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viva chile, mierda

Un bocado de Chile en el corazón de València

Empanadas, pastel de choclo, humitas, pero también tacos, nachos, fajitas, burritos,tartas caseras y pisco sour. El Wena Poh es mucho más que el único bar chileno de toda la ciudad

Por | 08/02/2019 | 6 min, 12 seg

Disculpen la expresión arriba referida. No es que una se quiera poner chabacana ya desde el principio, no. Es que es así como ellos, los chilenos, celebran su tierra, al grito de ´Viva Chile, mierda`. Aclarado esto, vuelvan a concederme una osadía. Y es que Soledad es, si se me permite la expresión, una mujer de culo inquieto. Chilena de nacimiento, aterrizó en València por amor, allá en los tiempos del messenger, a través del cual conoció a su actual marido, Ignacio. Sevino con su maleta, con la certeza de que Ignacio era el hombre (y oye de momento ha acertado) y con cuatro hijos de su relación anterior, a los que sacar adelante, en un país, España, que todavía prometía un futuro esperanzador. Lo siguiente nos lo podemos imaginar. Con la llegada de la crisis tocó arremangarse, reinventarse y tirarse de cabeza a la piscina haciendo un triple salto mortal si era necesario. Y esto hizo Sole, que a valiente y luchadora no le gana nadie.

Empezó en esto de la hostelería por mera necesidad. Nunca antes había cocinado y mucho menos a gran escala, aunque sí que le gustaba la cocina y normalmente era ella la chef de las reuniones familiares. Empezó su andadura en un pequeño local de la calle Alta. Pizza al corte, pasta fresca, repostería casera y poco a poco empezó a introducir alguna empanada chilena. Finalmente, la historia no acabó con final feliz y Soledad tuvo que abandonar el local asfixiada por deudas infinitas.

Pero como mujer emprendedora y cabezota que es, lejos de amilanarse y tirar la toalla, siguió buscando otro local donde poder montar su negocio e intentarlo una vez más. Y voilà. En pleno barrio del Carmen, en la Calle Roteros,había un pequeño bajo (antaño el bar Oasis, un bareto de heavys de bebida barata donde varios de mi generación pasamos más de una noche entre litronas de cerveza, sus peculiares dueños, su piano y nada de brilli brilli). Lo vio claro. Allí iría el WenaPoh. Y de eso hace ya seis años y un quinto hijo con Ignacio. 

Entre mapuches y calaveras

El alma del Wena Poh es, sin duda, la comida casera chilena más tradicional y esto es lo mismo que decir empanadas. La receta es la que introdujo en Chile en el siglo XVI Inés de Suárez, una extremeña, brava ella, que tuvo un papel fundamental en la conquista de este país. Soledad hace desde la masa hasta el relleno o pino, como dicen allá en Chile. Las hay de pollo, de ternera y ahora también vegetarianas y veganas.“Cada día viene más gente pidiendo las opciones sin carne”, nos cuenta. El día de antes prepara los distintos rellenos y los deja reposando toda la noche para que cojan todo el sabor, “ese sabor que reconocen todos los chilenos cuando vienen aquí a comer, que les recuerda a sus casas, a su país”, dice Sole.

Pero no solo de empanadas vive Chile. En la carta, además, podemos encontrar el pastel de choclo, el completo, que es como un hot dog chileno considerado casi como su bocata nacional, humitas, pasta… pero también cerveza artesanal chilena,vinos chilenos y pisco sour (no seré yo quién se meta en la guerra de si el pisco es chileno o peruano).

Y de igual forma, no solo de comida tradicional chilena vive Soledad, así que poco a poco ha ido introduciendo platos de la gastronomía mexicana, hasta dar con la fórmula perfecta; un combinado Chile-México disfrutón, sabrosón y en cantidades más que abundantes.

En la carta dedicada a la cocina mexicana encontramos nachos, machos, burritos, tacos, fajitas, botanas, quesadillas o molletes. Comida rápida, casera y barata, lo que ha hecho que tenga un público bastante joven que abarrota el local cada fin de semana. Su secreto, nos dice, es que vende “comida casera a buen precio porque compro y cocino yo, sin proveedores ni intermediarios”.

 Lo más pedido, los burritos (enormes) y las empanadas. Se agradece que hasta la salsa barbacoa que utilizan sea casera. La ternera suadera, cocinada durante cinco horas hasta que queda deshilachada, o el cerdo de la cochinita pibil se deshacen en la boca. Ellos mismos preparan también su propia salsa picante, sin embargo ningún plato la lleva, sino que es servida aparte para los paladares amantes de lo más hot. Y es que al final, una buena materia prima, aunque hablemos de fast food, se reconoce y se agradece. Y su esfuerzo de años lleva detrás. Cada mañana alas 4, Soledad va a Mercavalencia a por la verdura. La carne proviene de un puesto de confianza del Mercado de Ruzafa y luego siempre procura comprar “en los pequeños comercios, como LaDespensa de Frida, para ayudar a que se mantengan los pequeños establecimientos”.


Local libre de postureo

Paradójicamente y a pesar de que el público es fundamentalmente joven, verás pocos móviles sacando fotos para subirlas a Instagram. El postureo aquí no se presta porque aquí uno viene a comer y a conversar. 

Un graffiti de Disneylexia, las pizarras con las cartas en la puerta y la bandera chilena dan cuenta de que detrás de esa puertecita de madera se cuece algo, discreto,  pero que está muy rico. El local es pequeño, pintado de color naranja y verde y presidido por la bandera chilena y la mapuche, pueblo originario de Chile. Es un espacio un tanto destartalado y quizás esto sea parte de la gracia, de saber que no estás en otro local de moda, de que este sitio tiene algo distinto. Las mesas están pintadas con colores chillones y alguna pared está decorada con calaveras, máscaras de lucha libre mexicana, algún tótem aborigen, un mapa de los poblados aborígenes chilenos, un disco de Víctor Jara y poco más. Sin rodeos. Lo importante es lo que se come y bebe.


Otro punto a favor es que a opciones no les gana nadie y tienen mesitas para que puedas comer en el propio local, servicio a domicilio (reparten por casi toda la ciudad) y servicio take away. Para cuando te entra el mono, ellos te lo ponen fácil.

Y ya si lo que quieres es un a experiencia completa, que sepas que cada 18 de septiembre parte de la comunidad chilena de València se reúne en el Wena Poh para celebrar el Día de la Independencia, pero yo de ti no esperaría tanto para probarlo.

Wena Poh
C/ Roteros, 20
Cerrado los martes
Precio: 10€ por persona con bebida
Qué pedir: Empanadas, burritos y pie de limón casero



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