En lugar de dar pasos en falso o caer en lo autorreferencial, sigue por libre, fiel a sus principios: un bistró que se cincela día a día, donde Cádiz (y por tanto Andalucía) se encuentra con París (y por tanto Francia) a partir de la unión de sus dos anfitriones, el cocinero Mario Sánchez y Charlotte Finkel, infalible en sala.
Más allá de los cantos de sirena y la posible evolución de Comparte, esta fase tan cálida en la que se encuentran resulta un regalo: un lugar pequeño pero no demasiado pequeño; un ambiente distendido pero no demasiado distendido; una combinación de fronteras pero apenas encorsetada; un encuentro con lo conocido pero que no deriva en rutina. No sé cuál será la siguiente pantalla (más grande, otro sitio, quedarse así), pero merece la pena aprovechar a fondo este tiempo.