Entrevista

Teatro y danza

Lolita: "Te vistas como te vistas, la pena es la pena, ya vayas de negro o de amarillo"

La actriz y cantante se metamorfosea en el Teatro Olympia en la criada de Bernarda Alba, Poncia, para un monólogo donde aborda el suicidio, la culpa, la educación y el sexo

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VALÈNCIA. La primera vez que Lolita supo de la trágica historia de las hijas de Bernarda Alba fue de boca de su madre, que estaba en las antípodas de la progenitora castrante y estricta del clásico de Lorca. A Lola Flores, pura vida y huracán, José Carlos Plaza le ofreció el papel de la criada de aquella casa sombría que hedía a hormonas y muerte en vida para una nueva versión encomendado por el director del Teatro Español, Miguel Narros. Otros compromisos profesionales hicieron declinar a la Fararona. Ahora, al dramaturgo y director de escena Luis Luque cierra el círculo y ha brindado el rol residual a aquella preadolescente de 12 años de escucha atenta, pero elevado a protagonista en un monólogo donde rinde cuentas con los modos tiránicos y represores de la sociedad española en los años treinta y de cualquier coerción de la libertad femenina en el presente. La obra está programada en el Teatro Olympia del 26 al 29 de marzo a escasas dos semanas de otra mirada a la obra cumbre, esta vez coreográfica, por parte de Taiat Dansa en Les Arts.

- ¿De qué manera te enrabieta en lo personal esta obra cuando formas parte de una gran familia donde las mujeres han sido muy libres? 

- Esta obra me ha interesado precisamente porque reivindica la libertad de la mujer y sobre todo, que la letra con sangre no entra. Esos ocho años que lleva la casa de Bernarda Alba con cinco mujeres encerradas a calicanto, sin ver el sol, es una injusticia. 

- ¿Cómo resuena hoy día el experimento de privar de libertad a cinco mujeres en un espacio cerrado?

- Bueno, es una obra de teatro, al fin y al cabo. Luego, Lolita tiene sus maneras de pensar que no son las de Bernarda Alba y están más cerca de las de Poncia, que es la que la que habla de justicia, de amar a quien quieras y a quien desees siempre sin hacer daño. De poner, en suma, un poco los puntos sobre las íes. 

- Después del “¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!”, Poncia contrapone un largo soliloquio. ¿En qué os inspiráis para sus palabras? 

- No te puedo hacer un spoiler, lo único que te puedo adelantar es que mi obra de teatro, la de Luis Duque, empieza en el momento en que muere Adela, que es donde termina la obra de Federico. De ahí para adelante, hay una serie de conversaciones que Poncia tiene consigo misma, con Martirio, con Bernarda… Poncia habla con todas ellas verificando y haciendo justicia con cosas que no la tienen.

- ¿Cómo se dialoga con sombras y fantasmas estando sola sobre el escenario? 

- Como reto actoral me encuentro muy cómoda. Me está dando muchísimas satisfacciones. 

- De hecho, vuelves a coincidir con Luis Duque después de otra colaboración en otro mónologo, el de Fedra. Vaya desgarros te procura este señor, ¿para cuándo una comedia?

- Bueno, también he hecho Prefiero que seamos amigos, La asamblea de las mujeres, Sofocos, que han sido comedias. Tienes épocas, ahora mismo estoy haciendo dramas, como también lo fue La plaza del diamante, pero  nunca se sabe lo que me puede deparar el destino. 

- ¿Cómo pesa en una actuación vestir de negro?

- Yo me visto de negro muchas veces para la calle. Es un color que me gusta. En este caso es que en la casa de Bernarda Alba tuvieron ocho años de luto, así que todas vamos de negro. Es un color que ayuda a entender a esta mujer. En aquella época, en el año 35, eso se estilaba, sobre todo en la Andalucía profunda. No obstante, aunque Poncia estuviese vestida de verde, todo lo que dice por su boca es lo mismo.

- Luis Luque y tú habéis imaginado que sucede después de la muerte de Adela. ¿Crees que el público le motivará más este montaje por dinámica de secuelas y precuelas en la ficción audiovisual? 

- La verdad es que todas esas cosas no las pienso. Yo tengo una obra de teatro en mis manos, salgo a hacer mi trabajo y a la gente le gusta, pero no voy más de allá. Si sales al escenario y estás pensando en otras cosas, malo. La mente la tienes que dejar en lo que estás. Y en este momento Lolita Flores en cuanto le dicen "Empezamos", es Poncia, y cuando termina, sigue siendo Lolita Flores. Pero yo no pienso en otra cosa que en que estoy diciendo un texto de alguien a quien admiro muchísimo, que es Federico García Lorca, escrito por alguien a quien y admiro mucho, que es Luis.

- ¿Tenemos una cuenta pendiente con el duelo en nuestra cultura? 

- A diferencia de casos como el de México, por ejemplo, donde se celebra la muerte. Es la educación que nos han dado nuestros abuelos, nuestros padres. Aunque ya la gente ve la muerte con otros ojos y el luto se lleva dentro. No hace falta vestirse completamente de negro para mostrar una pena. Creo que es más una cuestión de respeto hacia la persona que se ha ido, o por la misma tristeza no te apetece vestirte de coloraó. Pero como te digo, es por el sentimiento, no por una imposición. Aún así todavía imagino que habrá gente que si se muere alguien y te ven vestida de verde o de rojo, a lo mejor te miran un poco de soslayo. Aunque yo creo que el luto se lleva dentro, te vistas como te vistas, la pena es la pena, ya vayas de negro o de amarillo que, por cierto, no da mala suerte. Para nada. 

– Esta obra habla de género, pero también de clase. ¿Cómo te atraviesan estas dos fuerzas que tiran de Poncia?

- No sé lo que te contarán otros actores, otras actrices, pero yo no soy Poncia. Yo tengo una vida, tengo una manera de pensar que me quedo para mí. Es decir, Poncia es una mujer que habla de todo tipo de cosas: de la diferencia de clases, de las injusticias, pero eso es algo que dice ella. Yo puedo estar más o menos de acuerdo con ella. En algunas cosas sí. En otras no, porque aunque Luis Luque lo haya modernizado, fue escrito hace muchos años, en el 35, y eso que pasaba en esta época, espero que no siga pasando todavía. Me dolería mucho pensar que vamos para atrás y no para adelante.

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