X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información
GRUPO PLAZA

MÚSICA EN LA HUERTA

Talkin’ l’Horta: vertebrando el discurso cultural a partir de la huerta

Horta Nord Folk y Festival de l’Horta Turia, dos proyectos que utilizan la huerta desde diferentes enfoques para llegar a lugares similares

17/05/2018 - 

VALÈNCIA. Han pasado ya más de 50 años desde que Bob Dylan llegara a Nueva York y consiguiera, tras deambular de café en café, publicar su primer disco en 1962. En aquella colección homónima, la mayoría de las canciones eran adaptaciones de composiciones tradicionales o versiones -incluso versiones de versiones-. Sólo un par de temas tenían la polisémica firma de Dylan: los créditos refrendaban aquel estilo, a medio camino entre el trovador clásico y el intérprete de folk, y que el cantante elevaría exponencialmente hasta el estilo propio a partir de entonces. ‘Song to Woody’ -dedicada a la reverenciada figura de Woody Guthrie- y ‘Talkin’ New York’ eran los dos títulos propios que Dylan consiguió deslizar en aquel primer disco.

Es en ‘Talkin’ New York’ donde Dylan proyecta al Dylan del futuro, el de la lírica ladina. “Mucha gente no tiene demasiada comida en la mesa, pero tienen muchos tenedores y cuchillos y han de cortar algo”, cantaba en su primera canción. ‘Talkin’ New York’ es una radiografía costumbrista de su primera etapa en la ciudad desde la que disparó su carrera gracias al trampolín de la pujante escena folk norteamericana de los 60. “Vuelve otro día: suenas como un palurdo (hillbilly), aquí queremos cantantes de folk”, escribió en el ecuador de la canción. Esa línea encaja con la suavidad de un guante bien elegido en propuestas -más en una que en otra- que, a día de hoy, regresan a esa relación entre el espacio natural y los conciertos -y el enfoque- folk de finales de los 50 y la década de los 60.

Dos propuestas que vertebran su contenido a partir de su relación con l’horta -en su concepción tanto geográfica como conceptual- coinciden en tiempo. La nueva edición del Horta Nord Folk, del 17 al 19 de mayo en Rocafort, y la del Festival de l’Horta Turia del 20, permiten hacer un intensivo de música y desarrollo vital de enfoque folk. Herederos, con todas las comillas que hayan en la teclado, del Newport Folk Festival que, en los 60, bebió los vientos por Dylan y que, poco después, fue el inicio de su vía crucis -por el pecado original de la electrificación de su sonido-.

La férrea línea editorial del Horta Nord Folk

Por el calado de su recorrido, el Horta Nord Folk tiene todo lo necesario para ser reivindicado como una de las citas más interesantes del catálogo anual de eventos que tienen lugar en València.  No juega en la liga de los festivales. Es más, ni siquiera comparten disciplina; son el equipo de curling de los festivales valencianos. De hecho, evidencian tanto su desmarque de la burbuja de festivales que, aun siéndolo, evitan frontalmente toda mención al carácter de su evento: la ausencia tangible de la palabra que hoy le da apariencia de éxito a cualquier tipo de propuesta, incluso antes de arrancar, parece una declaración de intenciones más o menos deliberada.

Sin embargo, el Horta Nord Folk es un festival, y de los que más intensamente cumplen con las bases conceptuales del mismo: se alarga durante días, ofrece conciertos y actividades que se desarrollan bajo la misma línea temática… De hecho, la primera de las jornadas del evento que se celebra en el interior de la comarca está dedicada a actividades extramusicales. Un taller de cocina (‘Cuina Migrant', a cargo de Bostezo, Econcult y Jarit) y una charla sobre las refugiadas (con la participación de CEAR -Comisión Española de Ayuda al Refugiado-, València Acull y la asociación civil Jarit) tendrán lugar el 17 de mayo en la Casa de Cultura de Rocafort. Entrada gratuita, como el resto del festival.

El apartado musical es, sin embargo, el más sorprendente. Tanto por la entidad de los nombres que recluta, como por la idoneidad y milimétrica línea editorial de la que no se han apartado durante las siete ediciones del Horta Nord Folk. Senior i El Cor Brutal en 2012, Mara Aranda en 2014, Gener o El Petit de Cal Eril en 2016, o Maderita, Segunda Persona y Joan Miquel Oliver en la última edición en 2017, entre otros, completan la fotografía de un escenario de marcada filosofía folk a la que este año se une Alberto Montero con la presentación de las canciones de su último disco.

Alberto Montero y su Catedral Sumergida

Si bien el cartel, en lo estrictamente musical, no cuenta este año con una combinación tan bien hilada como la del año pasado, la séptima edición del Horta Nord Folk tiene el principal atractivo fijado en el estreno de las nuevas canciones de Alberto Montero. Lo cual no deja de ser, en sí misma, la mejor noticia del evento de Rocafort. Tres años después del maravilloso Arco Mediterráneo, el cantante de Port de Sagunt -adoptado en Barcelona- edita La Catedral Sumergida, un disco en el que sigue explorando los límites de la melodía, y de la magia, ambos al mismo tiempo. El de Horta Nord Folk será una de las primeras interpretaciones en directo del quinto trabajo de Montero, que echará a andar su Catedral Sumergida el 18 de mayo en el claustro de la Iglesia de Rocafort.

El apartado musical de la séptima edición de la propuesta, organizada por la Concejalía de Cultura de Rocafort, se completa con el concierto del artista namibio Elemotho. El concierto del músico africano, que presentará previsiblemente las canciones de su último disco (Beautiful World, 2017), se enmarca en la voluntad del festival de profundizar socialmente de alguna forma. La participación de Elemotho tendrá lugar el 19 de mayo en los jardines de la Casa de Cultura, y se complementará con la sesión del DJ Alex Rocks.

Festival de l’Horta Turia: modus operandi indie

Diferente es -aunque en el plano teórico comparte ciertos elementos- la propuesta que Cerveza Turia hace a través del Festival de l’Horta Turia. La sola inclusión de la palabra mágica ya es un aviso a navegantes en sí mismo. El proyecto, según su organizador, “busca recuperar el protagonismo de l’horta de València en la escena de la ciudad”. Celebrado el domingo 20 de mayo durante todo el día en la Masia Sant Antoni de Benifaió, el festival de l’Horta Turia ofrece un cartel que, si bien tira en parte de folk-pop, ofrece una perspectiva más cercana al evento festivalero -horror vacui aceptado ya por la RAE-.

Además de los talleres sobre cosmética natural o los huertos urbanos, la posibilidad adquirir diversos productos de agricultores de la zona o un espacio expositivo comisariato por Pepita Lumier, el festival -con una reconocida agencia de comunicación respaldando su desarrollo- juega a otra cosa en lo musical. Al concierto de Enric Montefusco que abrirá la jornada a mediodía, hay que añadirle los de Renaldo & Clara (de clara inspiración Dylanita), Alien Tango y los valencianos Polock y La Plata. Se trata, en esencia, de una especie de excursión al Vida Festival à la valenciana, una fulgurante versión del festival que se celebra cada año en otra masia, esta ubicada en la catalana Vilanova i la Geltrú.


Noticias relacionadas

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email