Opinión

Opinión

El eurocristiano tibio

Una izquierda que no nos avergüence

"¿Es verosímil que se hayan coordinado contra el sanchismo unos veinte jueces, de distintos órganos, de diferentes niveles jerárquicos y de variadas procedencias geográficas? Absolutamente no" 

Publicado: 21/06/2026 · 06:00
Actualizado: 21/06/2026 · 06:00
  • Gabriel Rufián, Félix Bolaños y Ernest Urtasun, en 2024.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

Como es bien sabido, están en marcha diversos procesos penales contra familiares y políticos relacionados con el presidente Pedro Sánchez. En vez de reconocerlo, varios de sus ministros y otros portavoces socialistas han declarado que se ha abierto una guerra judicial contra el Gobierno de coalición que preside. Según los dirigentes sanchistas, no habría motivos para haber iniciado esos procesos judiciales, sino que todo se debe a un intento de los jueces de derribar al Gobierno español de forma antidemocrática. Incluso han precisado que, compinchados con una oposición política “marrullera”, los jueces pretenden derribarlo antes del verano.

Como mostraré, no hay ninguna guerra judicial contra el sanchismo. La primera prueba de ello es que los jueces también han abierto causas, varias de ellas finalizadas en condenas, contra dirigentes del Partido Popular. Es verdad que han encausado al hermano y la esposa del presidente Sánchez, su ministro Ábalos, su mentor Zapatero y otros personajes de su entorno, como Koldo García, Santos Cerdán y Leire Díaz, pero también es verdad que, en los casos Púnica y Kitchen, han implicado a ministros y altos cargos del Partido Popular. Además, los jueces han actuado contra los separatistas catalanes que perpetraron el intento secesionista de 2017. E incluso contra los hijos del expresidente catalán Pujol, que presuntamente se lucraron mediante cohechos y tráficos de influencias. Si las causas judiciales van en todas las direcciones, entonces no hay ninguna guerra judicial, pues suelen ser unidireccionales. 

 

Traicionan así una de las principales directrices de Julio Anguita: no había que apoyar a los corruptos, aunque fuesen de izquierdas"

 

Una segunda prueba de que no hay ninguna guerra judicial contra el sanchismo es la diversidad de órganos que están interviniendo. En las causas en curso participan varios juzgados de la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo, la fiscalía Anticorrupción y los juzgados de Madrid, Badajoz, Pamplona y Teruel. ¿Es verosímil que se hayan coordinado contra el sanchismo unos veinte jueces y juezas, de distintos órganos, de diferentes niveles jerárquicos y de variadas procedencias geográficas? Absolutamente no. 

En tercer lugar, es difícil creer que haya ninguna guerra judicial cuando los jueces están respetando las garantías procesales de los encausados. Admiten sus recursos, les conceden prórrogas en las comparecencias, informan a los abogados defensores, rechazan medidas cautelares excesivas… No proceden de forma acelerada, como harían si estuviesen en una guerra judicial. 

Finalmente, hay que descartar la guerra judicial por la calidad de los sumarios elaborados por los jueces. Basta leer la acumulación de indicios y la racionalidad de sus argumentos para comprender que no se basan en “recortes de prensa”, ni en malintencionados “bulos”, sendos síntomas de guerra judicial.

 

Es vergonzoso que no se hayan presentado ante el Congreso los Presupuestos nacionales"

 

En realidad, lo único que hay es una eficaz labor de los jueces contra la generalizada corrupción política española. Y esas iniciativas judiciales, lejos de atentar contra la democracia, la fortalecen. Lo verdaderamente antidemocrático es que el poder ejecutivo y sus aliados arremetan contra el poder judicial. Ese proceder debilita la independencia judicial y en el límite, cercano al fascismo, convertiría el sistema político español en un régimen con apariencia de democracia, pero completamente autoritario. Si durante el franquismo defendí alcanzar las libertades colectivas y la reconciliación nacional, ahora, en defensa de esos mismos ideales, no callaré ante el sanchismo. En realidad, los factores que están minando la democracia española son la corrupción política, el narcotráfico, poner en duda de forma sistemática la imparcialidad de los jueces, así como incumplir las previsiones constitucionales. Es vergonzoso que no se hayan presentado ante el Congreso los Presupuestos nacionales y no se ejecuten las sentencias que obligan a impartir en las escuelas catalanas una parte de las enseñanzas en español. 

Por mi parte, nunca confié en los sanchistas, pues mintieron desde el comienzo. Decían que lucharían contra la corrupción, no pactarían con Bildu y no concederían ninguna amnistía a los golpistas catalanes, pero hicieron justo lo contrario. En consecuencia, me alarma, pero no me duele, la campaña antidemocrática que han emprendido contra los jueces. En cambio, no puedo decir lo mismo de Izquierda Unida. Me parece una dolorosa vergüenza que los herederos de Julio Anguita anden insinuando que hay guerra judicial y, visto lo visto, sigan participando en el Gobierno español.

Nuestros izquierdistas dicen que no toleran la corrupción, pero están convirtiéndose en encubridores de la corrupción sanchista. ¿Qué han propuesto para hacerle frente? La portavoz de Sumar, Verónica Barbero, dice que “la ciudadanía necesita mucha más información.” El portavoz de IU, el comunista Enrique Santiago, dice que “hay cosas que requieren una explicación muy seria.” El diputado de Compromiso, Alberto Ibáñez, pide “garantías de que no ha habido una financiación ilegal del PSOE”. Y el ministro Urtasun, de Comunes, ha declarado que “gobernarán hasta el final.” En consecuencia, los representantes de Sumar en la Mesa del Congreso han impedido, junto con los sanchistas, que se votase en el Congreso instar al presidente Sánchez a convocar elecciones. En suma, nuestras izquierdas no solo no han hecho nada contra la corrupción sanchista, sino que están apuntalando a Sánchez al frente del Gobierno y amordazando a los diputados de la oposición. Traicionan así una de las principales directrices de Julio Anguita: no había que apoyar a los corruptos, aunque fuesen de izquierdas. Y nos acercan a un régimen autoritario.

Por su parte, el portavoz de Izquierda Republicana de Cataluña, Gabriel Rufián, ha dicho: “Necesitamos una izquierda que no nos avergüence”. Claro que también ha dicho que conviene prolongar la legislatura para obtener más beneficios para Cataluña. En ese contexto, la única esperanza de una izquierda que no nos avergüence, pero tampoco quiera disgregar España en varios estaditos independientes, reside en Izquierda Española. Solo una duda me cabe al respecto: ¿se mantendrá IE en el campo de la socialdemocracia o se adentrará en el del comunismo? Si no comete ese error, puede que Izquierda Española esté llamada a recoger el legado de Anguita, que sus herederos oficiales han traicionado. 

 

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo

Teleassistència avançada: més prevenció per als nostres majors
Galicia quiere fabricar coches, Ford fabrica promesas