VALÈNCIA. La semana de la artista y dramaturga Rosángeles Valls empezaba como otra más en este mes de septiembre. El lunes fue un día de ensayos para poner todo a punto para dar vida a la pieza El llibre de la selva, inicio de temporada del Escalante en el Teatre Principal. Junto a la compañía Yapadú, Valls se preparaba para ultimar todo de cara a una semana de entradas vendidas. El martes llegó la frustración. Esa misma mañana, Marylène Albentosa, directora y coordinadora artística del Escalante, informó a Valls y a su equipo que la pieza no podría verse, el Teatre Principal cerraba sus puertas ‘sine die’ ante el mal estado del inmueble.
La noticia ha puesto en el foco la frágil salud de las artes escénicas valencianas, que han perdido uno de sus hogares la misma semana que se presentaba la programación del Institut Valencià de Cultura. Esta entrevista, que estaba programada antes de la cancelación del espectáculo y el cierre del teatro, se reformula para hablar del tema de la semana. “¿Ya no vamos a hablar de El llibre de la selva, no?” pregunta Rosángeles preocupada al otro lado del teléfono, “es que necesitamos que nos programen, porque es una pieza en la que hemos puesto mucho cariño y ahora, hasta diciembre -mes en el que reubican el espectáculo en el Martín i Soler- no se va a poder ver. Estos tres meses pueden matar el espectáculo por completo”.
Con pena y tras acudir a la manifestación por el cierre del teatro, la dramaturga se presta a una conversación sobre lo ocurrido y sobre su espectáculo, con la intención de mostrarse tal y como es: “Una mujer reivindicativa y una artista”.

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- Foto: DANIEL GARCÍA-SALA
-¿Cómo se siente al ser la primera afectada directa por el cierre del Principal?, ¿Qué cree que se podría haber hecho mejor?
-Es una decepción, ha sido lamentable cómo nos ha llegado la información. A nosotros nos llegó la información a través de Marylène Albentosa, del Escalante, que estaba tan sorprendida como nosotros. Poco más tarde salió en los medios, pero ya era tarde para que pudiéramos hacer nada al respecto. Una noticia de este calibre se podría haber comunicado con tiempo para gestionar alternativas razonables y evitar así el derrumbe de muchas producciones.
En este caso se derrumba El llibre de la selva, un estreno absoluto que es una coproducción con el Escalante y que es una pieza de la Diputació, de la casa. Se derrumba mi pieza, pero también todo lo demás: hay equipos creativos, directores, actores, bailarines, técnicos, gestores y distribuidores que han puesto en esta pieza su talento, su emoción y su economía. Un cierre abrupto como el del Principal trunca por completo la economía mental y física de las compañías valencianas, y eso no se ha tenido en cuenta.
-¿Cuál fue el primer problema que os vino a la cabeza tras esta cancelación?
-Al posponer el espectáculo, en nuestro caso, hemos perdido la oportunidad de generar un tráiler y de que lo vean los programadores. No es que se haya movido la pieza a una semana más tarde, no, es que se va a ver de aquí a tres meses y ese aplazamiento nos complica mucho la idea de hacer gira. Esta producción tiene la voluntad de expandirse y de tener una larga vida artística, y ahora se nos complica muchísimo. Perdemos muchísimas oportunidades con un estreno en diciembre, y nos va a dificultar muchísimo vender la pieza y convencer a los programadores para que cuenten con nosotros.
-La pieza se podrá ver en el Martín y Soler, aunque en esta sala perderá el 45% del aforo que tenía el Principal, ¿qué supone para vosotros este cambio? ¿Sabéis ya cómo se gestionará el tema de las entradas?
-De momento han devuelto el dinero de las entradas del Principal, en eso han sido exquisitos y muy eficaces. Nos han programado para Navidad porque es una buena época para este espectáculo infantil, pero mentalmente nos afecta muchísimo. Sobre las entradas no sabemos aún cómo se procederá, ni tampoco sabemos cuándo podremos ensayar la pieza y adecuarla a este nuevo espacio. Y, por supuesto, es una pena perder a gran parte del público que ya había agotado las entradas para este fin de semana.

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- Foto: DANIEL GARCÍA-SALA
-¿Qué supone posponer el espectáculo tres meses? Tanto en una cuestión económica como mental.
-Es un gasto extra, sin duda, del que nadie de arriba se va a hacer responsable. Es una pena porque tenemos que convencer a los programadores de viva voz, porque no podrán ver la pieza, de que este espectáculo merece mucho la pena y necesita girar. Quien estuviera pensando en programarlo, por favor, que lo haga, porque lo necesitamos.
-El llibre de la selva lleva ensayándose todo el verano en el Principal, ¿notásteis alguna irregularidad dentro del espacio en algún momento?
-Para nada, nosotros llevamos desde el 7 de septiembre en el Principal -en agosto estuvieron ensayando en Espai LaGranja porque en el Principal se estaban realizando unas reparaciones- y no hemos notado nada de lo que se cuenta en la prensa. Varias veces nos hemos ido sin apagar la alarma y el telón antiincendios ha bajado sin problema, las puertas de emergencia también han funcionado perfectamente y hemos notado que todo estaba bien. También es cierto que no comprendemos la parte más técnica que genera el problema, pero eso es lo que te puedo decir a simple vista.
Obviamente, es un edificio antiguo y tiene sus problemas estructurales, pero hasta con el temporal del miércoles 16 de septiembre el teatro aguantó la lluvia. Y te digo más, hace 20 años, cuando recibí el Premio Nacional de Danza en el año 2006, cayó una tormenta como la de ese día y entraba agua por todos lados, y hasta se inundó el patio de butacas. Veinte años más tarde se ha repetido un temporal igual y no ha pasado nada, aunque claramente esta es una opinión que se basa meramente en lo visual; solo te diré que nosotros de primeras no lo hemos notado.
-Como persona clave del universo de las artes escénicas valencianas, ¿cómo mide la salud del sector de artes escénicas valencianas? ¿Cuáles son las grandes fallas?
-Me uno a todas las reivindicaciones que se hacen desde las asociaciones de artes escénicas valencianas. Considero que los profesionales solo podemos tener una mirada única en este sentido, que es la del abandono, la falta de solidaridad y de empatía. Siento que la cultura la están destruyendo poco a poco. Nos hemos quedado sin Premios de las Artes Escénicas, sin Circuit Cultural y siento que la cultura se ha convertido en una herramienta política que no se está cuidando y que no se permite que crezca. Nunca hay suficiente presupuesto ni interés.

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- Foto: DANIEL GARCÍA-SALA
Dentro de El llibre de la selva
-Hablemos ahora de El llibre de la selva, ¿cuál es el toque que le das como creadora a esta historia tan conocida por todos?
-Como creadora, he intentado ser lo más fiel que he podido al universo de Kipling, pero llevándolo a un imaginario más próximo al público contemporáneo. Es decir, hemos suavizado la dureza de algunos episodios, pero sin renunciar nunca al conflicto esencial del viaje de Mowgli. Esta pieza habla de un viaje en el que nuestro protagonista se enfrenta a la exclusión, el miedo, la pérdida y de cómo encuentra su propio lugar en el mundo.
El espectáculo es una historia tierna, emocionante y que habla del valor de la familia, del sentido de pertenencia a una comunidad y de las diferencias como parte de una riqueza compartida. En resumen, el espectáculo habla del difícil equilibrio entre la flora, la fauna y los seres humanos en el mundo.
-Esta pieza combina teatro, danza y circo para contar la historia de Mowgli, ¿Cómo se fusionan estas tres disciplinas para trasladar El llibre de la selva a los más pequeños?
-La danza es mi lenguaje, pero esta vez he querido que la historia transite por la interpretación. El llibre de la selva está cargado de drama, comedia y de un componente de farsa. También tocamos el circo para acompañar a Mowgli a descubrir su lugar en el mundo. Queremos que todos estos componentes ayuden a que el espectáculo divierta, conmueva y emocione. Se trata de una pieza en la que ponemos el foco en la importancia de la manada, y en cómo apoyarnos en los demás nos ayuda a sobrevivir.
-Hablando de la manada, ¿cómo ha sido volver a trabajar con Yapadú tras la creación de Kabul hace cuatro años?
-Kabul fue todo un regalo y una producción impecable, y yo creo que por ello me volvieron a llamar para proponerme El llibre de la selva. Lo cierto es que se han portado muy bien conmigo, y les he dado bastante trabajo. Hemos hecho un buen trabajo de equipo y hemos conseguido crear un espectáculo grande con un enorme equipo que le arropa por completo.
Se supone que Kabul era mi último espectáculo con Yapadú, pero la vida ha querido volver a juntarnos. También dije que me despedía del mundo de la danza con Ântman, el comiat para despedir Ananda Dansa -en el año 2020- así que de alguna manera, con El llibre de la selva se podría decir que estoy haciendo mi tercer último espectáculo.

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- Foto: DANIEL GARCÍA-SALA
-Una de las claves de este universo ha sido la música de Pep Llopis, ¿nos puedes adentrar en cómo ha sido el acompañamiento sonoro en la selva?
-Hemos viajado a la India para comprender el universo del libro, y hemos huido totalmente del universo de Walt Disney para representar esta historia. De hecho, el autor aparece como narrador en la historia para contar lo que está pasando, introduciendo así también una voz en escena.
-Volviendo al panorama actual de la danza en València, el Conservatorio Superior de Danza Nacho Duato sigue en una situación precaria y “entre barracones” desde hace más de veinte años, de hecho, hace dos años leíste el manifiesto en el que pedíais que los bailarines tuvieran un espacio con “dignidad y seguridad”. Viendo que la situación sigue igual, ¿cómo te hace sentir como bailarina y creadora?
-Yo me defino, además de por el baile, por ser una activista de la danza y la política cultural. Siento que hay que luchar por dignificar la danza con todo lo que hacemos. Los bailarines en València tienen que tener un espacio digno en el que aprender, y tienen que tener docentes profesionales que puedan acompañarles. Siento que alzando la voz sobre estos temas podemos remar a favor de la danza como arte y profesión.

- Imagen de un ensayo de El llibre de la selva
- Foto: CRISTINA BARBERO