Ricardo Nogués: "El personal de sala en los teatros somos los guardianes del silencio"

Teatro y danza

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VALÈNCIA. Durante casi un cuarto de siglo, Ricardo Nogués ha sido una presencia indispensable pero deliberadamente invisible en los teatros públicos del Institut Valencià de Cultura. Junto a Loles, Javier, Damián, Raúl, Manu, Ana, Teo y otros compañeros y compañeras del personal de sala, representa la memoria viva de la escena local. Su oficio, insustituible, pero escasamente detallado, consiste en trabajar como una piña para que todo funcione sin ser vistos, con el objetivo de garantizar la seguridad del público y el respeto al escenario.

En todo su tiempo de dedicación, tras las bambalinas del Principal, del Rialto, del Teatro Romano de Sagunto y de los desaparecidos L’Altre Espai y La Nau, Nogués ha vivido en primera persona anécdotas que son ahora chascarrillos, situaciones de emergencia y momentos privados de directores de escena y elencos que darían para escribir un libro que nunca publicará, fiel a la discreción que exige su profesión. 

- ¿Qué significado tienen las artes escénicas en tu vida?

- Al principio era un trabajo, pero a día de hoy, casi después de un cuarto de siglo trabajando en los teatros públicos valencianos, se ha ido convirtiendo en mucho más que eso. He vivido muchísimas cosas, he visto pasar a muchos artistas y también, cómo no, a muchísimos espectadores. Está claro que no estoy encima del escenario, pero siento que formo parte de él de una manera más discreta. Junto a mis compañeros somos responsables de todo lo que ocurre para que una función pueda salir adelante.

- ¿Cómo empezaste a trabajar como personal de sala?

- Empecé más por oportunidad profesional y casualidad que por vocación, a través de unas oposiciones. Entré con ilusión, por supuesto, pero realmente,  no sabía todo lo que significaba. La vocación se ha ido construyendo con el tiempo, cuando fui conociendo los teatros desde dentro y lo que puede ocurrir alrededor de una función.

- ¿Te has subido alguna vez a un escenario? 

- Para ayudar a los compañeros, subiendo sillas, o para entregar un ramo de flores en el estreno a algún artista.

- ¿Y como actor?

- No, pero me llama la atención. Después de ver tantas funciones y estar en el mundillo, vas aprendiendo cositas. No lo descartaría, pero después de hacer algún curso o recibir formación para coger un poco de nivel y perder el miedo escénico.

- ¿Qué sientes cuando miras el patio de butacas desde el escenario?

- Impacta mucho ver a todo el público frente a ti.

- ¿Cómo ha cambiado tu trabajo con el tiempo?

- Muchísimo, tanto como sociedad como a nivel tecnológico. Cuando yo empecé todo era más analógico, y ahora estamos más acostumbrados al uso de lectores digitales, códigos y sistemas informáticos. También han cambiado los protocolos de seguridad. Hoy estamos más preparados y tenemos más procedimientos para saber cómo actuar ante cualquier situación. Lo curioso de todo esto es que la parte humana sigue siendo exactamente la misma. Si un espectador tiene un problema, necesita una persona que le atienda.

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- ¿Te toca llamar la atención a menudo a personas que consultan o les suena el móvil durante la función?

- Hay algunos despistadillos, pocos, que miran la hora o se olvidan de quitarle la voz o ponerlo en modo avión. Pero, bueno, nosotros somos los guardianes del silencio y estamos ahí para ir a avisarles y que se cumpla el respeto a la función.

- ¿En alguna ocasión has vivido un momento tenso por esa circunstancia?

- Hay de todo tipo. Uno se puede encontrar desde una discusión por una localidad hasta situaciones muchas más serias como una persona que sufre un infarto o un brote psicótico, que nos ha pasado. Son momentos en los que tienes que mantener la calma, transmitir tranquilidad y actuar según el protocolo. Ahí es cuando te das cuenta de que el personal tiene una responsabilidad que va mucho más allá de ser portero o acomodar al público. 

- ¿Alguno divertido para restarle seriedad a esta entrevista?

- Recuerdo a un señor que se quedó completamente dormido durante la función. Estaba frito.  Cuando terminó. la gente empezó a salir y él seguía tan tranquilo en su butaca. Tuvimos que acercarnos a despertarlo. El pobre abrió los ojos un poco desorientado y nos preguntó si todavía quedaba mucho de función. Se había dormido tan profundamente que para él no había pasado el tiempo.

- ¿Eres espectador de otros teatros?

- Voy de vez en cuando, pero menos de lo que me gustaría, porque las funciones se representan cuando nosotros estamos trabajando. 

- ¿Han cambiado mucho el Principal y el Rialto con los años?

- Son espacios con mucha historia y con un público muy diferente, que han ido adaptándose también a a la sociedad, pero principalmente, ha habido reformas en el Rialto, que se ha adaptado a las personas con movilidad reducida. 

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- ¿Llegaste a trabajar en L’Altre Espai?

- Cuando lo dirigía Natalia de Ancos. Era otro concepto de espacio y una manera de trabajar diferente. A mí me gustaba, precisamente, por eso. Cada teatro tenía su público, su rollo y sus particularidades. L’Altre Espai era alternativo, underground. Allí hacíamos de todo, desde tareas administrativas hasta participar en reuniones de la comunidad de vecinos, porque el teatro estaba en un bajo de una finca y hubo humedades. Fue una experiencia más holística. Estaba muy chulo, la verdad. 

- ¿Qué me dices de la experiencia en festivales?

- Son experiencias muy diferentes a trabajar en las temporadas del Principal y el Rialto. En los festivales hay mucho movimiento, mucho trajín de compañías y de artistas, públicos diferentes y situaciones que has de resolver sobre la marcha. Es muy divertido. Dansa Valencia siempre me ha parecido muy dinámico, y Sagunt a escena tiene el atractivo de trabajar al aire libre en un espacio muy especial, porque es milenario, el Teatro Romano.

- Todos los teatros con solera tienen sus fantasmas. ¿Nos compartes alguna leyenda?

- En el segundo piso del Principal ha habido compañeras que notaban presencias, decían que se abrían y se cerraban las taquillas. También había un vigilante de seguridad que hacía las rondas por la noche y según nos contaba había conseguido grabar psicofonías en el edificio. Yo no soy especialmente creyente en estas cosas, seguro que muchas tendrán una explicación, pero en un teatro tan antiguo, con toda la historia que tienen sus paredes y la gente que ha pasado por allí, es inevitable que se creen leyendas.

- ¿Qué hay de las supersticiones?¿Tienes vetado el amarillo en tu vestuario?

- Eso es un clásico en el teatro. Nosotros siempre vamos de negro o de azul marino.

- ¿Algún espectador o espectadora a quien le guardes cariño?

- El gato Remigio del Teatro Romano de Sagunto. Le pusieron ese nombre los guardias de seguridad, que llevan mucho tiempo, Rafa, José y Raquel. Durante un espectáculo de El brujo, Remigio, que era el amo y dueño del teatro, se subió al escenario y se paseó por allí, delante de todo el público, pero El Brujo, como es tan buen actor y profesional, lo incluyó en su monólogo. Fue tremendamente divertido. 

- ¿Cómo inicias a los nuevos compañeros y compañeras en este trabajo?

- Nos llevamos todos muy bien. Los arropamos, los formamos, les explicamos todo lo que debe saber un personal de sala. Hay muy buen rollo entre nosotros, porque esto es como un equipo de fútbol o de baloncesto. Todos estamos compinchados. Muchas veces no hace falta hablar, con un gesto sabemos que algo pasa en una fila.

- A menudo el público solo ve a la persona que pide la entrada y enseña el asiento, pero ¿cuáles son las funciones invisibles del personal de sala durante una función?

- El público nos ve cuando entra, pero nuestro trabajo también continúa cuando se sienta y en el desalojo, porque todavía toca revisar la sala y dejarlo todo preparado para el día siguiente o la siguiente función, si hay doblete. 

- ¿Cuál es el trabajo real antes de abrir puertas y después de que se apaguen las luces?

- Hay bastante más de lo que parece. Antes de empezar tenemos que estar pendientes de que todo esté preparado, tanto la climatización como que haya programas, los accesos, las necesidades de la compañía, y durante la función, no te sientas a descansar, sino que estás pendientes del público, porque es posible que alguien se encuentre mal o que una salida esté bloqueada, cualquier incidencia.

Hay que conseguir que la función se pueda desarrollar sin interrupciones, ni móvil que suene ni una persona que hable ni una puerta que se abra en un mal momento. Son pequeños detalles, pero pueden romper la concentración tanto de los artistas como del público. 

- Hablando de revisión de la sala, ¿algún objeto perdido inesperado?

- Además de los clásicos, como paraguas, sonotones y teléfonos, una caja de preservativos, la medicación de una señora y un aparato para la apnea, con funda y todo. 

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- El personal de sala es clave en la evacuación y la emergencia. ¿Ha habido algún momento de peligro personal real?

- Una mañana en el Rialto se pegó fuego una torre eléctrica en el edificio de al lado. Tuve que evacuar el edificio

-  ¿Qué calidad o habilidad consideras imprescindible para tu oficio?

- La paciencia y saber tratar con la gente, pero también es fundamental la rapidez psicológica, porque has de darte cuenta rápidamente de lo que está pasando y reaccionar. No es lo mismo una persona que está perdida de una enfadada u otra nerviosa, alguien que no encuentra su butaca o alguien que se encuentra mal. Muchas veces tenemos unos segundos para decidir qué decir y cómo actuar. Y eso se aprende con la experiencia. Todo pasa por observar, entender la situación y reaccionar sin perder la calma. En este trabajo hay que estar con los cinco sentidos.

- ¿Cuál es tu truco para tratar con un espectador insatisfecho sin que afecte a la atmósfera de la función?

- Si una persona está enfadada y empiezas a a discutir con ella, tienes a dos personas enfadadas. Eso es ley. Así que hay sacarla de la sala, intentar escucharla, entender qué ha pasado, y buscar una solución. Y si no se puede solucionar, al menos explicarle el porqué.

- ¿Tienes algún rincón favorito en edificios con tanta historia como el Principal o el Rialto?

- El gallinero del Principal antes de que empiece la función: esa mirada desde arriba, cuando todo está preparado pero todavía está cerrado, es una pasada. Ves el espacio desde otra perspectiva. Es una visión guapísima. En el Rialto sería la parte de la calle Moratín, porque estás detrás del escenario, con luz natural y vistas a la calle. Sabes que al otro lado empieza el espectáculo y tú te encuentras en un edificio precioso, art déco, en una zona a la que no tiene acceso el público, solo los trabajadores.

- Has estado presente en un sinfín de estrenos del teatro público valenciano. ¿Qué producción te impactó tanto que no te ha abandonado?

- Ubú Rey en La Nave de los antiguos Altos Hornos de Sagunto. Después de tantos años he visto muchísimas obras, pero esa permanece en mi memoria. Era un entorno muy especial, industrial, con la nave semirreformada, se usaron motos en la función... Fue muy chulo.

- En la sala o en los pasillos habrás coincidido con grandes artistas, tanto locales como nacionales e internacionales. ¿Hay alguna figura de la que tengas un buen recuerdo por su trato con el personal del teatro?

- Tengo un recuerdo especialmente grato de Concha Velasco, de Pepe Viyuela y de Constantino Romero por su cercanía y su buen trato. Tres personas espectaculares, muy humanas. Más allá de la fama, lo que recuerdas es el saludo, la conversación.

- ¿Y al revés: alguno con el que te llevaras una decepción?

- A lo largo de los años te encuentras con personas que tienen un ego un poco desmedido, pero es un porcentaje muy bajo. Y curiosamente, más que tener problemas con el personal de sala, yo lo que he visto alguna vez es una actitud desagradable con el público, que les estaba esperando para saludarles o hacerse una foto con ellos. No obstante, en su mayoría, los artistas con los que he coincidido han tenido un trato correctísimo y han sido muy graciosos y muy cercanos.

- ¿Se puede apreciar una función en el pasillo o desde el fondo de la sala?

- Trabajando, evidentemente, no puedes apreciarla como un espectador, porque has de estar pendiente de la sala y de lo que pueda ocurrir, pero vas viendo y escuchando cosas. Incluso hay veces que te paras unos segundos o un minuto porque lo que está ocurriendo en el escenario te llama muchísimo la atención. Al final acabas viendo los espectáculos, pero digamos que de una manera diferente.

- ¿Has llegado a aprenderte algún texto por trabajar en varias funciones de una misma obra?

- En L’Altre Espai me pasaba. Allí las veíamos sentados en un lateral y era capaz de darme cuenta de si habían dicho frases que en la anterior función no habían incluido. Cuando ves un montaje 15 días seguidos, notas cuando algo cambia. Es interesante, es bonito.

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