• Imagen de archivo del festival de Les Arts.
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VALÈNCIA. La sentencia que cuestiona la celebración de macrofestivales en la Ciutat de les Arts i les Ciències no solo afecta a un recinto concreto, sino que obliga a replantear todo el modelo con el que València ha acogido grandes eventos de música en los últimos años. El fallo judicial da la razón a los vecinos al constatar que los niveles de ruido superan los límites permitidos en el interior de las viviendas, con mediciones que han llegado a alcanzar los 80 decibelios (dB) dentro de las viviendas, cuando la normativa establece un máximo de 45 dB por la noche y 55 dB durante el día dentro de los domicilios.

A partir de esa diferencia —de más de 30 dB sobre los umbrales permitidos—la cuestión deja de ser interpretativa. No se trata de molestias puntuales, sino de un incumplimiento objetivo de la normativa que, según recoge la propia sentencia, afecta a derechos fundamentales como el descanso en el ámbito domiciliario. En ese contexto, la administración tiene la obligación de actuar, pero tiene un margen reducido. Mantener los festivales en su ubicación actual pasa por garantizar el cumplimiento estricto de esos umbrales, algo que, según el propio sector, compromete la viabilidad del formato.

Un macrofestival funciona habitualmente en torno a los 100-110 dB en el recinto, muy por encima de los niveles que ahora se exigen, lo que implicaría reducir el volumen hasta un punto que desvirtúa la experiencia y dificulta la contratación de artistas. Con este escenario, la reubicación de estos eventos aparece como la alternativa más probable. Sin embargo, a medida que se analizan las opciones, se evidencia que no existe un destino claro. Dentro de la ciudad, la Marina concentra buena parte de las miradas.

La Marina Sur, uno de los pocos espacios con capacidad para eventos de gran formato, está actualmente condicionada por obras y limitaciones de aforo que reducen su capacidad a unas 14.000 personas, lejos de las cifras que manejan festivales como el Festival de les Arts (entre 40.000 y 60.000 asistentes) o el BigSound (más de 70.000). Esto obligaría a redimensionar los eventos o a repartirlos en varios espacios, algo que complica su logística.

En paralelo, la Marina Norte ha emergido como alternativa inmediata tras el traslado del concierto de Jean-Michel Jarre, previsto inicialmente en la Ciutat de les Arts. La organización del ciclo FAR València decidió mover este espectáculo —manteniendo fecha y condiciones— como consecuencia de la incertidumbre generada por la sentencia. Ante la inseguridad jurídica, los promotores empiezan a anticiparse con cambios de ubicación. No obstante, esta opción tampoco está exenta de conflicto. Asociaciones vecinales y hosteleras del entorno del Cabanyal-Canyamelar han rechazado que la Marina Norte se convierta en un espacio receptor de este tipo de eventos, al considerar que el problema del ruido no se resuelve, sino que se desplaza.

El área metropolitana de València como alternativa

Fuera de València, el área metropolitana ofrece más margen físico, pero no necesariamente más certezas. En Torrent, el Parc Central ha demostrado capacidad para albergar eventos multitudinarios: ha sido sede de festivales como el Rockejat o el Germanor Fest de 2025, además de acoger citas gastronómicas como The Burger Cup, que se ha celebrado este fin de semana. Se trata de un espacio de gran extensión —en torno a 26.000 metros cuadrados— que permitiría, al menos sobre el papel, organizar macroeventos con cifras de asistencia elevadas.

  • Espacio para eventos en el barrio de Parc Central de Torrent. -

En Mislata, el recinto ferial presenta una escala menor —unos 14.000 metros cuadrados—, pero también ha demostrado su funcionalidad. El año pasado acogió el concierto de La Raíz, que reunió a cerca de 20.000 personas, además de otros eventos como Los 40 Summer Live, que en distintas ocasiones ha congregado a más de 10.000 asistentes en una sola jornada. Son ejemplos que evidencian que el área metropolitana puede absorber eventos de gran tamaño, teniendo en cuenta su proximidad al Cap i Casal y la posibilidad de desplazarse a través de transporte público. 

  • Recinto ferial de Mislata. -

Sin embargo, ninguno de estos municipios ha dado un paso firme para consolidarse como alternativa. La cuestión no es solo técnica, sino política: acoger macrofestivales implica asumir impactos en forma de ruido o movilidad y, en el contexto actual, los ayuntamientos evitan posicionarse de forma clara. Pero más allá del entorno metropolitano, casos como Cullera muestran que el modelo puede funcionar con éxito.

El Zevra Festival ha alcanzado cifras de alrededor de 155.000 asistentes en tres días, mientras que el Medusa Festival ha superado los 180.000 en varias jornadas. No obstante, estos eventos responden a una lógica distinta: se ubican en recintos amplios junto al litoral, vinculados al turismo estacional y alejados de núcleos residenciales densos. Son, por tanto, ejemplos consolidados, pero difícilmente extrapolables al modelo urbano que hasta ahora representaba València.

¿Estarían los municipios preparados?

Para analizar las diferentes alternativas, existen los Planes Acústicos Municipales (PAM), los documentos con los que los ayuntamientos deberían ordenar el ruido en su término. Estos planes sirven para analizar la situación acústica de cada municipio, delimitar zonas según su sensibilidad —residencial, industrial, de ocio, etc— y establecer qué niveles son admisibles en cada una de ellas. En la práctica, deberían funcionar como una guía clara para saber dónde pueden encajar actividades como conciertos o macroeventos y bajo qué condiciones.

Sin embargo, su implantación es irregular: ni todos los municipios que deeberían tenerlo lo han aprobado, y los que sí lo tienen está desactualizado. En este caso, los municipios que tienen PAM en Valencia son Alboraia, Aldaia, Alzira, Burjassot, Gandia, Llíria, Picassent, Sagunt, Torrent, Xàtiva y la propia capital. Cabe recordar que estos planes no son un requisito para autorizar festivales, aunque sirven para delimitar zonas y prevenir conflictos de ruido. Su ausencia no bloquea la celebración de eventos, pero deja las decisiones en manos de cada ayuntamiento y reduce la previsión sobre si se cumplirán los límites acústicos exigidos por la ley.

¿En qué espacios deberían celebrarse?

Con todo este contexto, los macrofestivales requieren espacios muy específicos para poder desarrollarse sin conflicto. Se trata de buscar recintos amplios, con capacidad para decenas de miles de personas, bien conectados por transporte público y, sobre todo, alejados de zonas residenciales densas o protegidos mediante barreras naturales o artificiales que minimicen la propagación del sonido.

Este tipo de condiciones son las que permiten que eventos de gran formato funcionen en otros entornos, especialmente en áreas vinculadas a usos industriales o turísticos. Por ello, un buen ejemplo podría ser el ya mencionado de Cullera. Sin embargo, alternativas más cercanas a la ciudad de València como Torrent también se plantean como buena opción.

Al fin y al cabo, sin un mapa claro de recintos aptos, cada evento depende de soluciones puntuales que, como demuestra la sentencia, pueden quedar en entredicho porque tampoco los municipios del área metropolitana de la ciudad parecen estar al 100% preparados para acoger eventos musicales de tal magnitud como sí podrían hacerlo otros mucho más alejados del Cap i Casal

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