Opinión

Opinión

TRIBUNA LIBRE

El baile de los robots y el futuro silencioso de la guerra

Publicado: 25/02/2026 ·06:00
Actualizado: 25/02/2026 · 06:00
  • Robots humanoides en China.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

Hace apenas unos días, millones de españoles se quedaron boquiabiertos viendo a esos robots humanoides moverse con una precisión milimétrica en la televisión china. Parecía un número de circo, un alarde de cara a la galería, una forma de decir "mira lo que somos capaces de hacer". Y sí, probablemente lo era. Pero también es probable que, sin saberlo, estuviéramos asistiendo a algo más que a un simple espectáculo del Año Nuevo lunar.

La historia, aunque a veces no la queramos ver, tiene esa manía de repetirse con disfraces distintos. Cuando los drones empezaron a sobrevolar los titulares, parecían cosa de aficionados o, como mucho, herramientas de vigilancia para países con mucho presupuesto. Luego vinieron los conflictos de la última década y hoy nadie discute que han cambiado las reglas del juego. Y lo más grave no es que sean eficaces, sino que nos hemos acostumbrado. Ver un ataque con dron en el telediario ya no provoca el escalofrío que debería.

Pues con estos robots que ahora bailan, puede que estemos ante el mismo proceso, pero en versión acelerada.

Porque lo que hemos visto estos días no es sólo un prodigio de ingeniería. Es la punta del iceberg de una robótica que avanza mucho más rápido de lo que somos capaces de asimilar. Detrás de esas coreografías perfectas hay sensores, algoritmos de equilibrio, capacidad de adaptación al entorno. Cosas que, puesto que estamos hablando de esto, no tardarán en encontrar aplicaciones menos amables.

Hoy esos mismos artilugios podrían desactivar una bomba en un parking de cualquier ciudad europea o adentrarse en una zona radiactiva donde nadie en su sano juicio pondría un pie. Mañana, y aquí conviene no hacerse trampas al solitario, podrían transportar material en una zona de conflicto o, directamente, cubrir una posición de combate. La tecnología es la misma. Lo que cambia es la intención de quien maneja el joystick.

El salto cualitativo vendrá cuando dejen de depender de ese joystick. Cuando la inteligencia artificial que los gobierna sea capaz de tomar decisiones sobre el terreno sin necesidad de una conexión permanente con un cuartel general. Ahí pasamos del robot herramienta al robot soldado. Y eso, aunque suene a ciencia ficción de los ochenta, está mucho más cerca de lo que creemos.

  • Robots humanoides en China. 

Si algo hemos aprendido con la guerra en Ucrania o en Gaza es que la tecnología militar no espera a que estemos preparados éticamente. Llega, se prueba sobre el terreno y, si funciona, se replica. Primero fueron los drones FPV, luego las torretas controladas por tablet, después los sistemas autónomos de vigilancia. La robótica terrestre, la que camina o rueda, es el siguiente paso lógico.

Lo inquietante del asunto, y aquí conviene no andarse con paños calientes, es que todo esto llega sin un debate de fondo. Nadie está preguntando en las urnas si queremos robots autónomos patrullando nuestras fronteras o participando en operaciones militares. Llegan porque la tecnología existe, porque es más barata a medio plazo que un soldado humano y porque, se mire como se mire, evita poner en riesgo vidas propias. Y eso, para cualquier gobierno, es un argumento muy difícil de rebatir.

Por no hablar de lo que significa para la industria. Quien domine ahora la producción de estos sistemas, quien controle el software y la capacidad de fabricarlos en serie, tendrá una ventaja estratégica comparable a quien tuvo petróleo en el siglo XX o pólvora en el XV. No es sólo una cuestión militar, es geopolítica en estado puro.

Así que, visto lo visto, igual aquellos robots de la televisión china no son sólo una anécdota curiosa para empezar el año. Quizás son un avance de lo que está por venir. Y como siempre, cuando queramos sentarnos a discutir si nos parece bien o mal, probablemente ya sea demasiado tarde. Para entonces, los robots no sólo bailarán: estarán en el frente, y nosotros, desde casa, lo veremos con la misma naturalidad con la que hoy vemos un dron sobrevolar una trinchera.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo