Entrevista

Teatro y danza

Ángela Verdugo celebra 20 años de La Siamesa: "El arte me ayuda a entender y digerir la realidad"

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VALÈNCIA. Que un proyecto cultural cumpla años siempre es buena noticia y si, además, viene con una 'fiesta' bajo el brazo, más. La compañía valenciana La Siamesa, una de las voces más singulares y resistentes del tejido dancístico de la Comunitat Valenciana, conmemora dos décadas de actividad con una batería de actividades con las que celebran su pasado sin dejar de fijar la mirada en el futuro. 

Un laboratorio escénico en Espai LaGranja, la edición de un libro objeto o una exposición dan forma a una serie de actos que culminan con dos funciones de MATA BAJA. Debajo del sudor hay personas, que tendrán lugar los días 20 y 21 de marzo, pieza con la que la directora y bailarina Ángela Verdugo obtuvo el Premio IVC Artes Escénicas 2024 a la Mejor Bailarina.

La representación tendrá lugar en una sala que ya es hogar para la compañía, Carme Teatre, una obra en la que la creadora vuelve a investigar en el terreno personal e íntimo para vincularlo con la colectividad y que supone el cierre de una trilogía que lleva por nombre ‘El otro paraíso’. Fundada y dirigida desde 2006 por Verdugo, La Siamesa ha construido un lenguaje propio que transita entre el cuerpo, el texto, la imagen y el sonido, dos décadas que han dado para mucho en el pasado y, también, en el futuro. 

- Se cumplen dos décadas de La Siamesa, ¿hay lugar para la nostalgia?

- Nostalgia no, había una necesidad de poner un punto y aparte. Hemos llegado a veinte años, da como para pararse y mirar hacia atrás. Da más gusto que nostalgia.

- Este tipo de efemérides nos lleva de manera natural a hacer un balance, ¿qué fotografía le viene cuando piensa en estos veinte años?

- Me ha dado tiempo A pensarlo en estos meses porque llevamos mucho tiempo revisando los materiales, las primeras piezas y los procesos. Hay una sensación de cariño y orgullo. Por mi parte y también por la de mis compañeros, se siente como un reconocimiento por parte de la profesión. 

- Además, en proyectos culturales los años, como los de los perros, parece que cuentan más.

- En esta profesión es toda una vida [ríe]

- Una parte de la celebración y de esa revisión de la que me hablaba se materializará en un libro. 

- Más que como un libro de revisión de esos 20 años, lo hemos enfocado como un libro objeto. No podemos evitar pensar en cada una de las piezas que hacemos, sea de escena, libro o despliegue de materiales, como una obra independiente, aunque estén vinculadas todas ellas. Hemos construido un soporte que es un libro pero va mucho más allá. Tiene los tres textos de la trilogía, con lo que se cierra una etapa, pero también una parte de contexto de la evolución de la compañía y de la Comunitat Valenciana, de la generación a la que pertenecemos y por dónde hemos transitado. Además hay una mirada desde la crítica y una mirada más filosófica. Lo hemos cuidado mucho. 

- La celebración también llega con nuevos pases de MATA BAJA. Debajo del sudor hay personas, en Carme Teatre, una pieza que no habla de pasado sino que mira al futuro. 

- Es la conjunción perfecta, ese mirada pasada y futura a la vez para anclarte cada vez más fuerte al presente, sobre todo en el presente tan incierto y tan convulso que tenemos. Creo que esa mirada constante atrás y adelante nos ayuda a situarnos muchísimo y a entender por qué hacemos las cosas y qué tiene valor realmente. Vamos tan rápido que muchas veces lo que importa se nos olvida.

-La pieza habla del futuro desde lo íntimo, con esa relación entre madre e hija, pero también del propio escenario global. 

- En la primera pieza de la trilogía, A-NORMAL o la oveja errante, ya percibimos que somos seres narrativos. Ese vivir la historia a través del otro nos ayuda a entendernos a nosotros. Entonces, aunque sea una conversación entre madre e hija sobre los problemas que vemos pensando a futuro, somos conscientes de que ese diálogo íntimo es un diálogo común, todos nos enfrentamos a retos como el cambio climático o las crisis sociales. Nos gusta pensar que eso transciende y hace que el público reflexione sobre esas cuestiones. Nosotros montamos las piezas intentando que se abran diálogos. Lo que nos interesa es hablar de un tema, no decir cuál es la salida, sino preguntarnos sobre ese tema con el público, que se genere una reflexión conjunta.

- Con esta trilogía abrió una nueva línea de trabajo basada en la autoficción, ¿qué dificultades entraña leerse a uno mismo como objeto artístico?

- Para mí es algo placentero. Había una cosa a nivel creativo que yo siempre me preguntaba y es que cuando tú estás construyendo una obra sobre el tema que sea, no siendo algo tuyo, parece que tu vida personal está aparte cuando en realidad tu vida personal influye en cómo estás trabajando. Meter la vida personal en el trabajo te permite verlo desde otros lugares. Además, tengo un aliado maravilloso que es Xavi Puchades que me ayuda a coger distancia. También es verdad saber que el que está escuchando no sabe qué es ficción y qué es realidad te da un seguro. Es divertido. 

- Por Mata Baja recibió el Premio IVC a las Artes Escénicas 2024 a la Mejor Bailarina, ¿qué papel ocupan estos reconocimientos?

- Un reconocimiento siempre es agradable, como compañía, además, son un altavoz. A nivel de esfuerzo, de trabajo, produce placer que te digan que lo has hecho bien. Pero yo siempre he pensado, y lo tengo muy en mente, que los premios son siempre injustos porque hay mucha gente premiable y no hay premios para todos. Es agradable pero es importante no perder de vista que hay mucha más gente buena. 

- La he leído decir que “descubrir las artes fue una válvula de escape”, ¿cómo fueron esos primeros contactos?

- Descubrí la danza muy pronto, con cinco añitos me metieron en clases de ballet. Mi madre siempre dice que yo era la que pinchaba porque llegábamos tarde y que estaba todo el día viendo vídeos. Encontré una manera de canalizar cosas que no podía canalizar de otra manera, me ayudaba a entender el mundo. De hecho, a mí me encanta, por ejemplo, mirar la historia a través de la historia del arte, cómo esos artistas que han vivido en distintos contextos han dejado una explicación de su tiempo. A mí me ayuda a entender la realidad y a digerirla. Las veces que me he intentado alejar me ha sentado fatal. Entonces, acepté que soy de alguna manera adicta [ríe].

- Como espectadora, ¿qué le emociona o que busca en las artes?

- Me engancha mucho cuando un artista tiene una visión particular de algo, cuando ves una mirada personal. Si es una mirada generalizada o una estructura muy formal me deja fría, pero cuando una mirada personal me parece bello, valiente y rico. Si nos contáramos mucho más los unos a los otros cómo vemos las cosas, sería una conversación mucho más franca y llegaríamos a más sitios.

- En ese primer acercamiento a las artes también fue importante la música punk. 

- Me llegó de una forma muy natural y muy cercana. Vengo de un pueblo y de una familia de clase obrera, en la que mis hermanos se hicieron punks, entonces yo iba a clases de danza y luego en casa me ponían su música. Estaba en contacto con las dos cosas a la vez. En un principio sí que había un rechazo, pero poco a poco me fui dando cuenta que todos los tipos de manifestaciones culturales tienen una riqueza y aportan una visión y tienen un porqué. Nunca he distinguido entre alta y baja cultura. A mí me gustan todas y creo que todas te ayudan a entender el mundo, porque cada expresión cultural hace referencia también a una manera de habitar el mundo. Del punk me gusta mucho no lo destructivo, sino que cuestiona constantemente lo establecido. Eso es algo que debemos tener siempre presente. De hecho, en Santa Cultura hablamos del pensamiento punk como el pensamiento de los filósofos, el pensamiento que cuestiona, que analiza y que hace avanzar.

- ¿Cómo era el contexto en el que nace la compañía y cómo ha cambiado? 

- Hay una cosa que comentamos varias veces entre los compañeros de la profesión y es que los ciclos políticos cambian y nosotros seguimos ahí. Una de las cosas que nos llamó la atención cuando empezamos a analizar estos años con Santiago Ribelles, que es quien se ha encargado de la parte de análisis del libro, es que somos lo que llamamos la generación de entre crisis. Cuando empezábamos supuestamente a arrancar en el mercado laboral llegó la crisis del 2008, levantamos la cabeza y vino el COVID... yo siempre digo que somos la generación 'submergente' porque nadamos mariposa, cogemos aire y luego buceamos.

- Además, como presidenta que fue de la APDCV (Asociación de Profesionales de la Danza de la Comunidad Valenciana), tiene una visión muy cercana del sector.

- Una de las cosas que ha evolucionado para muy bien en el sector es que cuando yo empecé, en 2006, había una sensación de camaradería pero más competitiva. Las sucesivas crisis, aunque el motivo no sea agradable, sí ha hecho que una gran parte del sector funcione de una manera más cooperativa. Me acerqué a la asociación intentando entender por qué funcionaban las cosas como funcionaban mientras pasaban gobiernos. Estar ahí dentro, negociando con ellos y proponiendo, ayuda a ver el mecanismo de las cosas, te hace más paciente muchas veces y más impaciente en otras. Me produce muchísimo placer cuando conseguí algún tipo de mejora para la profesión. Si todos tuviéramos ese pequeñito grano de arena de empujar de vez en cuando por todos, nos iría mucho mejor.

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