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Valencia Film Office

Valencia, ciudad de cine... pero menos

La reciente iniciativa del consistorio de eliminar las trabas burocráticas y crear un sistema de ventanilla única para los rodajes ha sido bien recibida por el sector, pero no bastará para impulsar la presencia del audiovisual en la ciudad y, por extensión, en la Comunitat Valenciana

25/03/2016 - 

VALENCIA. Lo contaba en la Plaza de la Virgen un sábado por la tarde el director de CulturArts, José Luis Moreno. Ya era de noche. El lugar estaba lleno de turistas, con sus guías en la mano, estudiantes compartiendo cafés en inglés, francés, italiano y español, alguna familia valenciana... «El cine tiene un potencial enorme como publicidad. El otro día asistí a una proyección de la nueva entrega de James Bond, Spectra. La primera escena de acción ocurre en México DF, durante la fiesta de Todos los Santos. Estaba viéndolo y me apetecía ir allí. Imagina eso con las Fallas. Si salieran bien retratadas en alguna película relevante, si se mostrara cómo son, habría gente de todo el mundo que querría venir».

Convencidos de la incidencia positiva del cine sobre el turismo y como negocio per se, el Ayuntamiento de Valencia ha iniciado una nueva estrategia en esa dirección. Con el sueño de la Ciudad de la Luz ya perdido y convertido en pesadilla, la vía más rápida para recuperar presencia en la industria audiovisual es a través de los encantos de las ciudades. Como primer paso, el nuevo gobierno municipal de Joan Ribó ha decidido que a partir del año que viene los productores que quieran rodar en Valencia tendrán una ventanilla única a la que dirigirse. Asimismo, tal y como adelantó Carlos Garsán en Valencia Plaza, el consistorio ha renunciado a los 15.000 ridículos euros que obtenía por las tasas por el uso de espacios públicos, una nimiedad en los presupuestos municipales.

Los objetivos, obviamente, son modestos, ya que los tiempos de la grandilocuencia son pasado. Sólo se aspira a potenciar el desarrollo de una industria que aún está por explorar y que sí están fomentando en otras regiones (principalmente Canarias y Andalucía) y algunas ciudades como Barcelona. Pero las medidas, con ser bien vistas, se consideran aún insuficientes por parte de los profesionales que reclaman el paso siguiente, que es potenciar la Valencia Film Office.

Una Valencia ‘film friendly’

El productor valenciano Jordi Llorca plantea un ejemplo acudiendo a su experiencia. Durante el rodaje del documental La dama dels escacs, de Agustí Mezquida, tuvieron que filmar en la Lonja, el Colegio del Patriarca, el Convento del Carmen, el Museo de la Ciudad o el propio Ayuntamiento. En todos los casos tuvieron que iniciar negociaciones con los diferentes entes gestores, con los consecuentes tiempos de espera. Según explica Llorca, un avance supondría que fuera la film office, al igual que ocurre en otras ciudades, la que gestionara los permisos de rodaje o tuviera competencias para hacerlo en nombre de las productoras, «actuando como un enlace entre éstas y los diferentes organismos, públicos o privados», dice.

En parecidos términos se expresa el productor castellonense Fernando Bovaira, que en la actualidad está rodando una serie sobre Serraño Suñer. Bovaira, productor de películas como Ágora y series como Crematorio, recuerda que siempre ha percibido sensibilidad en las instituciones valencianas a la hora de facilitar el trabajo a las producciones cinematográficas. «He notado el apoyo de las administraciones, no sólo en cuestiones de financiación, sino también de logística. Pero sí que hace falta una actuación más integral, una plataforma conjunta», apunta.

Y es que, como recuerdan desde la junta directiva de la Spain Film Commission, la facilidad burocrática es uno de los tres elementos fundamentales a la hora de atraer rodajes. Los otros dos son los incentivos fiscales («que son los que son») y que dependen del Ministerio de Hacienda, y la existencia de una ventanilla única. Con el anuncio del Ayuntamiento de Valencia, comentan desde la Spain Film Commission, «a nivel municipal se están dando buenos pasos, pero faltaría mucho más, como firmar convenios con entidades locales que no dependen del Ayuntamiento, como por ejemplo para el uso de la Albufera, que depende de Medio Ambiente; la Ciudad de las Artes (Cacsa); los cuarteles que hay en Valencia, que dependen del Ministerio de Defensa... Se precisaría además una red de oficinas a nivel provincial y otra a nivel regional. Pero es cierto que se están dando pasos», reconocen

De Crichton a 'Tomorrowland'

En el ánimo de todos existe el convencimiento de que la ciudad y, por extensión la Comunitat, no ha sido suficientemente explotada en todo su potencial como escenario cinematográfico. De hecho, las primeras incursiones han sido todas casi accidentales, con casos tan singulares como el uso de Peñíscola en El Cid (1961), el de Xàtiva en Tintín y el misterio de las naranjasazules (1964), o el más reciente de Juego de Tronos, de nuevo en Peñíscola.

La primera de las películas internacionales que se rodaron en Valencia fue una producción británica prácticamente inédita en España dirigida por el inglés Charles Crichton (Un pez llamado Wanda). The boy who stole a million (1960) hacía todo un recorrido por la ciudad que incluía desde la Alameda hasta la Plaza del Árbol, pasando por la Plaza Redonda, con trayectos imposibles como adentrarse en Velluters tras pasar por las torres de Quart y pasar justo enfrente de las Torres de Serranos.

En la película se podía contemplar en su esplendor el desaparecido Mercado de las Flores de la plaza del Ayuntamiento, el viejo cauce cuando aún era río y hasta una casi documental escena de baile con falleras tras una impecable cremà de falla, nada que ver con el despropósito de Misión: Imposible 2 (2000, JohnWoo) donde falleras emocionadas veían arder pasos de Semana Santa en Sevilla. El rodaje se prolongó más de mes y medio y, según publicó la prensa de la época, dio trabajo a más de 3.000 valencianos.

Tuvo que pasar más de medio siglo hasta tener otro rodaje de estas características. Tomorrowland (2015, Brad Bird) fue un auténtico ciclón. Las colas para el casting de extras dieron la vuelta a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, se contrató a buena parte del audiovisual local, incluyendo directores y productores, así como a toda clase de técnicos... Supuso una inyección económica de 4,8 millones de euros para la ciudad. Hoteles al completo en febrero, como el Barceló, el Westin, alquileres de coches, de grúas, de bicicletas... Sin embargo, como con The boywho stole a million, Tomorrowland ha sido un fracaso (apenas ha cosechado 209 millones de dólares, cuando costó más de 190). La Ciudad de las Artes y las Ciencias, que ya había sido copiada en el remake de la serie V y en Guardianes de la Galaxia (2014, James Gunn), ha visto cómo uno de sus más espectaculares y gratuitos vehículos de promoción se ha estrellado al poco de despegar.

De fracaso en fracaso

Entre medias, Valencia ha acogido un escaso número de producciones internacionales y todas ellas marcadas por un signo: el fracaso. Así sucedió con La maldiciónde la Pantera Rosa (1983, Blake Edwards), se rodó en Valencia y que trajo a la ciudad Tim Hutchinson.

En ella las Fallas se transformaban en una suerte de alegre carnaval. Si por algo es recordada Lamaldición de la Pantera rosa es porque fue el último trabajo de David Niven. Nada más. El mismo funesto destino tuvo la película francesa Pas si grave (2003, Bernard Rapp), que pese a su reparto con Romain Duris y Leonor Varela no contribuyó a popularizarla ciudad allende los Pirineos. Ha habido hasta unaproducción de Tollywood (el Bollywood del sur dela India), Ramayya Vastavayya (2013).

Mejor suerte han tenido las producciones españolas que se han rodado en Valencia, como La gran aventura de Mortadelo y Filemón (2003, Javier Fesser), que encontró en la calle Alta una finca que era exactamente igual que la creada por Ibáñez para 13 Rue del Percebe. Con sus 22 millones de euros de taquilla, es el filme más exitoso de cuantos han pasado por Valencia, muy por delante incluso de Lamala educación (2004), que Pedro Almodóvar rodó parcialmente en Valencia y que tiene como curiosidad el ya desaparecido cine Tyris que utilizó como sala cuando había dejado de funcionar como tal hacía meses.

Algunos espacios de la capital valenciana han sido especialmente requeridos, como la antigua Cárcel Modelo, que además de albergar la ganadora del Goya Todos a la cárcel (1993) de Luis García Berlanga, fue decorado de la producción de terror BeyondRe-Animator (2003), dirigida por el filipino Brian Yuzna y protagonizada por una incipiente Elsa Pataky.

Pataky también tomó parte en la fallida DiDi Hollywood (2010, Bigas Luna), la continuación de Yo soy la Juani (2003), en la que se incluía una de lassecuencias promocionales más fallidas de la últimadécada, epítome de una época.

Este año se ha rodado ya La noche que mi padre mató a mi madre, de Inés París, con Belén Rueda yDiego Peretti, y en los próximos meses está previstoque se filme El bar, lo nuevo de Álex de la Iglesia, quellegará a la ciudad de la mano del productor valencianoKiko Martínez. En la primera semana de febreroestará el equipo al completo para la producción deun largometraje en el que la ciudad tendrá un papeldestacado. Desde su experiencia, Martínez se abona a una tesis común en toda la industria: Valencia estápor explotar. «Podría ser un plató de rodaje pero estádesaprovechada», dice. «No hay mejor ciudad en Españapor riqueza de paisajes y diversidad de escenarios.

Tienes arquitectura modernista, gótica, contemporánea... Es mejor que Barcelona por comodidad, no está saturada y tiene mejor clima. Parece que están trabajando en la idea de no cobrar tasas, que eso está bien, pero hay que dar un paso más», insiste Martínez. Aún queda, pues, camino por recorrer.

(Este artículo se publicó originalmente en el número de diciembre de Plaza)

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