VALÈNCIA. Las playas valencianas llevan años atrapadas en un mismo ciclo. Cada temporal reduce la anchura de los arenales y obliga a reconstruirlos con nuevos aportes de arena, actuaciones millonarias con las que se trata de que lleguen en las mejores condiciones posibles a la siguiente temporada de baño. Sin embargo, esa secuencia vuelve a repetirse con cada episodio de fuerte oleaje, lo que ha llevado a Greenpeace a cuestionar la eficacia del actual modelo de recuperación del litoral.
La organización ecologista sostiene en su informe 'Destrucción a Toda Costa 2026' que, en varios puntos de la costa valenciana, parte de la arena aportada vuelve a desaparecer pocas semanas después de finalizar los trabajos de regeneración artificial. Por tanto, los ecologistas defienden un cambio de estrategia ante lo que consideran "un parche cada vez más caro y menos duradero". En concreto, Greenpeace plantea actuaciones cuyo objetivo sea recuperar la capacidad natural de defensa de la costa.
En el informe, que analiza la situación del litoral español, la Comunitat Valenciana ocupa un lugar destacado. La autonomía absorbe la mayor parte de las inversiones destinadas a reparar los daños ocasionados por el "tren de borrascas" del pasado invierno. Según datos de la organización, las actuaciones previstas o ejecutadas ascienden a 170,7 millones de euros, el 69,5% del presupuesto nacional que se destina a obras en la costa.

- Actuaciones del Gobierno en las playas de Cullera. - Foto: AYUNTAMIENTO DE CULLERA
Sin embargo, para Greenpeace la cuestión no reside en cuánto se invierte, sino en si esas actuaciones consiguen frenar un proceso de regresión que los ecologistas consideran cada vez más acusado. El informe sostiene que la subida del nivel del mar, la reducción del aporte natural de sedimentos y la transformación del litoral durante las últimas décadas mantienen a más de un centenar de kilómetros del golfo de València en una situación de "extrema vulnerabilidad".
En ese contexto, la organización defiende que los aportes de arena no son suficientes ante temporales cada vez más intensos y frecuentes, por lo que reclama priorizar la recuperación de dunas, marismas y otros ecosistemas costeros como barreras naturales frente al cambio climático.
Proyectos de regeneración en la costa valenciana
Greenpeace repasa algunos de los principales proyectos impulsados para recuperar el litoral valenciano durante los últimos meses. Entre ellos figuran las actuaciones desarrolladas en las playas de Almardà, Corinto y Malvarrosa, en Sagunto, y Canet d'en Berenguer, que el anexo del informe agrupa bajo un mismo proyecto de regeneración dotado con 7,6 millones de euros.
El informe recuerda que la regeneración de las playas de Sagunto, Canet d'en Berenguer, Sueca y Cullera movilizó tres millones de metros cúbicos de arena con un coste de 42,6 millones de euros. Además, el anexo desglosa actuaciones por 7,6 millones de euros en distintos tramos del litoral de Sueca —Les Palmeres, Motilla y Mareny de Barraquetes— y otra de dos millones de euros en El Marenyet y l'Estany, en Cullera. Pese a las actuaciones ejecutadas, la organización sostiene que las regeneraciones artificiales no resuelven el problema de fondo de la regresión litoral, al desaparecer parte de la arena con cada nuevo temporal.

- Maquinaria en las playas de Sueca para las obras de regeneración del litoral. - Foto: AYUNTAMIENTO DE SUECA
El informe también dedica un apartado a las playas del sur de València. Greenpeace atribuye la regresión que sufren l'Arbre del Gos, El Saler y la Garrofera al denominado "efecto sombra" del dique norte del Puerto de València que, según sostiene, dificulta el transporte natural de sedimentos hacia el sur y compromete la estabilidad de la restinga que protege l'Albufera. La organización considera que, mientras persistan estas alteraciones sobre la dinámica litoral, las aportaciones artificiales de arena difícilmente podrán ofrecer una solución duradera.
Pero el caso que el informe desarrolla con mayor detalle es el de Tavernes de la Valldigna. Greenpeace recuerda que este tramo del litoral ha pasado de contar con unos 50 metros de playa seca en la década de los sesenta a apenas cinco metros en la actualidad. El informe añade que la borrasca Harry llegó a socavar los cimientos de viviendas situadas en primera línea de playa y obligó al desalojo de algunos inmuebles por riesgo de colapso estructural.
Tras la reposición de arena, prosigue el informe, un nuevo temporal registrado en junio volvió a llevarse parte de los sedimentos aportados. Para Greenpeace, esa sucesión de episodios evidencia las limitaciones de un modelo que ofrece una respuesta inmediata tras los temporales, pero que no logra revertir un proceso de regresión que considera estructural.
Asimismo, el anexo recoge que el eje Pinedo-Perelló concentra alrededor de 66 millones de euros en proyectos que permanecen en distintas fases de licitación y redacción, incluidas nuevas regeneraciones artificiales y proyectos de espigones. También incorpora la actuación prevista entre Tavernes de la Valldigna y Cullera, valorada en 21 millones de euros, que contempla la regeneración de la playa del Brosquil Sur y La Goleta mediante dos espigones y un cordón dunar y que continúa pendiente de la declaración de impacto ambiental.
Cambio de estrategia
Frente a ese escenario, la organización ecologista plantea un cambio de enfoque. En lugar de basar la respuesta en nuevas aportaciones de arena tras cada temporal, propone recuperar sistemas dunares y marjales, mejorar la gestión de los sedimentos fluviales, limitar nuevos desarrollos urbanísticos en zonas inundables y planificar el futuro del litoral con criterios científicos. Como ejemplo de esa estrategia cita la restauración de la playa de l'Auir, en Gandia, que cita como una muestra de la capacidad de los ecosistemas naturales para aumentar la resiliencia de la costa frente a los temporales.
