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'Shanzhai', la verdad china en lo 'fake'

Caja Negra cuenta en su catálogo con esta precisa y lúcida reflexión acerca de qué valor se da en el país asiático a la originalidad, concepto santo en el mundo occidental

2/01/2023 - 

VALÈNCIA. El juego mental es muy antiguo, y aún no  dispone de una respuesta definitiva: la paradoja nos obliga a pensar en un barco, el de Teseo, cuyas piezas, todas ellas, han sido sustituidas a lo largo de sus travesías a medida que se deterioraban. En tal caso: ¿el barco que salió y el que volvió a puerto, son el mismo? ¿Podemos seguir hablando de que esa nave es el barco de Teseo? Es más: si cogiésemos todas esas piezas sustituidas y con ellas montásemos un nuevo barco de Teseo, ¿cuál sería más original, el renovado, o el construido con las piezas deterioradas? Todo depende de qué entendamos por autenticidad. La paradoja, tan añeja como el mismísimo Platón, tiene incontables correspondencias en nuestro día a día. Habita allí donde se repara, arregla, o reconstruye. Una catedral con siglos de antigüedad, o una casa especialmente longeva, habrá vivido numerosas modificaciones con el paso del tiempo. Lo mismo sucede con nuestro cuerpo: las células mueren y otras células las sustituyen, de tal manera que la materia que nos compone nunca será la misma que aquella con la que levamos anclas para echarnos a la mar. ¿Podemos hablar entonces de un yo real? Somos la paradoja viviente de Teseo. Sin embargo, en Occidente profesamos un devoto culto a la originalidad. El individuo crea, firma, es autor. Hemos llegado incluso a creer que las creaciones que cambiaron la historia del arte, de la literatura, de la música, fueron arrebatos de inspiración nacidos de una mente genial, un hecho excepcional, aislado, rompedor e inesperado. Un acontecimiento intelectual™. Lo cierto es que no es así: cualquier creación humana es un nuevo eslabón en la cadena que han ido completando nuestros predecesores. Nadie es una isla, y mucho menos en lo que a crear se refiere. Todo viene de algo. Sea como sea, en nuestro mundo occidental, la autoría es esencial. La propiedad intelectual es un pilar básico en nuestro ordenamiento jurídico. Lógicamente, está muy bien que sea así. Pero todo puede verse desde otra perspectiva, y la originalidad o autenticidad no es una excepción.

El filósofo y teórico cultural coreano (aunque nacionalizado alemán) Byung-Chul Han es un habitual de estos artículos; su mirada sabe captar y entender las complejidades específicas de nuestra época, y no solo eso: también explicarlas de un modo lo suficientemente divulgativo para que sus libros no hayan quedado restringidos a un entorno académico, habiendo alcanzado muchas estanterías, en buena medida gracias a la atención de los medios. Una de sus obras se nos revela ahora especialmente actual, pese a haber sido escrita en dos mil once: Shanzhai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China (edita Caja Negra con traducción de Paula Kuffer) es una reflexión acerca de la concepción que se tiene en el país asiático de la originalidad, y del valor que se le da; una perspectiva radicalmente distinta a la nuestra, que hunde sus raíces en una forma de relacionarse con la realidad que nunca hemos llegado a comprender del todo, generalmente por arrogancia y por falta de interés. En todo caso, las razones por las que esta obra concreta ha ganado en actualidad no se circunscriben únicamente a China. Por supuesto, una de estas razones tiene que ver con la gran pujanza del gigante y con su enorme desarrollo tecnológico y científico: en ese sentido, Byung-Chul Han puede arrojar luz sobre lo poco mal que se ve allí, por ejemplo, generar réplicas de aplicaciones de competidores sin apenas disimular. Las empresas occidentales aprietan los puños ante este tipo de competencia, para nosotros, tremendamente desleal, mientras que las empresas chinas se encogen de hombros y siguen a lo suyo, últimamente, y en gran medida, innovando genuinamente (y copiándose entre ellos). Hay un libro del que ya hablamos por aquí que lo explica de un modo ameno y en detalle, Superpotencias de la inteligencia artificial, de Kai-Fu Lee, quien comandó la misión para fundar Google China.

Tal y como explica Byung-Chul Han, Shanzhai es un neologismo chino que hace referencia a la apropiación de una forma o una idea, desestimando su estatus de originalidad, pero pese a lo nuevo, no es más que otro modo de seguir experimentando una manera de entender la existencia que tiene mucho que ver con sistemas de creencias como el budismo o el taoísmo. Yendo a la esencia, importa más el camino, el proceso, que el ser. La inmutabilidad que exigen los absolutos que definen las creencias occidentales, allí tienen poco sentido. Cuenta el filósofo coreano que esto ha sido una fuente incesante de malentendidos y ofensas, como cuando el Museo de Etnología de Hamburgo canceló una exposición de los guerreros chinos de terracota al saber que eran una copia: “Desde el comienzo de la excavación arqueológica se llevó a cabo, de manera paralela, la fabricación de las réplicas de los guerreros de terracota. Junto a la excavación se abrió un taller de copias. Pero en ningún caso confeccionaban 'falsificaciones'. Para hablar con propiedad, habría que decir que los chinos estaban intentando retomar la producción, que en ningún momento fue una creación. Los propios originales formaban parte de una producción en serie con módulos, en realidad adornos móviles, que podía proseguirse siempre que estuviera a disposición la técnica de fabricación”. De hecho, China entendió la cancelación como una ofensa. Buena parte del ensayo cuenta cómo trabajaban los artistas pictóricos chinos en el pasado: para ellos, reproducir obras no era falsificar, porque si alguien lograba pintar de un modo indistinguible al de un maestro, era un maestro, y su obra tenía el mismo valor. ¿Es descabellado pensar así? No. ¿Cabe esta forma de pensar en nuestro mercado? Qué va. Según Byung-Chul Han, para China no es esto o lo otro, sino esto y lo otro, que no tiene por qué ser excluyente, como el turbocapitalismo de la mano del comunismo. La otra razón por la que Shanzhai es una obra tan vigente es por todo lo que conllevan las creaciones de las inteligencias artificiales. ¿Puede el pensamiento chino ayudarnos a no naufragar en el tsunami de las IA? ¿Les preocupa tanto como a nosotros el impacto de estas tecnologías en el esquema de lo que puede ser considerado propiedad y lo que no? ¿Cómo lo están viviendo? ¿Estará escribiendo Byung-Chul Han algo al respecto? [Por favor].

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