Entrevista

Plaza Innovación

David Rosa: "La innovación en Valencia no puede depender de los ciclos políticos"

El director de Valencia Innovation Capital defiende la necesidad de consolidar políticas estables que permitan avanzar en proyectos de largo recorrido y la creación de una empresa municipal de base tecnológica

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VALÈNCIA. "La innovación en Valencia no puede depender de los ciclos políticos". Así lo cree el director de Valencia Innovation District, David Rosa, quien sitúa el debate en la necesidad de dotar de estabilidad y visión a largo plazo al ecosistema innovador de la ciudad. Con una trayectoria ligada a la I+D+i, desde el Instituto de Biomecánica de Valencia hasta su paso por el Global Sport Innovation Center impulsado por Microsoft, defiende que Valencia ha avanzado en los últimos años, pero todavía debe consolidar estructuras que permitan que el proyecto de innovación de la ciudad sobreviva más allá de una legislatura.

En ese camino, Rosa, quien lleva inmerso en el proyecto de Las Naves y La Harinera desde 2019 cuando recibió una llamada de Carlos Galiana para codirigir los enclaves junto a Marta Chillarón, insiste en que el verdadero salto no está en multiplicar iniciativas, sino en apostar por proyectos realmente transformadores. "No se trata solo de mejorar lo que ya existe, sino de cambiar los modelos de funcionamiento de la ciudad", señala. A su juicio, muchas de las actuaciones actuales son necesarias, pero son continuistas y no transforman la manera en la que Valencia se organiza, se mueve o genera valor. 

Para lograr ese impacto, el director de Valencia Innovation District plantea explorar nuevas fórmulas, entre ellas la creación de una empresa pública vinculada a la innovación. "Si la ciudad es capaz de generar conocimiento y pilotar soluciones tecnológicas, tiene sentido que también capture parte de ese valor", apunta. Esta herramienta permitiría acompañar proyectos en fases clave de crecimiento y reforzar la transferencia de conocimiento al mercado, un ámbito que considera todavía pendiente dentro del ecosistema innovador local. Ahora, Rosa ha dejado en manos de su equipo la gestión de la estrategia, debido a una enfermedad.

-⁠ ¿Cómo se encuentra?

- No me encuentro bien. El proceso de cáncer me ha hecho perder prácticamente la movilidad, voy en silla de ruedas, llevo apoyo de oxígeno el 80% del día y psicológicamente es muy duro, porque te encuentras muy solo en una fase final. Estoy jodido, porque hace cuatro años era una persona normal y ahora no puedo valerme por mí mismo ni para vestirme. Si eso hubiera ido acompañado de una demencia a nivel psicológico en la que me dan morfina y no me entero de nada, habría sido más fácil. Pero la cabeza la sigo teniendo igual de despejada.

-⁠ Ha recibido el ⁠Premio Honorífico Ciudad de Valencia 2026 por la dirección de Valencia Innovation Capital. ¿Qué siente?

- Me siento muy agradecido, porque llevo colaborando con la ciudad desde hace 20 años. Ahora, que tengo tiempo libre, me he puesto a escribir mis primeras colaboraciones con la Fundación Deportiva Municipal, el Plan Estratégico del Deporte o las primeras propuestas de traer las olimpiadas aquí. Siempre he jugado en un segundo o tercer plano. Nadie sabe que, en la propuesta de los Juegos Olímpicos de traer la parte de vela a València, participaba. O mi participación en los cambios en las fechas o el recorrido de la Maratón.

Estaba en el equipo con Luis Cervera tomando ese tipo de decisiones, pero siempre me he mantenido atrás. El reconocimiento creo que viene de la mezcla de las dos partes. Pero los últimos tres años han sido explosivos. Primero, en la época en la que gobernaba Compromís y me llama Carlos Galiana. Todo es demasiado nuevo, incluso mi posición en el ecosistema. Sin embargo, tuve respaldo de la gente, porque había colaborado con todos aunque no en este ámbito.

Con el cambio de legislatura, hay un giro radical que impone Paula Llobet en la visión y en los objetivos del centro. Motivo de eso paso de la subdirección técnica a la gerencia. El poder hablar con la gente con una visión más tecnológica desde una visión de ciudad y sentirme respaldado me da mucha motivación. A partir de ahí, le hemos dedicado muchas horas y pasión al proyecto.

- En la transición de Las Naves a Valencia Innovation Capital, ¿qué diría que ha cambiado?

- La estrategia, donde más pone el foco, es en la parte de colaboración público-privada y en absorber emprendimiento tecnológico, algo que es mucho más sustancial y relevante de lo que todavía nos ha dado tiempo a demostrar. Cuando estaba con Marta Chillarón, trabajando codo con codo, nuestros planes de actuación siempre tenían una estructura muy basada en la prestación del servicio, sobre todo, a la ciudadanía y algunos servicios municipales. Pero la pata industrial y de startup se nos quedaba fuera en la gran mayoría de los planes de acción, porque había otros agentes en la ciudad que tenían que ocuparse de ella, no por dejadez de nadie, sino porque estaban en otros sitios. 

La reconfiguración de las concejalías hace que ahora tengamos capacidad de interlocución directa con el CEEI, con la CEV o cualquier empresa. Tengo las competencias para desarrollar programas para todos y ese es el gran cambio. Y esto ocurre en un momento en el que el resto del ecosistema, estaría esperándolo más o menos, pero se une. Para mí fue espectacular como en 4YFN todo el mundo quiso sumar en la presentación, donde se combinó con un buen cambio de imagen y un apoyo, en este caso promovido por Startup Valencia, muy interesante en todas aquellas áreas que no podíamos cubrir.

- ¿Ha permitido concentrar la innovación en un único mando avanzar más rápido en la ciudad?

- Sí, mucho más. Hay proyectos que si no hubiéramos estado bajo una misma concejalía posiblemente no estarían teniendo ni la repercusión, ni el tirón, ni habríamos conseguido los fondos que hemos obtenido. Por ejemplo, hubiera sido complicado ser el primer Consorcio de Infraestructuras Digitales (EDIC) de Gemelos Digitales en Red orientados al Citiverso si no hubiéramos ido todos a una. Al final, tenemos Valencia Innovation Capital para lanzar misiones y un sandbox para llevarlo a la realidad. 

- Valencia Innovation Capital, Microsoft, la FIFA, el Instituto Valenciano de Biomecánica,... ¿Cuál ha sido su mayor reto en esta carrera tecnológica?

- Para mí hay dos grandes retos y son paralelos. En el IBV estuve 12 años y siempre han sido mi referencia, porque aprendí a trabajar con ellos sobre cualquier temática. Admiro lo que se hizo en aquellos momentos, pero ya está muy lejos. En el paso por Microsoft, tuve una frase de uno de mis jefes en Seattle que me dijo: "no vendemos cajitas, sino que vendemos nube. Olvídate de todo lo que sabes de la compañía, porque ahora vivimos de cuánto se almacena y cuánto se transacciona". Ahí, me rompió la cabeza la capacidad de tener los equipos de programación en la India, al de marketing en Londres, los jefes en Seattle y las oficinas en Madrid. Esa forma de trabajar integrada, me la dieron ellos.

Pasar por el VCF fue una experiencia muy bonita y aprendí que aquello que nos proponemos somos capaces de hacerlo y no hay límites. Allí aterricé como un consultor externo para la venta del club. Luego me quedo y acabamos haciendo un business plan creíble para que un señor comprase. Viví experiencias en las que, hablas con gente con tanto dinero, que tienes que ir a conceptos que no se pueden pagar. Te los tienes que ganar de otra manera.

Valencia Innovation Capital, por el momento de vida en el que me ha pillado, y la posibilidad real de hacer cosas en tu misma ciudad, le ha dado un colofón especial. El mayor reto por delante fue levantar La Harinera, porque había mucho que cambiar y muchas mentalidades a las que demostrarles que lo que no había sido posible en el pasado, podía ser real en un futuro. Había mucha gente que creía que la administración pública no podía poner en marcha un edificio como este. Que no podía ser estético. Ahora, tenemos la mejor tecnología y los mejores espacios, salvando las distancias con la parte privada. Pero mucho sector público no creía que pudiéramos tener salas de reuniones como en la que estamos hoy.

Hemos ido un punto más allá de lo que se espera de una administración pública. Y luego, la confección de los programas. El primer año, teníamos que pedir favores para que el edificio se llenara de actividad, pero en menos de un año podemos elegir qué queremos que esté dentro del edificio y qué no. 

-¿Cómo se viven desde dentro los conflictos que son más políticos? ¿Cree que se pierde mucho tiempo?

- Hay muchos enfrentamientos políticos con poco recorrido, aunque a veces se magnifican. Otros que están en contra de la innovación. Y parece mentira, que teniendo en cuenta el mundo en el que vivimos hoy, me da mucha pena escuchar propuestas políticas que están enfrentadas totalmente con los procesos evolutivos de la innovación en una ciudad.

Por eso, cuando hablamos de un ayuntamiento moderno, necesitamos que sean modernos los que gobiernan y los de la oposición. Necesitamos una ciudad unida, porque los ciclos de la innovación no son los políticos. Son mucho más largos y no tienen que coincidir ni en tiempo, ni en presupuesto ni en oportunidad con los ciclos políticos de una ciudad.

Desvincular los ciclos de innovación de los políticos solo se puede conseguir si los partidos mayoritarios tienen claro el beneficio de la innovación de la ciudad. Al menos las grandes directrices. Si no es así, no tendremos nunca una ciudad moderna. Esto supondría un cambio radical y disruptivo. Aparecerían una serie de órganos que gobernarían la innovación por el bien de la ciudad. Esto no quiere decir que sustituyan a los concejales, sino que el conocimiento está en otros ámbitos que no son los de gobierno. Cargos como el mío, o los subdirectores, que tienen impacto directo sobre cómo va evolucionar el municipio, la ciudad, el barrio o la región, no deberían estar tan vinculados a los cambios políticos. 

-¿Y cómo blindarlo?

-Hay instrumentos. Por ejemplo, el Consejo Valenciano de la Innovación existe. El problema es que, aunque tiene todo el sentido del mundo el órgano, no lo tiene que cuelgue de una conselleria. El Consejo Europeo de Innovación, son expertos no políticos, apoyados por órganos políticos. Pero aquí hemos hecho el Consejo Valenciano de la Innovación, y lo hemos colgado del Ivace+i.

Hagas lo que hagas está supeditado a los ciclos políticos y tiene una dependencia a nivel operativo total. Solo tienes que fijarte en cómo funciona el Consejo de Innovación Europeo. Se elige a los expertos, se les dota de sus propias convocatorias para gestionar la innovación y luego el apoyo político para marcar las directrices por donde camina Europa. Pero no hay un bloqueo de meses esperando a ver quién gobierna. Estos son los grandes cambios que vienen por delante. La primera disrupción es que no dependa de la política. Estamos siendo poco coherentes diciendo que somos una ciudad moderna e innovadora y luego que todos nuestros órganos dependan de ella.

- ¿Cómo es sobrevivir a varios partidos en una institución?

- Me siento muy agradecido. La transferencia con Paula fue inmediata. Tenemos una gran ventaja, y es que nos decimos las cosas a la cara. Cuando creo que algo no lo está haciendo bien, se lo digo. O ella me lo dice a mí. La relación es muy buena y eso favorece mucho. No hubo sorpresa en quedarme,  pero sí lo hubo con que me nombraran gerente. Pensé que Paula, teniendo cubierta la parte técnica y de perfil tecnológico, querría un perfil más vinculado al partido.

Pero es verdad que tanto Compromís como el PP han tenido un respeto total por mi figura profesional, y en ningún caso he sentido ningún tipo de presión ni sugerencia de tener que afiliarme ni ir a eventos de partido. De hecho, Paula me ha evitado siempre ir a los eventos de mucho cariz político.

-¿Cómo ha evolucionado Valencia a nivel de innovación respecto a hace una década?

- Para mí, hay dos cosas que han sido muy importantes a nivel de ciudad. Una tiene que ver con la capacidad de recolectar los datos y ordenarlos. En un momento determinado, en la ciudad hemos tenido mucha sensórica distribuida. Sensores de temperatura, humedad, la Diputación metió un proyecto de Red.es. Ahora, hay una estructura de cómo se mueve la ciudad que no teníamos, y está bien ordenada. ¿Qué nos falta? Saber explotarlo.

Una de las cosas que más rabia me da de mis compañeros dentro del Ayuntamiento de Valencia es que hacen su trabajo, pero no tienen muy claro cuál es el valor que aporta. Entonces, cuando trabajas con mucha gente que no acaba de entender su aportación de valor, también se pierde entender el valor de ciudad. En Europa, desde hace cuatro o cinco años, la ciudad ha empezado a jugar un rol activo. Hasta hace nada, las convocatorias eran para los centros tecnológicos, para las universidades y poco más. Ahora, hay convocatorias donde te piden que vayas de la mano de la ciudad.

Para mí, esa es una clave que Valencia todavía no se ha creído. Que tenemos un activo muy difícil de conseguir, que es una ciudad en movimiento, con 800.000 personas, funcionando, con edificios, semáforos y que está dispuesta a innovar. Sin embargo, no todo el mundo en los cargos altos de la ciudad tiene claro. A veces, aunque hablamos de proyectos transformadores, nos encontramos con otra cosa. Son proyectos necesarios, pero no cambian el modelo de ciudad. Con los fondos europeos, hemos hecho grandes proyectos pero no son transformadores, sino continuistas.

- ¿Qué proyectos transformadores le gustaría acometer?

- Es necesario acometer todo lo que hemos hecho con colectores para evacuar agua y la Dana nos lo ha demostrado, pero eso no ha transformado la ciudad. El modelo de ciudades esponja sí es un proyecto transformador. Si hablamos de movilidad, un proyecto transformador no es hacer más carriles bici. Se tendrían que cambiar los modos de movilidad y todavía no lo hemos hecho. Hay que tener autobuses eléctricos, pero estamos haciendo un cambio de tecnología, no un cambio disruptivo en el modo de transporte.

Yo busco proyectos que cambien los modelos de funcionamiento. Si no es así, que no los financien con presupuesto de innovación. Yo quiero que los proyectos sean disruptivos. Estoy pensando incluso en crear una factoría de tecnología. Si trabajamos con muchas compañías, proyectos europeos, tenemos la mejor oficina de ciudad inteligente, ¿por qué todos los beneficios van a ser para el sector privado si estamos hablando de cooperación público privada? ¿Por qué no tener una empresa pública consorciada con alguien, como Mercavalencia o Egevasa, y sacarle todo el partido a la tecnología de la que nuestra ciudad es piloto? Si no pensamos en algo que vaya a ese nivel de segunda capa, hacemos innovación, pero no es transformadora.

-¿Y la transferencia de conocimiento?

- Sean fondos atraídos por Europa o inversión propia, la realidad es que hacemos un nivel de transferencia bajísimo. La transferencia de tecnología real es muy complicada, porque hace falta un nivel de inversión alto, mucho riesgo y nadie te lo paga. La I+D básica está financiada, pero la transferencia es cara y se podría hacer en colaboración público privada. Igual llevamos inyectado en una idea de proyecto 200.000 euros y, por qué no, cuando llega el momento de la transferencia, pensar en qué hace falta para dar el siguiente paso. Un instrumento centrado en transferencia de resultados para que sea copartícipe. No con la figura jurídica actual, pero sí con otra. Hacer un pacto de socios con una compañía que igual llevamos dos años invirtiendo porque pasó por nuestra aceleradora.

Si faltan 500.000 euros de inversión para hacer esa transferencia, sería complementar y luego salir. Montar una empresa de base tecnológica municipal para acompañar proyectos durante dos o tres años es algo disruptivo de verdad y ningún ayuntamiento se ha atrevido a ponerlo en marcha. 

- ¿Qué ha planteado Valencia Innovation Capital para este 2026?

- Para mí, hay dos claves en lo que va a ocurrir de aquí a final de legislatura. Por un lado, la colaboración con los servicios municipales va a ser más estrecha de lo que es ahora, y eso nos lo va a permitir la inteligencia artificial. Al final, el ciudadano verá que muchos de los servicios municipales irán hacia sistemas más fáciles y personalizados. Y de cara a la colaboración público privada, el principal cambio que vamos a ver son el refuerzo en áreas como salud, seguridad y agroalimentación. 

-¿Cuáles son los retos que tiene la ciudad de Valencia a nivel de innovación para el futuro? ¿En qué se puede mejorar?

- Espero que alguien dé un paso al frente y cambie los modelos de inversión. Una de las grandes pelotas que bota encima de nuestras mesas es que generamos mucho talento, generamos startups de valor excepcional en fase semilla pero que, cuando van a crecer, llega el valle el silencio y no conseguimos inversión en rangos medios y, cuando ya están en inversiones de millones, despegan. Nosotros, como administración pública, solo estamos dando subvenciones, pero los modelos de inversión para una compañía siguen siendo los mismos que cuando yo llegué. Ahí faltan cabezas pensantes. Son los mismos procesos de hace 9 años. Equity o no, stock options, son anticuados los modelos para esa fase.

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