VALÈNCIA. A escasos meses de que Compromís en el Ayuntamiento de Moncada asuma la vara de mando en virtud del pacto firmado en 2023 con el PSPV, la coalición empieza a dejar ver algunas grietas. No se trata de una ruptura ni de un choque frontal, pero sí de varios episodios recientes que, sumados, dibujan un escenario menos armónico del que ambas formaciones proyectaban al inicio de la legislatura.
El acuerdo de gobierno suscrito tras las elecciones de 2023 establecía una alternancia en la alcaldía: tres años para el PSPV y el último para Compromís. Una fórmula habitual en muchos consistorios para garantizar estabilidad, pero que en Moncada está entrando en una fase sensible: la del traspaso efectivo de poder.
Porque una cosa es firmar un relevo a cuatro años vista y otra ejecutarlo cuando llega el momento. Y en ese punto es donde empiezan a apreciarse matices.

- El vicealcalde de Moncada, Álvaro Gonzalvo y la alcaldesa de Moncada, Amparo Orts. -
- Foto: AYUNTAMIENTO DE MONCADA
¿Moncada o Montcada?
El último desencuentro ha girado en torno a la propuesta de modificar la imagen corporativa del Ayuntamiento para utilizar la denominación "Montcada" como propuesta de Compromís. El asunto, abordado en Junta de Gobierno el pasado 29 de enero, acabó evidenciando discrepancias entre los socios.
Según ha denunciado el Partido Popular, la secretaria municipal advirtió de que la competencia correspondía al pleno y no a la Junta. Pero más allá del debate competencial, lo políticamente relevante fue el voto en contra del PSPV a la iniciativa impulsada por Compromís, desmarcándose así de su socio justo en un momento en el que los valencianistas están llamados a asumir el liderazgo institucional. El gesto, aunque puntual, visualiza que la cohesión ya no es tanta como al inicio del mandato.
El conflicto por el área de Fallas
El citado pacto entre socialistas y Compromís contempla que, junto al relevo en la alcaldía, determinadas delegaciones cambien de manos, entre ellas la Concejalía de Fallas, actualmente gestionada por el socialista Martín Pérez. Sin embargo, la Junta Local Fallera y las comisiones del municipio han solicitado formalmente que Pérez continúe al frente del área, apelando a la estabilidad y al trabajo desarrollado durante estos dos años.
La petición de los falleros coloca a los socios en una posición incómoda: mantener el pacto tal como se firmó o abrir la puerta a una renegociación puntual para evitar fricciones con el colectivo fallero. Compromís, por su parte, ha mostrado disposición a dialogar y no descarta revisar este punto concreto, asumiendo así el coste de una negociación que no estaba prevista en el guion inicial. El Partido Popular, mientras tanto, ha aprovechado la situación para acusar al bipartito de trasladar sus tensiones internas al ámbito festivo, uno de los espacios más sensibles en la vida social del municipio.

- Foto: Ajuntament de Moncada -
Todo ello devidencia que la coalición no atraviesa su momento más cómodo justo cuando debería proyectar cohesión de cara al cambio de alcaldía. Y dejan entrever que el relevo, aunque pactado, está siendo más político que administrativo.
De hecho, incluso han evidenciado un distanciamiento en el último pleno municipal que hasta ahora no habían mantenido. El Partido Popular presentó en el pleno municipal de este mes de febrero una moción "en defensa de una financiación justa para la Comunitat", a la cual Compromís dio su voto favorable mientras que el PSOE optó por votar en contra.
Un tramo decisivo
Además, tal y como ya contó Valencia Plaza, la actual legislatura en Moncada viene marcada por diferentes episodios de tensión. El mandato nació con la voluntad de ofrecer una imagen de mayor estabilidad institucional tras años convulsos. Sin embargo, el contexto pre-relevo introduce dinámicas inevitables: Compromís necesita consolidar su liderazgo antes de asumir la alcaldía; el PSPV, evitar diluir su protagonismo tras tres años al frente del consistorio.
En paralelo, el PP ya juega en clave 2027. En un comunicado a los medios, habla de "crisis interna" y de un gobierno "fracturado", y sitúa el foco en cuestiones como la limpieza, la seguridad o el mantenimiento de barrios, reforzando la idea de que el ejecutivo está más pendiente de sus equilibrios internos que de la gestión cotidiana.