Se ha abierto la ventana de Overton de la casa socialista. Han pasado los años, las euforias y el oportunismo. Nos hemos enterado de que Pedro Sánchez convirtió, presuntamente, las primarias en las que fue elegido secretario general del PSOE en una bacanal caciquil, en la que los suyos se recrearon en las triquiñuelas más disparatadas para conseguir votos. Lo importante era que su jefe ganara; no era relevante el cómo, sino el qué. Curiosamente, una noticia que tendría que estar copando titulares ha pasado de puntillas, cuasi residual, como si se tratase de una trastada. Quizá sea que estamos tan acostumbrados a las burlas a las que nos someten los partidos políticos, que es una más en la pantomima teatral en la que se ha convertido la partitocracia.
La pregunta es —una duda razonable y sombría— si deberíamos fiarnos de las primarias que se convocan en el PSOE. Hablaba Miquel González el pasado domingo sobre los nombres en la lista socialista al Congreso de los Diputados, pero a mí me inquietan más todas estas elecciones orgánicas en las que se determinan precisamente esas papeletas del sorteo político. Si hicieron tongo, presuntamente, en las primarias que encumbraron a su jefe, no sería de extrañar que todas las elecciones internas hayan sido cocinadas. Una forma maquiavélicamente chapucera de certificar la máxima gatopardista de que todo cambie para que todo siga igual. Si en otros partidos esos fogonazos democráticos para dejar al punto la carne en el asador se hacen de forma sutil, a fuego lento, en el PSOE parece ser que se utilizan placas de inducción.
Lo de la imposición de voluntades en las formaciones políticas se suele hacer de forma más sibilina, disimulo que se lleva a cabo con determinadas acciones que buscan marcar las casillas que los afiliados deben señalar. Me acuerdo cuando estaba en Ciudadanos y llegaban las primarias: desde el aparato del partido nos instaban a votar a aquellos candidatos que estaban marcados con un círculo naranja en su candidatura; esos eran los que habían recibido la bendición de la ejecutiva y eran los candidatos oficialistas. El resto no eran más que Quijotes, aventureros. Recuerdo una ocasión en la que un profesor de universidad se presentó a las primarias de las europeas y la respuesta del partido, tras su batacazo, fue magirnarle de todos los órganos internos. Después, estos mismos se llenaban la boca con la palabra democracia, cuando en realidad eran más de lo mismo: caciques encubiertos en un sistema caciquil con apariencia de liberal. En España, uno de los elefantes en la habitación que vamos a tener que abordar en los próximos tiempos será la democracia real en las estructuras elefantantiásicas de los partidos políticos; ya estamos viendo la "casa verde" en la que se ha convertido Vox o las simulaciones en el resto de formaciones.
Con lo ocurrido, todo queda en suspenso: aquellos que hayan ganado unas primarias del PSOE serán puestos en entredicho, o por lo menos deberían. Si se pudieron manipular unas elecciones, y sobre todo unas tan importantes como las del Comité Federal socialista, el resto no es más que juego de niños en las típicas elecciones de colegio en las que el candidato a delegado agasajaba a sus compañeros con gominolas. En el PSOE también se usan "los chuches", como diría Rajoy.