Para empezar, voy a proponer un acertijo a los lectores. Les invito a que averigüen quiénes hicieron las dos declaraciones siguientes. Primera: “Pero vinimos a mejorar la vida de la gente y vamos a seguir adelante”. Segunda: “Entre las metas, sigue estando como objeto central y permanente elevar el nivel de vida de los españoles.” Muy parecidas, ¿verdad? Pues bien, la primera la dijo el presidente socialista Pedro Sánchez en junio de 2025 tras el inicio del caso corrupción protagonizado por Santos Cerdán, el secretario de organización del PSOE. En cambio, la segunda la dijo el general Francisco Franco en su discurso de Navidad de 1955. Han pasado 70 años entre ambas tesis, pero ha permanecido invariante la excusa de que hay que aferrarse al poder por el bien de los demás. En el caso franquista, el bien de los españoles; en el caso sanchista, por el bien de la gente, que es más difuso y menos comprometido.
Otra similitud es que Franco siempre gobernó al margen de cualquier control democrático. Se reunían en el Congreso unos procuradores, pero no había pluralidad de partidos y la última palabra la tenía el dictador. Ahora, aunque los diputados que lo invistieron habían sido elegidos en unas elecciones, Sánchez ya no tiene mayoría parlamentaria. En ese contexto es fácil explicar que el gobierno sanchista no haya logrado que le aprueben ningún presupuesto nacional en esta legislatura: no lo ha logrado porque nunca tuvo una mayoría suficiente para gobernar. En realidad, nunca fueron más.
No es por desanimar a nadie, pero Franco duró en el poder veinte años más. De hecho, hasta que falleció. ¿Se parecerá también en eso la situación política actual a la pasada? Los mejores analistas estiman que no, pero la ley sanchista de nacionalización de nietos de exiliados se cierne sobre el panorama político español.
También hubo corrupción en ambas situaciones. Como son muy recientes, no voy a detallar ahora las andanzas de Ábalos, Koldo, Cerdán, Leire y Zapatero. Ante la acumulación de esos casos de corrupción resulta muy ilustrativo observar las reacciones de sus copartidarios y las de sus aliados. La ministra de Universidades, Diana Morant, ha dicho que el expresidente Zapatero no habría aceptado las joyas si se las hubiesen regalado. Desgraciadamente, Miguel Sebastián ha declarado que todos los ministros de ZP recibían valiosos regalos, siendo una cuestión personal decidir si se los embolsaban o los cedían al Estado. A su vez, eso va contra lo dicho por César Antonio Molina, según el cual a él no le regalaron nada y que, hasta donde él sabe, tampoco los otros ministros de ZP recibieron nada. En resumen, el caso de las joyas de ZP ha propiciado tres versiones: ZP no aceptaba regalos; había regalos para todos los ministros, pero solían darlos al Estado; no había regalos para todos los ministros, sino para algunos pocos, que se los quedaban. Airosa, la ministra Morant ha añadido que probablemente todo se deba a una venganza del presidente estadounidense Trump contra ZP porque Sánchez se ha negado a apoyar la guerra contra Irán. Cada lector puede elegir cuál de esas versiones le gusta más con la tranquilidad de que probablemente ninguna sea cierta
Pocos recordarán que dos años después del citado discurso del generalísimo estalló el caso de Georges Laurent Rivara. En efecto, ese agente de Banque Suisse había tejido una gigantesca red española, esencialmente catalana, de evasión de capitales a bancos suizos. Entre los 872 evasores fiscales que salieron a la luz figuraba Florenci Pujol, el padre del presidente catalán, cuyos hijos están ahora encausados por cohechos y tráficos de influencias. Y recientemente Illa, que fue ministro de Sánchez y ahora preside el gobierno catalán, ha elogiado la labor del corrupto Pujol ¿No son maravillosos esos paralelismos?
No es por desanimar a nadie, pero Franco duró en el poder veinte años más. De hecho, hasta que falleció. ¿Se parecerá también en eso la situación política actual a la pasada? Los mejores analistas estiman que no, pero la ley sanchista de nacionalización de nietos de exiliados se cierne sobre el panorama político español.