Hubo algún que otro vaivén antes de encender los fogones, pero la decisión de poner al frente del restaurante a un cocinero como Raúl Aleixandre parece todo un acierto. Raúl hace lo de siempre (cocinar maravillosamente bien), pero en esta ocasión cuenta con un extra, hacerlo a medio metro del comensal, frente a esa barra donde el cliente puede charlar con él, preguntarle y curiosear. “No es una cocina, es un Rolls-Royce”, afirma el chef. Raúl está cómodo trabajando al descubierto. No se percibe su timidez. Hay complicidad, provocación y una forma de entender la cocina poco encorsetada.
- Fotos: MARGA FERRER
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