Aprovecho que se me cruza por el camino una frase de Gilbert K. Chesterton para acometer varios apaños que tenía pendientes. Chesterton es uno de esos ejemplos de la literatura inglesa en los que la levedad y la profundidad son difíciles de distinguir. Un hombre de letras, las transitó todas, en todos sus estados de materia, que dejó obras y aforismos que conviene guardar en un cajón porque uno no sabe nunca para qué van a servir. Y van a servir. La sentencia a la que aludía hace bastantes rodeos era la siguiente: “El periodismo consiste esencialmente en contar que Lord Jones ha muerto a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo”. Uno se imagina a todo un club de caballeros victorianos en torno al inmenso corpachón de Chesterton, con sus habanos, sus periódicos y sus copas de jerez a un lado para reír abiertamente sin que nada les moleste. Y en un rincón, un aprendiz de periodista con gafas y ropa de trapillo desplegando todas las dobleces de la sentencia, tantas como un dragón de origami.
No sé si sucede en todas las profesiones. El periodismo está amasado con un lodo pegajoso en el que acabamos sumidos, encharcados, empapados, mugrientos y atrapados todos los que lo ejercemos. Es mucho más fácil de defender desde fuera, por ejemplo, desde esos salones en los que cuatro titulados que no han pisado una redacción en la vida juegan a ser socialmente influyentes y lanzan dados para ver cuál de los seis tópicos sobre el oficio toca decir ese día. Pero incluso desde el vientre de la ballena acabamos luchando por su honor. Y ahora me toca a mí.
El periodismo, con sus denuncias, su cinismo, sus cicatrices, merece mucho más crédito que las comisiones de investigación de cualquier administración. A raíz de una portada del Información nos dedicamos todos, en mayor o menor medida, a sacar las miserias de las VPP de Les Naus, solo por mencionar una de las que ahora están en danza. Era lo que nos tocaba. Varias promesas políticas después, varios golpes de pecho jerárquicos después, nada cambiará. No habrá más transparencia, no habrá más control, no habrá sanciones ni despidos ni exámenes de conciencia, no acabará el tráfico de favores. No habrá más viviendas para quienes las necesitan. No habrá, siquiera, cambios en la expectativa de voto, no habrá castigos en las urnas. Pero nosotros habremos informado de que Lord Jones ha muerto y que nadie mueve un dedo por organizar su funeral.
Me lo comenta un amigo, que durante un tiempo se atrevió a defender con honestidad su vocación de servicio público en un puesto de relevancia política. Y duró poco, por supuesto. “Rafa, las comisiones no sirven de nada”. Me lo pregunta una amiga, que conoce bien el mercado inmobiliario: “Rafa, ¿algo tendrán que hacer, no?”. Me reconcomo yo, que cada día tengo que estar pendiente de no perder el equilibrio sobre el alambre en esta pista de circo sin red ni focos que es el periodismo de provincias. Que cada día me pregunto qué narices estoy haciendo con mi vida laboral. Que he evitado siempre merodear los ámbitos de poder. “Rafa, ponte con el obituario de Lord Jones, que la gente sepa al menos que vivió”. Y que luego hagan con esa información lo que mejor les parezca. Al menos, habremos cumplido con nuestra obligación.
@Faroimpostor