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Sida, de señalados a ‘VIHsibles’

El sida representa uno de los mayores avances científicos en lo referente a los antirretrovirales, pero en lo social los éxitos se traducen en fracasos con la pervivencia del estigma, el aumento de la desinformación y la falta de percepción del riesgo que apuntan a la necesidad urgente de un pacto social que haga visible el virus y sus múltiples caras   

19/11/2022 - 

VALÈNCIA. El anuncio de alquiler es una ganga. Piso céntrico, luminoso y un precio inmejorable. El aluvión de llamadas no se hace esperar. El protagonista contesta amable que «el piso es una maravilla, lo único… quería comentarte que yo tengo VIH». Se hace el silencio. «Pensaba que eso era ya de otros tiempos… tranquilo, estamos en el año 2022… eso es una cosa privada… no me importa para nada… a mí no tienes que darme explicaciones». La gran mayoría conviene en quedar al día siguiente pero el 81% de las personas que tenía intención de visitar el piso nunca volvió a llamar. «Hemos ganado en amabilidad con los años, en estigma, no tanto», dice este experimento social que se lanzó el pasado mes de junio como una iniciativa de las entidades GeSida, SEISida y CESida junto con el laboratorio ViiV Healthcare. El protagonista del anuncio es Daniel Cortez, médico especializado en VIH y salud sexual, y portador del virus.

«Me pareció importante participar en este experimento social porque visibiliza lo que pasa. Parece que el sida es cosa de otros tiempos, que no pasa nada por tener VIH, pero a la hora de la verdad, nadie quiere tener esa conversación», puntualiza. «A mí me han llegado a negar un café cuando he dicho que tengo VIH». Daniel es de los pocos sanitarios VIHsibles. El estigma y el estereotipo se ceban con perfiles determinados. Daniel pertenece a uno. Hombre gay, y con una profesión en la que la visibilidad no abunda. «No conozco muchos médicos visibles; tengo muchos colegas con VIH pero no son nada visibles. Yo siempre digo que no hay una relación natural entre una profesión, una forma de ser o el hecho de tener una orientación sexual con adquirir la infección, pero sí una falsa percepción del riesgo y de la vulnerabilidad —añade—. En cierto sentido, yo pensaba que por ser sanitario iba a estar más protegido y no fue así. Lo que había asumido son estereotipos. No me tomó por sorpresa el diagnóstico, aunque yo siempre he sido muy responsable con mi vida sexual, sino el decir ‘¡wow!, mira hasta dónde te ha llevado el no creerte susceptible’. Es uno de los aprendizajes más grandes que me ha supuesto el diagnostico».

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Al igual que Cortez, Paz Alcoverro se ha negado a ser un target más del estigma que arrastra socialmente el virus cuarenta años después. Mujer, 52 años, que vive con el VIH desde los 20. «Si me pongo etiquetas sociopolíticas, sería una mujer blanca, cis, bisexual, europea, con VIH y carga viral indetectable, de clase socioeconómica media y consciente de mis privilegios», precisa. Afincada en Baleares, Alcoverro es presidenta de la asociación ALAS desde hace un año. De profesión artista, prosigue con el autorretrato: «en la esfera de las relaciones afectivas, soy una mujer que estuve en pareja, y más tarde casada, con un hombre seronegativo (él no tenía y no tiene VIH) durante más de 20 años. Luego me separé y ahora tengo o no tengo pareja de forma intermitente, unas veces hombres, otras mujeres», comenta pausada. 

Paz ha necesitado mucho tiempo, apoyo y valentía para ser VIHsible. Razones no le faltan. A lo largo de la entrevista, surge uno de esos conceptos que a diario debe matizar. «La pregunta que me hacen muchas veces… ¿cómo adquirí la infección? Contesto: por vía de transmisión sexual de un amante que desconocía su seroestatus; ni él ni yo nos considerábamos lo que antes se llamaba ‘grupos de riesgo’. Un concepto que se ha demostrado poco eficiente para evitar infecciones. No hay grupos de riesgo sino prácticas de riesgo, y escalas de riesgo según estas prácticas, y nosotros, como casi todo el mundo, tuvimos de ellas… Y sin percepción alguna del riesgo… era el año 89-90 y se sabía muy poco». 

La pregunta en concreto rezaba: «¿cómo te contagiaste?» a lo que Paz contesta matizando nuevamente el lenguaje. «El VIH no se contagia, se transmite. Tiene que ver con las vías de transmisión. Al ser por vía sexual o por vía parenteral o vertical se habla de transmisión. Si fuera por aire, gotas, contacto, etc..., se hablaría de contagio (covid o gripe)». Suaviza la puntualización: «siempre ha habido confusión en la población entre contagio y transmisión, entre VIH y sida, etc. y muchos medios también han perpetuado esta confusión... Incluso hoy en día... Pero bueno, poco a poco». Es por ello que tanto Paz como los demás protagonistas de este reportaje inciden en que llegue el mensaje de que ‘I=I’ (Indetectable= Intransmisible). «Las personas con VIH en tratamiento y con la carga viral indetectable en sangre durante más de seis meses de forma continuada, que somos la gran mayoría, no podemos transmitir el VIH por vía sexual ni por vía vertical», relata. Si este mensaje cala, «la gente no nos tendría tanto miedo y no nos discriminaría tanto. Y nosotros nos visibilizaríamos mucho más», afirma. 

* Lea el artículo íntegramente en el número 97 (noviembre 2022) de la revista Plaza

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