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el billete / OPINIÓN

Unos presupuestos fantásticos

Foto: EDUARDO MANZANA
7/11/2021 - 

Así cualquiera hace presupuestos. Quién le iba a decir al catedrático de Economía Aplicada Vicent Soler que, como conseller de Hacienda, iba a pasar de presupuestar ajustando el gasto a los ingresos previstos a justo lo contrario, ajustar los ingresos a los gastos previstos. Unos gastos que no solo se ha disparado sino que se han desparramado por culpa de la pandemia, de la barra libre decretada por el Gobierno y del año preelectoral que nos viene, o quién sabe si electoral. 

Adiós a la ortodoxia. De presumir de aprobar todos los años los Presupuestos en tiempo y forma a no aprobarlos en tiempo ni en forma. Con permiso de la ministra Montero, a la que le parece muy mal que Moreno Bonilla se invente mil millones de ingresos en los Presupuestos de Andalucía pero no dice nada de la creatividad de Puig, que ya roza los tres mil. Y con Bruselas que no se entera o no quiere enterarse de que los presupuestos que le envían desde Madrid para que dé su visto bueno —y lo da siempre— hace años que no cuadran.

Los de la Generalitat de 2022 son unos presupuestos fantásticos en el lado de los gastos, los más sociales de la historia —copyright de Gerardo Camps—, 20.700 millones de euros… pero sobre todo son fantásticos en la parte de los ingresos, con esos casi 3.000 millones imaginarios. Si el Gran Capitán inventaba picos, palas y azadones para inflar los gastos, Soler eleva los ingresos mediante picos reivindicativos –1.337 millones—, palas transitorias —1.000— y un azadón sanitario de 637 millones que supuestamente nos debe el Estado por atención a desplazados desde 2012. 

Foto: GUSTAVO VALIENTE/EP

Lo único original de este montaje es el fondo transitorio. Lo demás es copia. La partida reivindicativa la inventó Moragues, aunque no le puso nombre porque en el PP eran más prácticos y menos líricos. Luego el PSPV lo copió y lo apellidó "partida reivindicativa", que suena mejor que "ficticia". 

Y lo de la supuesta deuda sanitaria arrastrada desde 2012 se parece demasiado a aquella partida de derechos de cobro por un convenio firmado con Álvarez Cascos en los años noventa que —los más viejos del lugar lo recordarán— primero Olivas y luego Gerardo metían cada año en el presupuesto como un ingreso cierto, a pesar de que el Síndic Major de Comptes Rafael Vicente Queralt instaba una y otra vez a retirarlo por ser de más que dudoso cobro. Nunca se cobró ni se pretendió cobrar porque su razón de ser era cuadrar el Presupuesto a martillazos, como el de 2022. ¿Ha pedido el Consell oficialmente esos 637 millones a Montero? ¿Ha respondido la ministra o no hace falta porque la respuesta, por omisión, está en los Presupuestos Generales del Estado?

Curiosamente, lo más real del proyecto de Presupuestos valenciano en cuanto a los ingresos es la previsión de crecimiento del PIB, un 6,3%, en línea con lo que predicen los expertos de organismos públicos y servicios de estudios privados, dato que contrasta con la previsión del Gobierno, un 7%, que no se cree ni Calviño. El motivo es que Sánchez necesita exagerar la previsión de crecimiento para dopar el capítulo de ingresos fiscales mientras que Puig no necesita inflar los ingresos fiscales, ni subir —más— los impuestos, ni poner una tasa a los turistas ni mucho menos a las comidas y bebidas azucaradas. No lo necesita porque cuando estira demasiado el brazo alarga la manga con fondos imaginarios.

(Lo de que no sube los impuestos no es exactamente así, sube de facto el IRPF por una trampa que en 2022 es especialmente gravosa: la no deflactación de la tarifa del IRPF. Con la inflación al 5,5%, la tarifa se debería haber modificado porque, al no hacerlo, quien tenga la suerte de que le suban el sueldo o la pensión lo mismo que la inflación tendrá el mismo poder adquisitivo que en 2021 pero pagará más impuestos porque Hacienda, la estatal y la autonómica, considerará que gana más dinero. De hecho, con la subida del 2%, por debajo de la inflación, los funcionarios tendrán menos poder adquisitivo pero pagarán más IRPF que en 2021)

Foto: EDUARDO MANZANA

Ya solo importan los gastos, cuantos más mejor; papel mojado que se traducirá en más deuda en el futuro. Desde ese punto de vista, Puig y Soler han pecado de poco ambiciosos. Ambiciosa es Oltra, que se salió con la suya con el aumento de gastos —a pesar de que luego su conselleria no ejecuta ni la mitad de las inversiones presupuestadas— y obligó a los socialistas a buscar una solución creativa en forma de Fondo de Transición hacia la Nueva Normalidad, nombre oficial del ingenio. Pero ¿por qué solo mil millones? El propio Soler reveló en la rueda de prensa, para convencernos sin éxito de que en la Conselleria de Hacienda sigue rigiendo el principio de prudencia, que podían haber sido perfectamente 1.400 millones los euros inventados, porque esa es la cantidad que la Comunitat Valenciana recibió este año para la covid.

Mira si nos conocen en la AIReF, que hace un mes ya avisaron a Puig de que no cayera en la tentación de consolidar en los Presupuestos de 2022 un ingreso que era flor de un ejercicio, porque provocaría un agujero en las cuentas. Pues ni caso. Puede que incluso fuera la AIReF con su ‘no se te ocurra’ la que les diera la idea, porque lo del fondo transitorio fue tan improvisado, en 48 horas, que nadie se acordó de actualizar lo de À Punt y dejaron su Presupuesto fuera de la ley.

¿Y por qué solo 3.000 millones ficticios? ¿Por qué no otros 500 más a cuenta de cualquier otro agravio? ¿Se les ha acabado la imaginación? ¿Qué tal un fondo de compensación de los intereses de la deuda histórica pagados desde 2002? ¿Aún tenemos aquella parcela M3 que íbamos a vender, martillo habitual de Gerardo para cuadrar las cifras del despilfarro?

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