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antonio girbés y terence ward

Un nuevo Caravaggio en la València del s. XXI

El consultor cultural Terence Ward se fija en un trabajo fotográfico inédito del artista valenciano Antonio Girbés para... producir una obra de teatro y una performance que haga reflexionar sobre el amor y el odio, la vida y la muerte  

22/12/2018 - 

VALÈNCIA.-Había una vez un artista que soñó con un jardín repleto de iris porque necesitaba contar una historia. El artista no sabía si era su historia personal o la de otros pero lo que sí sabía era que necesitaba «contarla» y quería que esas flores le ayudaran. Y cuando por fin encontró en un castillo suizo el paraíso de los iris, que contenía todas las variedades con las que él había soñado, el artista regresó de nuevo a su tierra, Valencia, con la maleta repleta de rizomas y bulbos y las plantó en su jardín. En Dénia. 

Tuvo que esperar un año. Y cuando por fin llegó la primavera y los iris crecieron se afanó en trabajar noche y día, día y noche, para poder captar con su cámara la frescura evanescente de aquellas singulares flores. Y así trabajó durante cuatro años seguidos. Con cada primavera el artista regresaba a su jardín de Dénia a por más ejemplares de aquellos misteriosos, delicados y exuberantes iris, de muchos colores a cuál más intenso y cautivador. Los recolectaba y llevaba hasta su estudio en València en donde, minuciosamente, colocaba sobre livianas estructuras metálicas, que él mismo habría construido para obtener de aquellas flores su máximo esplendor. Y así, una tras otra, las inmortalizaba con su cámara. Para potenciar sus colores y sus sombras captaba la luz natural y la reenviaba a las flores con ayuda de espejos. El artista, sin saberlo, jugaba al claroscuro barroco. Así fue cómo consiguió los mejores contrastes y potenció las partes más genuinas de cada ejemplar.

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Pero un día, con la culminación del proyecto también el cuento se acabó. Y el artista tuvo que guardar aquel tesoro que, inspirado en unas enigmáticas flores, se había transformado en una colección de bellas imágenes. Construyó una hermosa caja color burdeos, las guardó y decidió esperar hasta encontrar a la persona adecuada que le ayudara a dar vida a aquel proyecto. Y así pasaron ­—han pasado— veinte años en los que el artista ha trabajado en nuevos proyectos, muy distintos entre ellos pero todos de fotografía, porque fotografiar es lo que el artista sabía y sabe hacer. También decidió dejar las flores para centrarse en las ciudades. De la mano de Ivory Press (Elena Ochoa y Norman Foster) llegaron sus trabajos Forbidden City y Delirious City. Esta última muestra la expuso en el Almudín (València) en 2015 y llamó la atención de la Fundación Hortensia Herrero, que decidió apoyar su siguiente proyecto, una exposición en la abadía de San Giorgio Maggiore, en Venecia. Así fue cómo llegó a Venecia la muestra Refugios et Misericordia y la visión de Antonio Girbés de los frescos de la iglesia de San Nicolás.

* Lea el artículo completo en el número de diciembre de la revista Plaza

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