La publicación de la propuesta oficial en junio de 2026 de una segunda ley europea de microchips, ampliada, mejorada y reforzada, respecto a la vigente ley de 2023, ha convencido a la industria tecnológica respecto a la seriedad de los planes de la Comisión Europea en el impulso de este sector estratégico de la geopolítica mundial. La UE ha entendido que los semiconductores ya no son únicamente una industria tecnológica. Son la infraestructura invisible sobre la que descansan la competitividad económica, la autonomía estratégica, la seguridad y la capacidad industrial del continente, entendidas como factores interdependientes.
La futura European Chips Act 2.0 nace precisamente de esa convicción: no es suficiente atraer fábricas de chips, sino que resulta urgente consolidar ecosistemas industriales completos capaces de conectar el diseño, la fabricación, la innovación y las dinámicas de talento con los grandes sectores productivos europeos consumidores de microchips y con el lado de la demanda.
En este nuevo escenario, el posicionamiento de València sale reforzado muy específicamente. No solo porque el cluster valenciano haya evolucionado hasta convertirse en uno de los ecosistemas europeos más influyentes en el diseño de la política comunitaria de semiconductores, sino porque su capacidad de conexión industrial respecto a los denominados sectores tractores (como automoción, energía, aeroespacial, defensa, ciberseguridad o telecomunicaciones) es también más que notable y tiene por delante un horizonte prometedor.
La presencia de la Comisión Europea en el III Valencia Silicon Forum tan solo un día después de la presentación en Bruselas de su propuesta oficial de nueva ley europea de chips, es un gesto que trasciende el simbolismo institucional. Supone el reconocimiento de que Valencia ha dejado de ser un actor emergente para convertirse en uno de los territorios donde Europa identifica una masa crítica capaz de desempeñar un papel relevante en esta nueva etapa que se abre en su política de semiconductores.
Esta incipiente vinculación del sector de semiconductores hacia otros ámbitos industriales de la economía ha tenido en las últimas semanas otra reveladora confirmación en la operación por la cual un empresario de referencia en el sector agroalimentario, Álvaro Gómez-Trénor, ha invertido más de 24 millones de euros en el proyecto de establecer una nueva fábrica de microchips fotónicos en colaboración con Micronanofabs NTC de la Universitat Politècnica de València. No es de extrañar, si se tiene en cuenta que incluso las previsiones menos optimistas contemplan escenarios de crecimiento anual de doble dígito para el sector de semiconductores hasta 2030.
Más allá del interés tecnológico del proyecto valenciano de Attypics, coinvertido por la Sociedad Española de Transformación Tecnológica, el mensaje empresarial de la operación también resulta significativo, al poner de manifiesto que otros sectores más tradicionales de la economía valenciana empiezan a visualizar el potencial recorrido del sector de semiconductores en nuestro territorio.
Tal vez quepa resaltar a este respecto que el proyecto de mayor entidad en el ámbito de fabricación de microchips que ha sido posible en la UE gracias a la European Chips Act 1.0, la fábrica de ESMC en Dresde, es fruto de la colaboración entre la taiwanesa TSMC (propietaria de un 70% de la sociedad) y las europeas Bosch, Infineon y NXP, fuertemente especializadas en el sector de automoción y que participan con un respectivo 10% cada una de ellas.
Esta inversión en la fábrica de ESMC en Dresde, que supera los 10.000 millones de euros y que fue encarrilada desde sus fases iniciales por la valenciana María Marced, empleará obleas de 300 mm en dos grandes familias de procesos 28/22nm (planar CMOS) y 16/12nm (FinFET). En cuanto al enfoque de su gobernanza industrial el modelo ESMC representa una modélica alianza horizontal entre operadores empresariales que da las pautas de lo que la UE espera que se reproduzca en otros territorios en los que, como en la Comunidad Valenciana, existe este potencial de colaboración horizontal entre sectores.
Si el capital valenciano comienza a percibir los semiconductores no como una apuesta futurista o de alto riesgo, sino como lo que realmente es, una industria real, estratégica y con capacidad para generar valor añadido y sólidos beneficios durante las próximas décadas, nuestro territorio puede acabar consolidando una posición propia en el escenario de una tecnología intensamente anhelada por todos los demás territorios de la UE y del resto del mundo. Es precisamente ese cambio cultural el que diferencia a los ecosistemas que terminan consolidándose de aquellos que simplemente acumulan anuncios.
La European Chips Act 2.0 introduce un auténtico giro copernicano respecto a la estrategia anterior. Si la primera ley puso el foco en incrementar la capacidad europea de fabricación, esta nueva fase entiende que la verdadera ventaja competitiva surge cuando la industria de los semiconductores se desarrolla en estrecha conexión con los grandes sectores tractores de la economía. Automoción, aeroespacial, defensa, electrónica de potencia, industria 4.0 o telecomunicaciones dejan de ser simples mercados para convertirse en los motores alrededor de los cuales se diseñarán las futuras inversiones europeas.
En la última edición de Valencia Silicon Forum tuvo lugar una de las primeras reflexiones conjuntas entre las capacidades de sinergia existentes entre estos sectores, en una mesa moderada por la presidenta de VaSiC, Mayte Bacete. Conversación a la que daremos continuidad el próximo 22 de octubre en el marco de VDS.
Con las miras puestas en este nuevo escenario, la asociación Valencia Silicon Cluster acaba de consumar precisamente su primera ampliación con los objetivos de integrar a la totalidad de las empresas especializadas en semiconductores, duplicar su tamaño empresarial y dar cabida a empresas clave por su posición en la cadena de valor o su inteligente estrategia de internacionalización. La incorporación de empresas como Power Electronics, Celestica, FYLA, Numascale, Calsens, A Blue Thing in the Cloud, Emxys, Harmonie Design Labs o TMRW Foundation, representa la mejor preparación del ecosistema valenciano para esta segunda etapa de la estratategia europea de semiconductores, de la que Europa acaba de activar el pistoletazo de salida.
Hace pocos días, el doctor Juan Velasquez, director de la Oficina de Alianzas Internacionales de la Universidad de Purdue (Indiana, US), nos recordaba que el ambiente que se respira en València presenta muchas similitudes con el clima que se vivía en Indiana en 2022, cuando Purdue se preparaba para dar el salto y convertirse en una de las universidades más prestigiosas de USA en ingeniería de semiconductores, aprovechando el impulso de la American Chips Act. Gracias a su posicionamiento en talento, valor fundamental del ecosistema valenciano, hoy el estado de Indiana se prepara para recibir la foundry de la coreana SK Hynix, en una progresión que según el doctor Velasquez presenta importantes paralelismos con el Campus Internacional de Semiconductores que promueve Valencia Silicon Cluster en colaboración con Valencia Innovation Capital, UPV, UV, GVA y otras relevantes entidades como Femeval.
El mantenimiento de su concentración de talento, la duplicación de su tamaño industrial, la escalada de posiciones en Europa del ecosistema valenciano hasta la presidencia del Industry Advisory Group, la incorporación de agentes empresariales tradicionales a proyectos de inversión tecnológica, junto a la consolidación de Valencia Silicon Forum (co-organizado con el Ayuntamiento de València) como congreso internacional de referencia en el talento sobre semiconductores y el inicio de una etapa de colaboración estratégica entre sectores tractores de la tecnología, representan unas condiciones idóneas con las que cuenta nuestro territorio para activar una nueva etapa de desarrollo tecnológico plenamente alineada con las previsiones y expectativas de Europa.
Carlos G. Triviño es director de Gobernanza Industrial y secretario general de Valencia Silicon Cluster