Análisis

Música y ópera

¿No hay lugar para los grandes festivales?: La gran cuenta pendiente de València con la música

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VALÈNCIA. La sentencia publicada ayer por la Sección de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal de Instancia de València n.º 8 que censura la celebración de macrofestivales en el estanque de la Ciutat de les Arts i les Ciències (CACSA) pilló por sorpresa al sector y administraciones por el cuándo, pero era el final esperado en algún momento por todos. Tarde o temprano iba a suceder.

Aunque en los últimos años se había dado por supuesto que ese sería el escenario habitual para los conciertos y festivales de máximo tamaño, en realidad es una tendencia de apenas una década. La primera vez que se vació el estanque fue en 2007 para el MTV Winter; y no fue hasta 2015 que el Festival de Les Arts abrió la puerta a un modelo que luego adoptarían otras promotoras.

Conforme el espacio fue ganando popularidad y fechas reservadas, las promotoras y los festivales fueron advirtiendo: el espacio no era la solución definitiva a un problema crónico, el de la falta de espacios para celebrar eventos para estos aforos (cerca de 20.000 personas) en València.

Que las instituciones buscaran alternativas de un terreno que pudiera dedicarse a generar seguridad jurídica para los festivales es una reivindicación que ya se podría decir histórica. No solo está la hemeroteca de comunicados, sino también los proyectos de los distintos gobiernos.

Dos ejemplos. En 2023, aprovechando el 25 aniversario de CACSA, el gobierno del Botànic planteó (sin llegar a anunciarlo) que la parcela M3 se convirtiera en un ‘festivalódromo’ y así sacara los conciertos de la zona en conflicto. Por esa época, la Ciutat de les Arts i les Ciències ya pidió limitar el uso de su espacio para actividades musicales en temporada alta turística. En aquella época, el proyecto de Turisme Comunitat Valenciana, Mediterranew Musix, también empujó por intermediar para buscar una solución rápida antes de que las quejas vecinales enquistaran la situación.

Por otra parte, el actual Ayuntamiento de València es plenamente consciente de este problema, y es a través del programa València Music City el paraguas desde el cual se quiere poner solución. “Estamos estudiando propuestas porque es una necesidad clara que el sector ya ha trasladado. Hay novedades, como el Roig Arena, que aunque pertenece al ámbito privado y tiene un enfoque más hacia el concierto que hacia el festival, va a suponer un balón de oxígeno muy potente para la industria de la música moderna. Y también estamos explorando opciones para espacios al aire libre que permitan que los festivales sean sostenibles. No me refiero solo a lo económico, sino a la sostenibilidad en términos de convivencia”, declaraba en una entrevista con este diario su responsable, Juan Pablo Valero.

  • Love To Rock 2021. -

La sentencia señala que el Ayuntamiento no ha tomado nunca las medidas necesarias para que cesara la actividad musical. La verdad es que durante años se ha encontrado en un brete: las promotoras de una industria musical en alza ofreciendo grandes eventos y sin sitio para hacerlo; mientras, el vecindario exigiendo su legítimo descanso y convivencia. El paso del tiempo (el conflicto afecta a la corporación actual pero nace de la anterior) ha acabado declinando la balanza de manera draconiana.

El espacio de la Ciutat de les Arts i les Ciències no es el único espacio en conflicto. Las quejas vecinales también apuntan a Jardines de Viveros, que también ha visto incrementada exponencialmente su actividad musical y de ocio en los últimos años. València no acaba encontrar el lugar donde hacer convivir estos grandes eventos con la ciudadanía, y conforme han pasado los años y la industria musical ha evolucionado, empieza a ser una excepción entre las grandes capitales estatales.

¿Hay alternativa?

Cabe destacar que en el mapa musical valenciano ha aparecido un nuevo actor en el último año que es clave para hacer una radiografía de presente del sector: el Roig Arena. Este es el primer curso de actividad del espacio multiusos impulsado por el empresario Juan Roig, un escenario que en apenas seis meses suma más de sesenta conciertos celebrados y se acerca al medio millón de asistentes, un ‘cartel’ en el que suma nombres como Joaquín Sabina, Quevedo o Laura Pausini así como distintos festivales que han engrosado su oferta.

La irrupción del Roig Arena ha movido ciertamente varias fichas en el tablero, estableciéndose como sede de buena parte de la oferta musical a gran escala de la ciudad en un año en el que, consecuencia o no de ello, parece que a los festivales les está costando más que otros despachar entradas, con varios de ellos ‘sufriendo’ para alcanzar los ‘sold out’ de ediciones anteriores.

El aforo del recinto es similar al de los grandes eventos al aire libre, con un máximo de 20.000 personas para conciertos, razón por la que ha atraído algunas de las citas y nombres que antaño pisaban espacios como Marina Sur o el propio entorno de la Ciutat de les Arts i les Ciències, aunque también plantea elementos físicos que impiden que sea la alternativa a ese gran recinto para festivales que València anhela, entre ellos el hecho de que se trate de un recinto techado , que una parte de ese aforo sea en grada o una disposición que, como la cualquier arena de sus características, no está diseñado para acoger varios escenarios.

  • Big Sound. -

En una situación similar se encuentra la plaza de toros de València, que la Diputación quiere mantener y potenciar como uno de los grandes escenarios musicales de la ciudad, aunque en este caso también obliga a buena parte del público a mantenerse sentado en las gradas y cuenta con un aforo sensiblemente menor al Roig Arena, Marina Sur o Ciutat de les Arts, de en torno a las 10.000 personas, dependiendo del montaje. Con todo, no deja de ser un escenario habitual de la ciudad y ha acogido tanto festivales de música como recitales de nombres populares, un cartel que en estas semanas sumará a Miguel Poveda o el homenaje a la sala Arena Auditorium.

Marina Sur pasó a formar parte de una concesión a una empresa privada que destina el terreno a usos que nada tiene que ver con la música. Marina Norte, que sí ha ido adaptándose para acoger festivales y grandes conciertos, está muy lejos de los aforos que necesitaría trasladar los eventos de CACSA allá.

El alcance de la sentencia aún está por conocer. Tanto Ayuntamiento de València como la propia CACSA o las promotoras están estudiándola y no han anunciado acciones concretas. Por tanto, no se esperan cancelaciones inmediatas y automáticas de los festivales que están previstos este mismo año (algunos de ellos ya han solicitado la licencia de ocupación de espacio público para su celebración), pero sí podrían darse más adelante, si los recursos no impiden las medidas cautelares que contempla el texto. Lo que sí es seguro, es que la promesa de las administraciones por desatascar una situación crítica (y ya incluso antigua) se ha convertido en urgencia.

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