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Unos agridulces Premios Óscar 2022 

25/03/2022 - 

VALÈNCIA. Hollywood todavía no se ha recuperado de la crisis del COVID y la cosecha que este año compite en los premios de la Academia deja una sensación agridulce. Se concentran grandes nombres, pero en la mayor parte de los casos no se trata de títulos relevantes o con un significado que trascienda la mera temporada de galardones.

Como siempre, hay una mezcla entre grandes superproducciones, cine independiente y películas de autor. Así, Dune, de Denis Villeneauve, se convierte en la mejor representante de la primera categoría. Una película impresionante a nivel visual que cuenta con 10 nominaciones, aunque la mayor parte de ellas se concentren en los apartados técnicos.  

Sin duda este año hemos asistido a la recuperación del cine musical, y entre las muchas propuestas dentro de este género (desde En un barrio de Nueva York hasta tick, tick… Boom!) la más importante quizás sea la nueva versión de West Side Story filmada por Steven Spielberg. Sin embargo, nunca ha partido como favorita a pesar de su deslumbrante dispositivo formal y estilístico y la composición brillante de sus coreografías. Ni ella ni la sátira apocalíptica de Adam McKay No mires arriba, que cuenta con uno de los repartos de estrellas más importantes de la temporada y que sin embargo no tiene ninguna nominación en las categorías de interpretación.

La cuota del biopic (a pesar de que ha habido muchos, quizás demasiados) la ocupa este año El método Williams, por la que seguramente Will Smith consiga su primer Oscar por encarnar al padre de las hermanas Williams, un hombre obsesionado con que se sus hijas se convirtieran en campeonas de tenis y que dedicó su vida a ese propósito. Una película que esconde una profunda toxicidad paternal y que a nivel cinematográfico resulta demasiado pobre. Igual de olvidable es el remake que ha hecho Guillermo del Toro de El callejón de las almas perdidas, en el que recupera el espíritu del cine negro clásico sin ser capaz de dotarlo del suficiente magnetismo y misterio. Una película tan vacía como el alma de sus personajes.

'El poder del perro'

Desde que Parásitos arrasó con todo hace tres años, ya no parece tan extraño que una película como Drive My Car compita en la categoría de mejor película internacional y en la de mejor película. La adaptación por parte de Ryusuke Hamaguchi del relato de Murakami se ha convertido en una de las sensaciones de la temporada cinéfila desde que se presentó en el pasado Festival de Cannes, y cuenta con cuatro nominaciones, incluida la de mejor director. En cualquier caso, su presencia sigue siendo una rara avis, sobre todo si tenemos en cuenta el nivel muy superior que tiene frente a sus competidoras.

Solo El poder del perro de Jane Campion podría acercarse a la magnitud de la obra de Hamaguchi. Un western contemporáneo repleto de capas en el que se cuestiona el concepto de masculinidad dentro del género de vaqueros y que cuenta con un reparto en estado de gracia capitaneado por Benedict Cumberbatch. Que sea una producción de Netflix probablemente disminuya sus posibilidades para ganar en la categoría reina, aunque la dirección de Jane Campion debería darse casi por sentada.

En las últimas semanas ha ido cogiendo fuerza la que parecía la película con menos posibilidades, CODA, los sonidos del silencio, la versión americana de la cinta francesa La familia Bélier, situándose en las apuestas por delante de la que hasta el momento había sido la favorita, el cuento irlandés de Kenneth Brannagh sobre su infancia, Belfast. Dirigida por Sian Heder, nos adentra con encanto en el seno de una familia con discapacidad auditiva, recuperando además a la mítica Marleen Matlin, que en 1986 ganó el Oscar a la mejor actriz por Hijos de un dios menor y que está haciendo una extraordinaria campaña de sensibilización hacia el colectivo al que pertenece en esta carrera hacia los Oscar.

Por último, Paul Thomas Anderson parece destinado a estar siempre a las puertas de los premios ya sea a través de sus dramas reconcentrados y estilizados o por películas tan ligeras y amables como Licorice Pizza. Está nominado en tres categorías, pero no parece tener demasiadas posibilidades en ninguna.

'West Side Story'

En cuanto a las interpretaciones, mucho biopic y, por tanto, mucha peluca y maquillaje, sobre todo Jessica Chastain por Los ojos de Tammy Faye y Nicole Kidman por Ser los Ricardo. Kristen Stewart también se transforma para meterse en la piel de Diana Spencer, pero de manera más sutil, como le suele caracterizar. Solo dos interpretaciones, la de Penélope Cruz en Madres paralelas y la de Olivia Colman en La hija oscura corresponden a mujeres con conflictos contemporáneos que entroncan con la sensibilidad actual.

En el apartado masculino, no parece haber muchas dudas: Will Smith se da como ganador, a pesar de que la actuación de Benedict Cumberbatch en El poder del perro sea la mejor del año. Junto a ellos, Javier Bardem por Ser los Ricardos, Andrew Garfield, estupendo en tick, tick… Boom! Y Denzel Washington por La tragedia de Lady Macbeth, la película de Joel Coen que se ha quedado un tanto relegada de la temporada de premios.

En el apartado de animación, Disney continúa siendo la más acaparadora, este año con Encanto, Raya y el último dragón y Luca, aunque se agradece la presencia de esa deliciosa locura que es Los Mitchell contra las máquinas y de Flee, la primera película de animación que compite al mejor largometraje documental y a la mejor película internacional. Un poderoso manifiesto en torno a la identidad tras haber sufrido los horrores de una guerra.

Alberto Iglesias lo tiene complicado en banda sonora, pero qué importante que se haya colado con su precioso score de Madres paralelas. Junto a él Nicholas Britell por No mires arriba, Hans Zimmer por Dune, Germaine Franco por Encanto y Johnny Greenwood con El poder del perro.

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