

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