Una vez me dijeron que lo importante no es cuánto tiempo estás en un sitio, sino qué dejas cuando te vas. Ahora que cierro esta etapa al frente del Consejo Social de la Universitat Politècnica de València (UPV), esa frase resuena con más fuerza que nunca. Han sido 12 años de intensa actividad, de innovación y de una profunda transformación no solo institucional, sino también personal.
Al echar la vista atrás, recuerdo mis inicios. Volver a la universidad más de veinte años después de haberme graduado supuso una auténtica sacudida. ¿Dudas? Todas. ¿Miedos? Todos los que se puede imaginar. Sin embargo, entendí rápidamente que la presidencia debía ser una plataforma de servicio para fortalecer el papel de la UPV como una institución conectada con su entorno productivo.
Rompiendo muros: de la desconfianza a la acción
El balance que hago hoy no es de cifras vacías, sino de cambios culturales. Recuerdo los carteles de hace años, que decían "Fuera la empresa de la UPV"; hoy, afortunadamente, ese binomio universidad-empresa es indivisible.
Para lograrlo, hemos tenido que ser creativos y valientes. Hemos profesionalizado la colaboración mediante UNOi, superando el concepto tradicional de oficina para crear una verdadera "ventanilla única" que conecta los desafíos tecnológicos del mercado con la investigación de nuestros laboratorios. Del mismo modo, hemos estructurado la generosidad de la sociedad civil a través de la Unidad de Mecenazgo, dando rigor y transparencia a quienes desean devolver a la universidad parte de lo que recibieron.
Y, quizá, una de las decisiones más audaces de este mandato: convertirnos en la primera universidad pública española en crear un fondo de inversión, el Tech Transfer UPV. Fue una apuesta pionera para demostrar que la colaboración público-privada es el motor real para que la ciencia se convierta en soluciones de mercado.
La "joya de la corona" y la gran apuesta STEAM
Me voy especialmente orgullosa de dos proyectos que definen nuestra apuesta por el talento. Por un lado, la Cátedra Líderes, nuestra indiscutible "joya de la corona". Mantenemos un modelo "boutique", en el que 25 grandes empresarios —que muy pronto serán 30— trabajan con un objetivo claro: que los directivos de hoy impregnemos de nuestro espíritu emprendedor a los estudiantes que serán los líderes de mañana. Es un trasvase de ética y de visión estratégica sin filtros, una inmersión directa en la realidad empresarial.
Por otro lado, mi proyecto más personal: Up! STEAM. Nació de una urgencia social, tras detectar la caída generalizada de vocaciones tecnológicas entre los jóvenes, con una preocupación especial por la pérdida de talento femenino. Lo que empezó como una inquietud ha crecido hasta convertirse en un ecosistema completo sostenido por la Cátedra STEAM. Esta Cátedra es el motor que permite que todo ocurra: desde el gran evento que moviliza a más de 4.000 jóvenes hasta el programa de "Embajadoras STEAM", con profesionales que visitan más de 100 colegios en cada edición. Hoy, 40 empresas patronas sostienen este proyecto común.
Compañeros de viaje: rectores y consejeros
Nada de esto habría sido posible sin una confianza mutua absoluta con la dirección de la universidad. Quiero hacer un guiño especial a los dos rectores con los que he compartido esta aventura. A Paco Mora, quien me convenció para aceptar este reto y con quien trabajé codo con codo durante los primeros siete años para sentar las bases del cambio. Y a Pepe Capilla, con quien ha llegado la etapa de consolidación y crecimiento. Sin su apoyo y complicidad, nada de esto habría sido igual. Mi agradecimiento es infinito.
Y si el Rectorado ha sido el socio necesario, los consejeros han sido el alma del Consejo Social. He tenido el honor de contar con personas de una calidad empresarial y humana extraordinaria.
Es de justicia recordar primero a los que ya no están con nosotros, pero cuya huella permanece imborrable. A mi querido gran maestro Miguel Burdeos, presidente de SPB, una persona inteligente, serena y divertida que nunca olvidaré. Y a Juan López Trigo, socio de Boyden y presidente de la Fundación Cañada Blanch, un ejemplo de compromiso.
Han sido muchos y muy buenos los compañeros de viaje. Figuras clave como Rafael Juan (CEO de Vicky Foods), Pepe Abargues (directivo de Ford), Javier Quiles (directivo de Consum), Ana Darder (socia fundadora y directiva de Edicom) y Berti Barber (CEO de Teika). También quiero agradecer el empuje de las recientes incorporaciones: Ana Ortega (directora General de Autoliv BKI España), Wendy Boscá (CHRO de Grupo Altadia) y Pablo Lozano (directivo de NTT Data).
Y permitidme una mención especial para Eva Turanzo, CEO de IGE. Ella ha sido mi partner in crime, la compañera con la que nació el sueño de Up! STEAM bajo la premisa de "lo hacemos y luego ya vemos". Juntas nos lanzamos a la piscina y el tiempo nos ha dado la razón.
Gratitud sin nostalgia
Me voy sabiendo que aquí me he dejado la piel, el alma y un pedacito de corazón en cada paso que hemos dado. Cedo el testigo con la satisfacción del deber cumplido, habiendo demostrado que la gestión pública puede ejercerse con mentalidad ejecutiva y creativa.
No hay nostalgia en esta despedida, solo una inmensa gratitud. La UPV ya no es solo aulas o laboratorios para mí; se ha convertido en un modo de vida. Gracias a todos por estos 12 años inolvidables.
Mónica Bragado es presidenta del Consejo Social de la UPV.