València

La sobrecarga laboral y la falta de protección aumentan las incapacidades por salud mental

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VALÈNCIA (EFE). La sobrecarga laboral y la falta de normativas que protejan al trabajador son algunos de los principales factores que explican el aumento de incapacidades temporales por salud mental, según concluye una investigación de Adrián Todolí, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat de València (UV).

El estudio resalta que la regulación clásica del tiempo, los límites de jornada, los descansos legales e incluso la regulación de conciliación basada en reducciones de jornada resulta, en muchos casos, "insuficiente" para garantizar la salud de las personas trabajadoras cuando el problema es el ritmo e intensidad del trabajo.

Todolí, que insta a regular la sobrecarga laboral para frenar el incremento de la incapacidad por salud mental, analiza en el estudio el vacío normativo alrededor de la determinación de la carga de trabajo en las empresas como una incongruencia que incentiva la propia intensificación del trabajo, según un comunicado remitido por la UV.

Para Adrián Todolí, el incremento en la carga de trabajo y la falta de normativas protectoras asociada son los factores que explican el aumento de las incapacidades temporales de los últimos años.

Los datos de la investigación señalan que el número de procesos de incapacidad temporal en España vinculados a problemas de salud mental se ha duplicado, pasando de 280.000 en el 2016 a superar las 643.000 en 2024.

“Los estudios médicos demuestran una relación muy estrecha entre la sobrecarga de trabajo y el estrés, la ansiedad y la depresión”, alerta el experto, que ha asesorado tanto al Gobierno de España como a la Unión Europea en derecho del trabajo.

La investigación de Todolí muestra como en todos los sectores y en todas las profesiones ha habido un incremento de intensidad en el trabajo en las últimas décadas.

Aunque se han propuesto medidas para mejorar la conciliación personal con el trabajo –reducir la jornada o ampliar los permisos retribuidos por nacimiento de hijos–, el estudio resalta que "son insuficientes".

“La falta de regulación expresa sobre la carga de trabajo máxima provoca incoherencias en el sistema jurídico. Si necesitas más tiempo que tu jornada para completar una tarea, tienes derecho a horas extraordinarias, pero si consigues completar la misma carga de trabajo realizando un mayor esfuerzo o incrementando la intensidad, no existe instrumento legal que te ampare”, reflexiona el investigador.

Todolí remarca la diferencia entre la jornada laboral y la intensidad laboral. “La jornada laboral cuenta con límites legales precisos”, indica el investigador de la Universitat de València.

Sin embargo, el estudio alerta de que el sector empresarial reacciona ante este límite de tiempo con estrategias que incrementan la intensidad del trabajo "generando accidentes de trabajo, estrés y burnout".

 “Se ha constatado que la sobrecarga responde, en buena medida, a un déficit normativo, ya que la normativa laboral no establece un umbral máximo de carga de trabajo o de intensidad”, destaca.

El catedrático en Derecho del Trabajo y Seguridad Social concluye en su libro 'La huida del trabajo: sobrecarga de trabajo, salud mental y derechos fundamentales' que para frenar el incremento de las incapacidades temporales es recomendable revisar la normativa y ajustar las leyes para que tengan en cuenta no solo el tiempo, sino también el cansancio que provoca el trabajo.

Una de las propuestas del investigador es utilizar los mismos mecanismos que hoy intensifican el trabajo, como sistemas de monitorización, algoritmos de control o indicadores de rendimiento. “Podrían convertirse en la clave para establecer límites cuantificables, reales y verificables de la carga de trabajo”, añade Todolí.

Otra conclusión del estudio indica que la sobrecarga de los trabajadores no solo impacta en su salud, sino en la productividad de la empresa al reducir la capacidad de concentración, favorecer los errores y descuidos, retrasar metas, impedir la mejora de procesos, aumentar la rotación de personal e incrementar los costes asociados a la selección y formación de nuevos trabajadores. 

“De esta manera, lo que en apariencia puede generar beneficios a corto plazo se convierte en un factor que mina la estabilidad, la reputación y la competitividad de la empresa”, apunta Todolí. 

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