VALÈNCIA. Jornada Cósmica es un programa matinal que tendrá lugar el 27 de junio en La Mutant de València como cierre del programa anual ‘Constelaciones y asterismos’, en su tercera y última edición.
El programa empezará a las 10.30 h. y se extenderá hasta las 14 h. En primer lugar habrá un paseo por los alrededores del centro municipal de artes vivas guiado por la luz del sol. A continuación, un masaje que ayudará a los y las participantes a entender la visión, el movimiento y el tacto desde otras perspectivas.
La jornada proseguirá con una práctica de dibujo y, por último, se cerrará con un concierto a cargo de Raquel Cruces y Campaneras, titulado ‘Cantares como soles’. Se trata de cantos que han guiado a nuestras abuelas en el tránsito y dibujo de los círculos solares por nuestras tierras desde tiempos remotos.
Un colectivo volcado en la transformación social y personal
Taller Placer es un colectivo artístico formado por Vicente Arlandis y la actriz Paula Miralles. Desde esta plataforma promueven el uso y la creación de prácticas de diferentes tipos que sean en sí mismas críticas y que puedan ser utilizadas como herramientas de transformación social y personal.
Sus propuestas se desarrollan en varias líneas: proyectos de investigación, trabajos de creación artística, talleres de formación, programación de artes vivas, mediación artística y otras actividades que son una excusa para estar juntas y tratar de construir formas de vida más llenas y placenteras.
Han colaborado con instituciones como Condeduque Madrid, MediaLab Prado, La Mutant, IVAM y Museo Reina Sofía, y han desarrollado proyectos seleccionados en convocatorias públicas.
Taller Placer empezó ‘Constelaciones y asterismos hace tres años a partir de una pregunta aparentemente sencilla y que resultó no tener fondo: ¿qué es la luz?
“La hicimos en plena complicidad con La Mutant, sin saber muy bien hacia dónde nos iba a llevar, y la verdad es que todavía no hemos terminado de responderla. Pero por el camino hemos aprendido a hacer otra cosa, quizás más importante: a convertir la pregunta misma en una excusa para estar juntes”.
La génesis de un viaje de tres años
‘Constelaciones y Asterismos’ nació como un ciclo de arte y pensamiento comunitario. Pero en lugar de un programa de actividades que cumplir, en la práctica ha sido un ensayo abierto.
“Ha sido un espacio donde hemos compartido preguntas y aprendizajes con astrofísicas, espeleólogos, personas con diversidad visual, músicos, dibujantes. Gente que sabe del cielo de maneras muy distintas a la nuestra, y que nos ha ido prestando sus formas de mirar”, enumeran Arlandis y Miralles.
En un principio lo pensaron como una excusa para hablar de astrofísica desde el cuerpo y la práctica artística, tomando como horizonte el tiempo entre dos eclipses solares totales, el de abril de 2024 en Norteamérica y el que veremos este agosto desde la Península Ibérica.
“Un eclipse es un acontecimiento extraño: ocurre exactamente cuando la ciencia dice que va a ocurrir, y sin embargo, cuando pasa, sentimos que algo se rompe, que el mundo se desordena por un instante -describen los integrantes de Taller Placer-. Nos pareció el pretexto perfecto para investigar algo que nos obsesiona desde hace tiempo: cómo el cuerpo puede participar de fenómenos que nos superan completamente en escala, en tiempo, en comprensión”.
Crónica de luces y sombras
La primera edición les llevó hacia arriba. Organizaron una conferencia-performance con la astrofísica Isabel Cordero Carrión que coincidió con el eclipse de 2024, y una excursión nocturna a Aras de los Olmos para mirar las estrellas en grupo, “sin más pretensión que estar ahí, observando”.
De aquel primer impulso nació ‘Corrimiento al rojo’, la primera pieza de la trilogía. El espectáculo se estrenó en el Festival IDEM de La Casa Encendida y también se presentó en el TEM.
La segunda edición les llevó hacia abajo. Después de un año mirando al cielo, sintieron que necesitaban invertir la dirección y bajaron a una cueva, en Montán, para experimentar la oscuridad radical en grupo.
“Lo subterráneo, descubrimos, es como el universo pero en disminución: igual de vasto, igual de desconocido, igual de capaz de descolocarnos”, describen.
En paralelo, un grupo de 25 personas se reunió durante meses para leer juntas el ensayo ‘Eclipse total’ de Annie Dillard. Aquella lectura fue solo el punto de partida de algo mucho más amplio. Entre otras cosas, construyeron colectivamente una ficción donde imaginaban que el eclipse no era solo un fenómeno astronómico pasajero, sino el final de un mundo tal y como lo conocíamos, y al mismo tiempo la aparición de uno nuevo, renovado tras el desastre.
“Jugar con esa idea —el eclipse como apocalipsis íntimo y como origen— nos permitió pensar la oscuridad no solo como ausencia, sino como umbral: el lugar donde algo termina para que otra cosa pueda empezar”, concretan.
Aquella edición cerró con un concierto de Enrique del Castillo y su umbráfono, un instrumento que él mismo ha construido y que literalmente hace música con la luz, ya que el haz pasa a través de unas películas en las que dibuja patrones, y esos patrones, leídos ópticamente, se convierten en sonido.
“Cuando lo escuchamos por primera vez pensamos que era exactamente la imagen que llevábamos meses buscando sin saberlo”, valoran los creadores.
Punto y aparte
La tercera y última edición, la que se cierra este próximo sábado, ha sido probablemente, consideran, “la más honda”.
“Nos propusimos un ejercicio de videncia, entendida no como la capacidad de ver, sino como la capacidad de percibir lo que no se muestra”, explican.
Así, un grupo de dibujo se estuvo reuniendo cada mes frente al mismo paisaje, detrás de La Mutant, para explorar la luz a través del gesto manual. “Se trataba de dibujar como una forma de ver con las manos, como si en cada yema de los dedos hubiera un ojo”.
Del mismo modo, activaron los materiales del ensayo de Marta Azparren sobre la ceguera física y simbólica frente a la sobreexposición de imágenes que padecemos, ‘Cine ciego’.
Así mismo, también visitaron la sede de la ONCE en Valencia, donde pasaron una tarde entera escuchando a personas con diversidad visual hablarles de cómo construyen una imagen sin imagen, de qué es el cine o el teatro cuando no hay vista de por medio.
“Salimos de ahí con la cabeza completamente reorganizada -comparten Arlandis y Miralles-. Fue precisamente en aquella conversación cuando nos dimos cuenta de algo que se nos había pasado por alto durante años usando la palabra con total naturalidad: que vidente no designa solo a quien ve, sino también a quien ve lo que no se ve”.
En mayo, como culminación de todo este recorrido, Taller Placer introdujeron un rayo de sol en el interior de la Cova Fosca, en Ondara, que condujeron con un sistema de espejos a través de un desnivel de mas de 50 metros hasta hacerlo aparecer por la boca opuesta de la cueva.
“Fueron solo unos instantes, unas fulguraciones, pero ahí estaba: la luz llegando a donde nunca llega, sin transformar nada de forma permanente, solo activando el espacio por un instante y luego desapareciendo”, han detallado.
Esa imagen le ha dado nombre a la tercera pieza de su trilogía sobre luz y oscuridad, en la que están trabajando ahora, ‘Rayo Audaz’.
El 27 de junio cerrarán estos tres años con un acto que no quieren que sea despedida solemne, sino más bien lo contrario, una mañana de verano, en torno al solsticio, para compartir todo lo que han ido encontrando por el camino con quienes les han acompañado: “Queremos que sea, sobre todo, una invitación a recibir el verano de otra manera: desde el cuerpo, desde la pausa, desde otras formas de experimentar la luz, el sol y el tiempo que no sean las que tenemos automatizadas”.
Les acompañará también el grupo de dibujo, mostrando lo que ha producido durante estos meses.
“Si hay algo que estos tres años nos han enseñado es que la luz —y la oscuridad, que es su otra cara— no son solo fenómenos que observamos desde fuera. Son materia que nos atraviesa, que nos constituye, que se puede tocar incluso cuando creemos que solo se puede mirar”, concluyen.