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Volver a casa tras la Dana: la lenta reconstrucción de la vida en la calle San Isidro de Chiva

Dieciséis meses después de la riada que arrasó esta vía del casco histórico de Chiva, los vecinos regresan poco a poco a sus viviendas y relatan el largo camino hasta recuperar su hogar

  • Viviendas sobre el barranco de Chiva afectadas por la Dana.
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VALÈNCIA. La calle San Isidro fue la primera de Chiva en ceder ante la fuerza de la Dana del 29 de octubre de 2024. El desbordamiento del Poyo, que atraviesa el municipio como una columna vertebral, convirtió la vía en algo similar a un cauce por el que el agua discurrió sin control, arrastrando coches, muros y parte del firme hasta dejar la calle prácticamente al nivel del barranco. Dieciséis meses después de aquella catástrofe, San Isidro vuelve poco a poco a parecerse a lo que era antes: una calle tranquila, donde la gente se conoce por su nombre y hace vida a pocos metros del barranco. Sin embargo, el regreso de los vecinos a sus hogares no está siendo inmediato. 

Tras más de un año sin poder acceder con normalidad a sus viviendas, muchos residentes apenas comienzan a limpiar, reparar y reconstruir lo que el agua destruyó aquel 29 de octubre. Durante todo este tiempo, la calle ha tenido que reconstruirse desde cero. La intervención ha incluido la elevación de la calzada desde el nivel del barranco mediante un muro de escollera con cimentación de 2,5 metros bajo el cauce, una base de cuatro metros y grandes bloques de piedra de hasta 5.000 kilos trabados con hormigón para formar una estructura monolítica capaz de resistir futuras crecidas.

Además, se han sustituido colectores, redes separativas, imbornales pluviales y todos los servicios urbanos, en una actuación que ha contado con la homologación de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ). El objetivo, según el Ayuntamiento de Chiva, era claro: garantizar que una riada como la de octubre de 2024 no vuelva a afectar a la calle, uno de los enclaves más castigados por la Dana en el casco histórico.

  • La calle San Isidro de Chiva, tras la recepción de las obras de reconstrucción post-Dana. - Foto: AYUNTAMIENTO DE CHIVA

La intervención también ha tratado de preservar algunos elementos simbólicos del entorno. La replaceta del lavadero se ha mantenido, aunque con modificaciones, para conservar el recuerdo del antiguo abrevadero que existía antes de la riada, mientras que las nuevas barandillas mantienen la misma estética que las de la cercana calle Buñol, integrando visualmente este eje urbano paralelo al barranco

Aunque fue la primera obra que se inició tras la riada, San Isidro ha sido de las últimas en concluir. Los trabajos concluyeron en diciembre del año pasado, a la espera de que el consistorio recepcionase la obra para permitir la apertura de la calle. Según explicó a este diario el alcalde de Chiva, Ernesto Navarro, las labores de reconstrucción de la calle se vieron interrumpidas durante varios meses por las lluvias de primavera y los derribos de otras obras, por lo que tampoco era posible iniciar la rehabilitación de las viviendas. ¿El resultado? Una larga y difícil espera que la mayoría de los residentes ha soportado lejos de sus hogares. 

Los vecinos siguen fuera de casa

Begoña es una de las vecinas de San Isidro que todavía no ha podido regresar de forma definitiva a su vivienda, que quedó dañada por la riada y, además, sufrió saqueos en los primeros días posteriores a la tragedia. "Sigo fuera de casa", cuenta a Valencia Plaza. Durante este tiempo, Begoña ha podido entrar "en alguna ocasión" a su vivienda, pero siempre bajo su responsabilidad y sin poder habitarla. "La esquina del edificio estaba apuntalada y hasta que no sea estable no me dan el realojo", explica. Aunque la estructura ya ha sido reparada, el siguiente paso depende de los informes técnicos que deben certificar que el inmueble es seguro.

Solo entonces podrá iniciar las obras necesarias para reconstruir el interior. El estado de la vivienda da una idea de la fuerza con la que entró el agua. "Desapareció la puerta del garaje, la de la casa está destrozada, se cayeron tabiques... y hasta me robaron los grifos", relata Begoña. El agua también levantó parte del suelo y desprendió azulejos de las paredes. Ahora teme que la humedad acumulada durante tantos meses siga provocando problemas cuando comiencen las reformas. Aun así, dentro de la gravedad de la situación reconoce que ha tenido cierta suerte. 

Desde la Dana, Begoña vive en una casa de su hija que normalmente solo se utiliza en verano. "No estoy en mi casa, claro, pero al menos no he tenido que irme a vivir a casa de unos extraños", explica. Una circunstancia que le ha permitido sobrellevar mejor la espera, aunque la sensación de provisionalidad sigue presente. "Tengo muchísimas ganas de volver", dice. El día de la riada lo recuerda con claridad. Cuando vio la fuerza con la que bajaba el agua por el barranco entendió que aquello no era normal. "Cogí el bolso, me puse el chaquetón, el paraguas... y me fui", recuerda Begoña. 

  • El municipio de Chiva, tres meses después de la Dana. - Foto: EDUARDO MANZANA

Para salir de la zona tuvo que subir por las calles más altas del municipio hasta el punto donde la esperaba su familia. "Menos mal que lo hice", reconoce esta vecina. Después de más de un año fuera de casa, su objetivo sigue siendo el mismo: regresar. "Yo pensaba que este verano ya estaría allí, pero ahora ya lo dudo un poco. Si no es en verano, será en Navidad. Lo importante es volver", concluye.

El impacto emocional de la Dana

A pocos metros de su vivienda, se encuentra la casa de Salvador, que el próximo mes de abril cumplirá 80 años. En su caso, la riada entró de lleno en la planta baja y arrasó prácticamente todo lo que había en su interior. "Lo he perdido todo", sentencia. El agua arrancó los muebles de la cocina de la pared, desplazó tabiques y arrastró electrodomésticos y muebles. Desde la nevera, el horno, el lavavajillas hasta los sofás, la mesa y la televisión terminaron amontonados entre barro y escombros. "Los muebles de la cocina desaparecieron y hasta la pared donde estaban se desplazó", explica Salvador.

Ahora deberá rehacer completamente esa parte de la casa, lo que implica, según cuenta este vecino, levantar nuevos tabiques, volver a alicatar y sustituir las instalaciones. Cabe recordar que, durante meses, Salvador ni siquiera pudo limpiar su vivienda, ya que la calle había desaparecido. "Solo quedó medio metro de acera pegado a las fachadas", recuerda. Sin acceso para vehículos o maquinaria, la retirada de escombros tuvo que esperar a que terminaran las obras de reconstrucción. 

Hace apenas unas semanas pudo empezar a trabajar en la vivienda con ayuda de su familia. "Había más de medio metro de barro y se había quedado duro", relata. Con pico y pala en mano, su hijo, su nieto y él mismo fueron retirando los escombros a capazos hasta dejar libre la planta baja. La espera ha tenido también consecuencias personales. Desde la riada, Salvador vive con su mujer en la antigua casa de sus padres, "afortunadamente también en Chiva", pero en un espacio que no estaba preparado para ser habitado. "Allí estamos malviviendo, con todo amontonado", explica. Salvador admite que la Dana le ha dejado un impacto emocional fuerte. "No duermo por las noches. Llevo un trauma con todo esto", reconoce.

La tradición de San Isidro que no se perderá

Para Alberto, un agricultor que ha visto cómo la Dana ha arrasado hasta 32 de sus campos, su relación con la calle San Isidro tiene un significado especial. Su familia siempre ha tenido en esta vía un almacén donde guardaba vehículos, herramientas y maquinaria agrícola. Por supuesto, la riada también alcanzó ese espacio. "Tenía dos coches y maquinaria de trabajo", explica. Los vehículos quedaron inutilizados y el interior del bajo se llenó de barro. En las horas y días posteriores a la riada, Alberto fue uno de los vecinos que se volcó en ayudar a limpiar y desescombrar tanto su calle como otras zonas del municipio.

"Estuvimos ayudando a sacar barro, a mover cosas, a limpiar donde hacía falta", recuerda. Aquellas primeras jornadas estuvieron marcadas por la urgencia y la improvisación. Con palas, capazos y lo que tenían a mano, los vecinos trataron de despejar accesos y retirar los restos que el agua había dejado a su paso. La escena se repitió durante semanas: "Aquí nos ayudábamos todos". Sin embargo, su vínculo con la calle no se limita a esta propiedad. Está ligado a una tradición que durante años ha sido una fecha señalada en el calendario de sus vecinos. En una hornacina de la vía se encontraba la imagen de San Isidro, patrón de los agricultores.

  • La calle San Isidro de Chiva, antes de la Dana del 29 de octubre de 2024. - Foto: VP

Cada 15 de mayo, Alberto y otros vecinos solían celebrar su festividad con una pequeña reunión en la calle. "Compramos una traca larga, nos juntamos y celebramos San Isidro", cuenta. La riada destruyó la imagen del santo, que era de cartón piedra.  Aun así, asegura que la tradición seguirá viva. "Esté el santo o no, yo la traca la tiro igual", afirma. Para muchos vecinos, la calle San Isidro siempre fue algo más que una vía del casco histórico. Era un lugar donde se compartían celebraciones, conversaciones en la puerta de casa y una forma de vida caracterizada por la proximidad entre quienes la habitaban. Por eso, aunque las obras de reconstrucción ya han terminado y el regreso empieza a vislumbrarse como un futuro escenario, la recuperación completa de las viviendas llevará tiempo. Volver a casa no significa solo reparar paredes o suelos, sino también reconstruir una cotidianidad que se vio interrumpida el 29 de octubre de 2024. 

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