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Sintra, un ventanal al Atlántico

La bella y misteriosa capital lusa del romanticismo es el balcón desde el que Portugal se asoma al Atlántico

14/07/2018 - 

VALÈNCIA.- A medio camino entre el encanto decadente de Lisboa y la inmensidad del océano Atlántico se despliega el rincón más mágico y misterioso de Portugal. El conjunto de palacios y castillos rodeados de bosques que integran el Parque Nacional de Sintra, la capital del romanticismo portugués, forma parte del Patrimonio de la Humanidad y es una excursión imprescindible desde la capital lusa, un complemento perfecto de mitos y leyendas que durante siglos fue el lugar de retiro estival de los monarcas portugueses.

Construido a mediados del siglo XIX por Fernado II (rey consorte de Portugal), sobre los restos de un antiguo monasterio de jerónimos, el Palacio da Pena es el más popular de Sintra junto a la Quinta da Regaleira. Está asentado en la cima de la colina más elevada de la población y rodeado de jardines. A medida que se asciende por las cuestas que conducen a la entrada, las torres y almenas de este palacio se revelan ante los ojos del visitante como una fantasía multicolor de eclecticismo arquitectónico. Una verdadera joya del romanticismo por la que cada año pasan más de tres millones de visitantes y que recuerda inevitablemente al Castillo de Neuschwanstein en Múnich, también conocido como el del Rey Loco.

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Tras atravesar el arco de la entrada y llegar hasta la explanada principal es inevitable fijarse en el pórtico alegórico de la creación del mundo, coronado por una figura de Tritón en piedra de aspecto amenazante. La fachada principal, chapada por completo con ladrillos decorados con motivos geométricos, contrasta con las torres y garitas pintadas de un rojo y amarillo intenso que delimitan la Terraza de la Reina, el mejor punto desde que observar en conjunto la arquitectura de este palacio de cuento.

Del recorrido por las estancias interiores destaca el claustro original del antiguo monasterio de principios del siglo XVI, que está entre lo poco que se salvó de la destrucción en el gran terremoto que agitó las entrañas de Portugal en 1755. También merece la pena detenerse en el retablo de alabastro que se conserva en la parte original de este monasterio. El resto de la visita transcurre por las diferentes estancias que utilizaron los monarcas lusos hasta Manuel II, el último rey que utilizó el Palacio da Pena hasta 1910. Además de las tallas de mobiliario o los baños, resulta curiosa la exposición de utensilios utilizados para la preparación de grandes banquetes que aún hoy se puede ver en las enormes cocinas del palacio.

Fantasía romántica

No menos interesante resulta el paseo por los jardines que rodean el palacio, especialmente el sendero que conduce hasta el Mirador de la Cruz Alta, desde donde se observa cómo el hermoso palacio parece surgir de entre la espesura del bosque que lo rodea. En la mitad oeste de la floresta se ubica el chalet y los jardines de la condesa de Edla, concebido por Fernando II como lugar de retiro con su segunda esposa. El paseo por los senderos hasta el palacio transcurre a través de un exótico paisaje compuesto por más de doscientas especies botánicas, bancos y miradores.

Si el Palacio da Pena es la fantasía romántica de Sintra, la Quinta da Regaleira es el contrapunto extravagante, inquietante y, hasta cierto punto, perturbador. El monumento compite en popularidad con el anterior, especialmente entre quienes se sienten atraídos por su pátina misteriosa. La Quinta fue la residencia que el millonario António Augusto Carvalho Monteiro mandó construir a principios del siglo pasado como una suerte de jardín del edén plagado de construcciones y símbolos vinculados a la masonería y los templarios.

El palacio y sobre todo los jardines reflejan la particular cosmovisión de su creador a partir de la tradición mítica lusa, una fusión entre la tierra y el inframundo simbolizada en los túneles y pasadizos que surcan sus jardines. El encargado de crear los particulares escenarios arquitectónicos de la Quinta da Regaleira fue el arquitecto y escenógrafo Luigi Manini, el mismo que dio forma al Teatro de La Scala. Del conjunto de estatuas, fuentes, grutas, cascadas o torres de vigilancia repartidos en la finca, el más inquietante es el pozo iniciático a modo de torre subterránea invertida de 30 metros de profundidad.

El Castelo dos Mouros es otro lugar de visita habitual en cualquier excursión a Sintra, a menudo de forma combinada con el cercano Palacio da Pena. Su posición elevada en la sierra garantiza impresionantes vistas tanto del valle que se extiende hasta el océano Atlántico como del colorido Palacio da Pena o el Palacio Nacional con sus características chimeneas cónicas. El castillo fue levantado en el siglo X tras la conquista musulmana de la Península Ibérica. Entre las ruinas que se conservan destacan los dos cinturones de murallas que delimitaban el antiguo recinto. Recorrer sus caminos de ronda, para los que hay que salvar importantes desniveles, es la mejor manera de obtener panorámicas únicas del parque natural de Sintra-Cascais. El acceso al castillo se realiza a través de un agradable paseo por el interior del bosque.

Si se dispone de más tiempo, puede adentrarse hasta el corazón del parque natural de Sintra-Cascais

Además del Palacio Nacional, situado en el centro de la pequeña población con el valor de ser la única residencia real de la Edad Media que se conserva, el otro palacio que más interés capta es el de Monserrate y sus jardines, que son considerados como una de las más bellas creaciones arquitectónicas y paisajísticas del romanticismo en Portugal. El edificio es todo un tratado de eclecticismo constructivo, con mezcla de influencias góticas, indias y mudéjares perfectamente integrada en el entorno.

En los jardines que lo rodean, distribuidos por áreas geográficas, crecen especies botánicas de todo el mundo, desde ejemplares autóctonos como acebos y alcornoques hasta yucas mexicanas o los típicos bambúes de los jardines japoneses. Si se dispone de más tiempo, puede adentrarse hasta el corazón del parque natural de Sintra-Cascais y visitar también el Convento de los Capuchinos, un convento franciscano construido en 1560 que destaca por su extrema sencillez y perfecta integración con el entorno natural pues sus muros parecen surgir directamente de la montaña.

Si viaja con su propio vehículo puede aprovechar para realizar una parada en el Palacio Nacional de Queluz y sus jardines históricos, en mitad de la ruta entre Lisboa y Sintra. Aunque inicialmente fue como vivienda de verano, la familia real lo convirtió en su lugar fijo de residencia antes del traslado de la corte a Brasil en 1807 tras la invasión de la Península Ibérica por parte de las tropas napoleónicas. El edificio se proyecta hacia los jardines de estilo francés que lo rodean, jalonados con estatuas inspiradas en la mitología clásica esculpidas en piedra o plomo. 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 45 de la revista Plaza 

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