VALENCIA. En mi caso recordé el verano de mi juventud que pasé trabajando como voluntario en Dinamarca. Los daneses (y las danesas, no nos olvidemos de las danesas) son gente curiosa. Pocos pero tremendamente orgullosos y muy prácticos. Cuando les pregunto en facebook por la flexiseguridad que ellos inventaron y que tanto se comenta estos días, lo primero que me responden es que en España no funcionaría. Pues empezamos bien.
La flexiseguridad tiene dos vertientes: un mercado de trabajo flexible, en el que se puede contratar y despedir casi libremente; y seguro, con altas probabilidades de encontrar empleo. Todo ello ligado a unas políticas de empleo activas, con derechos y obligaciones por ambas partes y una generosa prestación por desempleo, pero limitada.
Parece que flexibilidad y seguridad estén desconectadas. Sin embargo, para conseguir un mercado de trabajo seguro necesitamos que sea flexible: sólo la ausencia de barreras de salida hace que no existan barreras de entrada.
Pero la flexibilidad no se acaba en el despido. Todos somos flexibles, aún sin ser conscientes. El que no sea flexible en su profesión acabará siéndolo en su lugar de trabajo, o en su sueldo. El que se muestre inflexible en su salario, acabará por mudarse. Y el que no quiera mudarse, será terriblemente flexible en su salario y/o en su trabajo. A través de la flexibilidad se vuelve seguro el mercado de trabajo: el trabajador flexible tiene más opciones de trabajar.
¿Cómo se gestionaría? Nadie ha nacido siendo camionero o escayolista. Si por cualquier circunstancia existe una baja demanda de escayolistas y alta de camioneros, el INEM subvencionaría el carnet C1 a los escayolistas. ¿Qué sucede si el desempleado se muestra inflexible y rechaza el curso o una oferta de trabajo en otra ciudad? Muy sencillo, acepta la flexibilidad salarial: pierde la prestación y se convierte en un desempleado voluntario.
Existe un tercer factor a tener en cuenta: la empresa. Nuestro escayolista ahora tiene en su poder el carnet C1 y puede conducir un camión. Ahora sólo queda que una empresa quiera o pueda contratarle. El INEM podría, en vez de pagarle la prestación directamente al escayolista-camionero, abonar la prestación a una empresa de transportes que quiera contratarle.
Es esta empresa quien luego pagaría al trabajador. Al estado le cuesta lo mismo, pero el camionero reconvertido trabaja y la empresa contrata a un trabajador más sin apenas coste. La empresa puede contratar a jóvenes asumiendo el respectivo coste de formación, o a trabajadores curtidos sin demasiados costes. Este sistema tiene la dificultad añadida del control efectivo de las prestaciones. Existe también el riesgo de fraude con despidos ficticios y re-ontrataciones para ahorrarse los salarios. Ello obligaría a la reconversión del INEM hacia un verdadero sistema de gestión y seguimiento de empleo y no de desempleo. ¿Funcionaría este sistema en España?
En éstas estaba, cuando me tocó el turno, entregué la correspondiente documentación y me avisaron de la fecha de renovación. ¿Y hasta entonces? Muy sencillo: nada. Habrá que ir practicando la flexibilidad lingüística danesa, o en su defecto, germánica: Grüss Gott Frau Merkel.