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OPINIÓN / 'EL PEOR DE LOS TIEMPOS'

#OpiniónVP 'Generación Erasmus ', por Mariam Camarero

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VALENCIA. Hace algunos meses me hicieron una reflexión sobre la repercusión de la integración en la Unión Europea sobre los ciudadanos españoles. Según esta persona, que representaba a España en Bruselas, son tres los ámbitos de la vida cotidiana que habían cambiado con nuestra pertenencia a la UE: la movilidad sin pasaporte por el territorio europeo era el primero, el euro el segundo, y el programa Erasmus el tercero. No por este orden necesariamente. Y es que a cualquier persona a quien se le pregunte sabe lo que es "un Erasmus" o tiene uno en la familia.

El programa Erasmus de la Unión Europea nació hace ahora 27 años y España participa desde la primera edición, en 1987, cuando comenzó con el intercambio de tan sólo 3.000 estudiantes. Que el nombre de este programa rinda homenaje a Erasmo de Rotterdam no es casual y fue, desde luego, un nombre muy bien elegido. Erasmo, natural de los Países Bajos, estudió en París y fue profesor en Cambridge en tiempos de Enrique VIII y amigo de Tomás Moro y John Colet. Recibió el título de doctor en Teología en Italia (aunque allí trabajaba en una imprenta) pero, debido a opositores a sus ideas, acabó trasladándose a Basilea, donde murió.

Sin embargo, es su aportación al humanismo la que ha perdurado, al recuperar la tradición clásica griega y latina. Y eligió el latín como lengua franca, que le permitiera difundir dichas ideas. Gracias a la popularidad de sus obras, éstas acabaron siendo traducidas a las lenguas vernáculas. Por otro lado, siendo católico y desde el catolicismo, reconoció la necesidad de cambio en la Iglesia Católica y criticó la falta de libertad de pensamiento que él mismo experimentó en las instituciones de enseñanza que conoció. Tratando de mediar entre católicos y reformistas, fue perseguido y criticado por ambos grupos.

Aunque el programa Erasmus (denominado ahora Erasmus +) contiene otras iniciativas (intercambio de profesores y personal de administración, prácticas en empresas, Erasmus Mundus y la acción Jean Monnet, entre otros) es la movilidad de los estudiantes universitarios la que lo ha hecho conocido. A fecha de hoy, unos 2.700.000 estudiantes de toda Europa han participado en él. El número ha crecido de forma muy rápida, pues en 2002 se alcanzó el primer millón de estudiantes Erasmus y en 2011 los dos millones.

Siendo (al menos sobre el papel) la internacionalización del sistema universitario español uno de los objetivos marcados para la presente legislatura, a veces se olvida que este programa ha contribuido, más que otras políticas de mayor complejidad, a romper barreras reales o imaginarias. España ha sido un participante entusiasta en el programa Erasmus, ocupando desde hace años el primer puesto como país receptor y emisor de estudiantes Erasmus en términos absolutos. Dado que suele existir bilateralidad en los convenios, el número de estudiantes que salen es aproximadamente el mismo que entra (actualmente, alrededor de 40.000 estudiantes al año en ambas direcciones). Ese trasiego de jóvenes en todas direcciones dentro del continente europeo es la gran aportación del programa.

Pero no debemos inferir que ser el más entusiasta participante en Erasmus hace a España un país cuyo sistema de educación superior esté especialmente internacionalizado. La fundación Bruegel ha presentado recientemente datos actualizados sobre el porcentaje de estudiantes universitarios extranjeros en un grupo de países europeos representativo. Teniendo en cuenta no sólo los estudiantes del programa Erasmus sino todos los estudiantes extranjeros en nuestro sistema universitario, las cifras son mucho más modestas.

Y lo mismo ocurre con los profesores universitarios: el número de profesores extranjeros (incluyendo a los comunitarios) en las plantillas es muy bajo. Eso no quiere decir que no existan intercambios entre profesores e investigadores de carácter temporal e importantes colaboraciones y participaciones en grupos de investigación internacionales. Pero es muy superior el número de jóvenes investigadores españoles contratados en otros países que viceversa.

Se necesita todavía un importante esfuerzo, por un lado de apertura, para que exista mayor flexibilidad en el sistema para acoger a estudiantes, profesores e investigadores y, por otro, de promoción fuera de España de nuestro sistema universitario, pues es también una fuente de riqueza acoger a estudiantes internacionales en nuestras universidades. Esta segunda labor la estuvo desempeñando en los últimos años la fundación Universidad.es (extinta desde el pasado 1 de enero de 2015), con importantes éxitos en la captación de estudiantes, principalmente latinoamericanos y chinos, financiados por sus propios gobiernos.

Volviendo a los estudiantes Erasmus, varias universidades españolas se encuentran entre las que acogen un mayor número de estudiantes extranjeros. En concreto, entre las cinco primeras (de Europa) se encuentran la Universidad Politécnica de Valencia y la Universidad de Valencia, que conjuntamente superan los 3.500 estudiantes al año. Más allá de las ganancias académicas y formativas, desde un punto de vista económico se produce un importante aporte de renta en la Comunidad Valenciana en general y la ciudad de Valencia, en particular. No sólo por los propios estudiantes, sino por sus familiares y amigos que los visitan y por los vínculos que se acaban formando como resultado de su paso por las universidades españolas, en forma de consumo de productos españoles y turismo futuro, por ejemplo.

Sin embargo, más allá de este efecto de impacto, cabe indicar que estas relaciones se establecen entre ciudadanos europeos llamados a ocupar puestos medios-altos en el mercado laboral y político a escala europea y, por tanto, las economías de red que se generan a largo plazo, aunque difíciles de cuantificar, a buen seguro tienen efectos dinámicos muy importantes.

Es por ello que no deja de sorprender, a veces, la supresión de instituciones que funcionan, como Universidad.es o algunas declaraciones peyorativas sobre el programa Erasmus y su aprovechamiento académico por los participantes. A pesar de las limitaciones en su diseño (que nadie niega), el propio hecho de la movilidad permite a nuestros jóvenes el descubrimiento de formas alternativas de entender y vivir en una sociedad diversa como es la europea: no es turismo, sino conocimiento. Respecto al aprovechamiento que consigan en sus estancias como Erasmus (que no será muy distinto del que cada uno haga en su país de origen), a escala modesta y con todas sus imperfecciones, este programa crea ciudadanía europea, tolerancia y apertura de miras. Justamente los principios por los que luchó Erasmo.

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