Si hubiera que escribir un sainete sobre la incompetencia de los políticos valencianos, tendríamos suficiente con la representación que nos han brindado esta semana fallera las autoridades municipal y estatal, a cuenta de los trenes de Cercanías y la mascletà.
El argumento podría ser el siguiente: se produce, en una mascletà de 2025, una avalancha humana que supone un problema de seguridad y las autoridades se ponen manos a la obra para solucionarlo. ¿Cuándo? Casi un año después. Pudiendo dejarlo para el último día, qué necesidad había de correr.
El segundo capítulo sería la petición del ayuntamiento de la capital a la operadora ferroviaria de que los trenes, con pasajeros que van a la mascletà, a sus quehaceres o a coger un tren de larga distancia, no lleguen a la estación del Norte antes, durante y después de la mascletà. Petición hecha con apenas dos semanas de margen porque no hemos tenido tiempo en un año.
La decisión de la operadora ferroviaria es dejar tirados a los pasajeros de la C1 y C2 en Albal, a diez kilómetros de la Estación del Norte. Una decisión anunciada por sorpresa una semana antes de su puesta en marcha, que genera un nuevo problema.
Una semana puede parecer poco, pero no se puede decir que los políticos no hayan aprovechado el tiempo para ocuparse de lo único que les interesa, que en ningún caso es solucionar el problema.

- Imagen de la Junta Local de Seguridad celebrada el pasado viernes.
- Foto: AYUNTAMIENTO DE VALÈNCIA
Dramatis personae: Aquí entran en escena los personajes imprescindibles de la farsa, como la alcaldesa, la delegada que quiere ser alcaldesa y el ministro X.
Lo importante en el acto central es que los usuarios tengan claro no el horario definitivo de los trenes, que es algo que no debe desvelarse hasta la escena final, sino quién tiene la culpa del nuevo caos improvisado en la fiesta del caos por antonomasia.
Cualquier intento de aclarar la cuestión debe ser abortado. Tras el intercambio de acusaciones trufadas de ironías y medias verdades sobre el origen del problema, debe primar la falta de soluciones y el correspondiente señalamiento por ello entre los mismos que se culparon por causarlo.
¿Reunirnos en una junta local de seguridad para coordinarnos entre las administraciones? Vade retro! Si ya nos reunimos hace un mes, y de aquella reunión estos lodos. Además, ¿quienes piden la reunión no son los mismos que tardaron quince meses, quince, en organizar una comisión mixta para coordinar a las administraciones por la Dana?
En medio de esa estéril discusión entre políticos, la operadora ferroviaria tiene la osadía de plantear una solución —la salida por las puertas laterales—, que abre un nuevo escenario. ¿Una reflexión sobre la propuesta? ¡Quia!
Lo que sigue es otra agria discusión sobre quién debe pedir un informe a la Policía sobre la viabilidad de la iniciativa. Como no son capaces de ponerse de acuerdo, nadie pide el informe, nadie elabora el informe y por no haber informe la alternativa queda en vía muerta, nunca mejor dicho.

- Pasajeros desembarcando en una de las vías de la Estación del Norte.
- Foto: VP
Y así llegamos al día D en el que la gente que quiere ir a la mascletà demuestra ser más inteligente que los políticos y abarrota como si esto fuera la India el último tren antes del cierre de la estación. Y llega a tiempo a la mascletà.
Quienes no son tan previstores y tienen que bajarse en Albal suben al bus de la Generalitat, que ha salido al rescate para que por otros medios puedan llegar tarde a sus destinos. Algunos cargan maletas, quizá para coger un tren de larga distancia en una estación a la que el Cercanías no les va a llevar.
Y no hay más incidencias, a la espera de cómo transcurre todo en la semana grande.
En el acto final, la alcaldesa convoca a destiempo la junta local de seguridad que no quería convocar. Una junta que, después de tres horas, decide que "ja estem en Falleees!" desde el 22 de febrero, como proclamaron las falleras mayores al món sencer, así que no hay tiempo para buscar otra solución. Que ya si eso lo mirarán para las Fallas de 2027.
No antes de febrero, claro.
(Aplausos)