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CARTAS DESDE BOLONIA

Valencia, Mantua o Buenos Aires. Cuatro pasos que convertirán la Fira del Llibre en una marca cultural

La Fira del Llibre es un acontecimiento cultural incontestable para una ciudad como Valencia. Sin embargo, su consolidación como acontecimiento cultural incontestable no está reñida con la posibilidad de nuevos horizontes que podrían plantearse en un futuro no tan lejanos

8/05/2017 - 

VALÈNCIA. La Fira del Llibre es un acontecimiento cultural incontestable para una ciudad como Valencia. Uno de los pocos encuentros en las distintas industrias culturales que se mantienen desde hace más de medio siglo y que no para de crecer. Que convoca a más de medio millón de visitantes (cifras de 2016) y que factura alrededor de un millón de euros (cifras de 2017). Que se ha convertido ya en la segunda feria de varios días de duración más importante del Estado. Y que ha promovido más de quinientas actividades entre presentaciones, firmas, talleres, mesas redondas y conciertos musicales.

La satisfacción del Gremi de Llibrers y de la Fundació pel Llibre i la Lectura, organizadoras de la Fira, es evidente, bien sea al valorar la acogida del evento, la asistencia o el número de ventas total. Y más, cuando la Fira no es ajena a las turbulencias políticas, ni a las intermitencias de la Subdirección General del Libro, ni al runrún interno del sector. Sin embargo, su consolidación como acontecimiento cultural incontestable no está reñida con la posibilidad de nuevos horizontes que podrían plantearse en un futuro no tan lejano.

De Viveros al Río Turia

Dada la gran afluencia de público y el creciente número de visitantes, es pertinente preguntar por el lugar donde se celebra la Fira del Llibre. ¿Por qué no se ha planteado sacarla de Viveros y reubicarla en otros espacios como el cauce viejo del Turia? Nacho Larraz, presidente del Gremi de Llibrers, responde:

“En el Gremio no nos planteamos otros espacio. Nunca hay un no rotundo, pero a día de hoy Viveros es perfecto. Hay otras ferias más integradas en la trama urbana, y tienen que convivir con el tráfico. La Fira está integrada en una zona ajardinada de las más importantes: refuerza la idea de que la lectura es un acto de tranquilidad, de quietud y de goce. Es el entorno perfecto para coger el libro, pasear y sentarte a leer. Además, el cliente potencial son las familias y Viveros es el punto de referencia para todos”.

Nueva relación con la ciudad

Más allá de un nuevo espacio donde se diluyan las aglomeraciones que se forman en el paseo central de la Fira los fines de semana, o a ciertas horas punta, es interesante observar cómo actúan otros festivales o ferias literarias en su relación con la ciudad. Si la Fira es una referencia a nivel cultural, no debería renunciar a ser una “marca” cultural de primer orden para Valencia. Y este hecho podría convertirse en catalizador de nuevas propuestas culturales o en promotor de nuevas prácticas y revitalizador de nuevos espacios.

La Bologna Book Fair, aun siendo una feria de carácter profesional y aun sin tener una relación directa con los lectores, mantiene una programación alternativa en distintos puntos de la ciudad, en colaboración con bibliotecas, universidades, escuelas, salas de cine o teatros. De este modo, la Feria del libro infantil supone no solo un espacio comercial de compra y venta de derechos de obras y traducciones, radicado en un punto concreto de la ciudad, sino todo un movimiento cultural que involucra a toda la ciudadanía, que pone en contacto a sectores más allá del libro y que pone en valor el patrimonio urbano en relación con la literatura.

Durante la primera semana de abril, por ejemplo, el centro de Bolonia (plazas, palacios, claustros o facultades) ha estado ocupado por músicos, titiriteros, ilustradores, creadores, actores y actrices provenientes de Valencia, Cataluña e Islas Baleares, al calor de la Bologna Book Fair. Valencia dispone de numerosas instituciones culturales y de numeroso patrimonio que podrían albergar actividades relacionadas o paralelas a la Fira. No solo San Pio V, que aun estando al lado no tienen ninguna relación con ella, sino también la Filmoteca, el MUVIM, las salas de exposiciones, las bibliotecas o espacios patrimoniales.

El éxito de un evento cultural no solo debe medirse en términos económicos. Es el primer argumento y más importante a la hora de explicar la pertinencia o no de un acontecimiento, el primero que figura en los artículos y notas sobre el éxito de la fira y el legítimo interés del Gremi de Llibrers, que sobrevive en tiempos raquíticos para el sector del libro. Pero el resto de instituciones deberían tener claro un matiz: la facturación no necesariamente tiene que ver con el fomento de la lectura, y es algo que tiende a confundirse, del mismo modo que tiende a confundirse la crítica literaria con estrategias de promoción de un determinado libro. Ni un crítico literario es un agente de márketing, ni el millón faturado en la Fira es fomento de la lectura.

Iniciar un movimiento ciudadano, crear una marca cultural y establecer una nueva relación con la ciudad, sus instituciones, sus espacios y su ciudadanía plural, es el mejor reto de un acontecimiento tan importante como la Fira. Deben entenderlo, además, las administraciones públicas como el Ayuntamiento o la Subdirección general del libro.

Una programación dispersa

Bajo esta hipotética marca, no solo la Fira podría dispersarse en la ciudad, situando a la cultura en el centro físico y simbólico del espacio público como uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad, sino que también podría dispersarse en el tiempo.

El Festival de la literatura de Mantua, una de las marcas culturales más importantes de Italia, mantiene actividades puntuales a lo largo del año porque el festival se ha convertido ya en una marca de calidad. Es un certamen magnífico donde se ofrecen charlas, encuentros con escritores, exposiciones de arte, instalaciones, visitas de centros escolares a bibliotecas o teatros o monasterios, y cuya programación no tiene miedo en adentrarse en meandros académicos o en cuestiones técnicas sobre la literatura y sus agentes. Forma parte de un ejercicio de celebración y de pensamiento colectivo y permanente.

Del mismo modo ocurre en el Festival di Filosofia di Modena, Carpi e Sassuolo, el Festival di Letteratura de Mantua no renuncia a esa vocación humanística que propone la literatura, la filosofía o el arte como un gran acontecimiento público, que se integra con la ciudad y el patrimonio y que dedica sus horas al pensamiento colectivo. Umberto Eco, Zygmunt Bauman, Slavoj Zizek, Marc Augé, Gianni Vattimo o Tzvetan Todorov han debatido y reflexionado públicamente en Módena, Carpi y Sassuolo sobre cuestiones como la herencia, la naturaleza, la belleza o la felicidad. No para promocionar un libro determinado, sino para celebrar la filosofía o la literatura en sí.

Camino de la internacionalización

Advertíamos a las puertas de abril de que este mes había logrado concentrar gran parte de los lanzamientos literarios del año, y que en base a sus eventos culturales se ordenaba el resto del año. Una de las consecuencias es la repetición de títulos en las casetas y la sensación paradójica de que, aun presentando novedades, el recorrido acaba siendo repetitivo y circunstancial.

Para evitar esta dictadura del márketing, algunos festivales o ferias han apostado por tematizar sus encuentros, dedicando mayor atención a un fenómeno en concreto o a un género en particular: literatura policial, histórica, feminista, de no ficción... O por establecer un calendario con literaturas invitadas: es el caso de la feria de Guadalajara, cuya invitada de honor este año ha sido Madrid, la feria de Fráncfort, cuya invitada ha sido Francia o la de Buenos Aires, cuya ciudad de honor este año es Los Ángeles y del año pasado fue Santiago de Compostela.

Existe una vocación pedagógica y difusora de la literatura en todo este tipo de prácticas que van más allá de las ventas. Existe una voluntad de situar a la literatura o la cultura en el centro simbólico de la sociedad, de convertirla en gran acontecimiento, en lugar desde donde dinamizar una ciudad, poner en valor su patrimonio y conectarla al mundo. La Fira del Llibre de Valencia, exitosa en tantos ámbitos, está en condiciones de dar el gran paso.

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