València

EL CALLEJERO

Toni y el reto de vivir de una guitarra

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Toni Cotolí sale del Colegio Alemán, donde ha dado clase, y avanza por ese barrio de familias acomodadas acarreando la guitarra dentro de un estuche de piel negra. Toni camina y, en realidad, quienes andan son varios Tonis. El virtuoso de la guitarra clásica, el adolescente heavy o el más zen que se entrega, ya de adulto, la música chill-out. Sus manotas son tan grandes que podrían freírse unos huevos fritos en las palmas. Pero luego desenfunda el instrumento y lo acaricia con tal dulzura que parecen los dedos de un hada.

El guitarrista tiene 51 y se crio en el Cabanyal. Su padre tenía una empresa de maquinaria industrial porque el abuelo de Toni le soltó un no rotundo cuando le dijo que él, en realidad, lo que quería era ser músico. “Eso no es una profesión”, le dijeron, y el hombre, resignado, buscó su camino por otro camino menos inspirador. Así que cuando aquel músico frustrado tuvo un hijo, lo apuntó con nueve años a la Sociedad Musical Unión de Pescadores, en el edificio del Casinet, a tocar el clarinete. “Él se apuntó a tocar la tuba, pero en un año se lo dejó porque mi madre decía que eso no era, y se puso de directivo, a ayudar en la banda, para coordinar y organizar cosas. Y yo acabé los cinco cursos de solfeo, hice seis cursos de clarinete y me aburría, era adolescente, llevaba el pelo muy largo y me pasé al rock”.

  • Foto: KIKE TABERNER

El rock ya hacía años que le había entrado por los oídos en casa. A su padre le gustaba escuchar la música de Bruno Lomas o Emilio Solo. Rock español. También algo de los Beatles e incluso Jesucristo Superstar. Aquel chaval llegó un momento en el que se hartó del clarinete. “Me sabía todas las canciones de memoria”, recuerda. Aquel fue, además, el momento en el que sus gustos también cambiaron y empezó a aficionarse a la música Barón Rojo, Los Suaves, Extremoduro… Y, por supuesto, los clásicos del heavy metal: Iron Maiden, Scorpions, Helloween, Metallica... Aquellos fueron los años de la rebeldía y la melena larga. Un joven que, como tantos, dio carrete a la fantasía de montar una banda y lanzarse al escenario. Su grupo se llamó Tamarís y luego tuvo otro al que le pusieron Versus Day.  “Llegamos a ser teloneros de Extremoduro tres veces, de Platero y Tú, Barón Rojo, Los Suaves, La Polla Records… Llegamos a sacar ujn disco y varias maquetas y puedo decir que he telefoneado a los grandes y les he conocido”.

Una academia en Alemania

Pero las responsabilidades suelen ser el peor enemigo del rock. Toni dejó su grupo y, con 29 años, se marchó a vivir a Alemania, a Düsseldorf para estudiar en la prestigiosa Robert Schumann Hochschule, donde se ganó una de las dos únicas plazas que había disponibles. “Yo empecé ingeniería industrial a los 18 y también en el conservatorio. Llegó un momento que me faltaba un año para acabar la carrera superior de Industriales, ingeniería en automática y electrónica, o la carrera de grado medio de guitarra, que ya era título de profesor. Entonces decidí dedicarme a la música. Mi profesora dijo que estaba loco, pero mis padres me apoyaron, porque mi padre había querido ser músico”.

  • Foto: KIKE TABERNER

Luego acabó la carrera con matrícula de honor y como su amigo Ricardo Gallén había estudiado en esa academia de Alemania se fue allí para juntarse con músicos de todo el mundo. “Era duro, pero yo ya era mayor, sabía lo que quería, y aunque no tenía las cualidades de un niño prodigio, estudiaba mucho y acabé la carrera allí. Luego hice un máster de interpretación en Cáceres con Ricardo Gallén y a partir de ahí ya fui músico clásico”.

Los sacrificios de los artistas. Como la época, cinco largos años, en la que se levantaba a las cuatro de la mañana para coger el primer tren a Barcelona, asistir a la clase de un profesor particular y volver el mismo día a dormir a casa. Lo que hiciera falta para aprender de los mejores. Toni Cotolí volvió de Alemania en 2006 convertido en guitarrista clásico. Tenía la formación, pero faltaba abrir las puertas y después de tantos años de esfuerzos no le tembló la mano para irse a tocar en bares, en cafeterías, en la playa…

Toni tiene un buen recuerdo de Alemania, pero los inicios fueron complejos, sin saber nada del idioma. Ahí también se entregó y cada día estudiaba cinco horas en el Goethe Institut. “Fue muy intenso. Además tenía que mantenerme solo, sin beca, dando clases y buscando conciertos”. Ahora le hace gracia recordar que tuvo problemas con una vecina que se quejaba porque estaba todo el día practicando. Aunque no todo fueron sacrificios, también hubo momentos mágicos, como un concierto que dio en una iglesia en Essen.

  • Foto: KIKE TABERNER

La estabilidad económica de este verso libre le llegó en Guitarras Francisco Esteve, una fábrica de instrumentos que hay en Alboraia, que le abrió sus puertas como probador hace veinte años. Allí, después de que China rompiera el mercado de fabricación de guitarras baratas, se han especializado en productos de máxima calidad.  Ese empleo, unido a las clases que da y a los conciertos y festivales, pagan las facturas.

Doce horas de práctica

Su proyecto musical, incluido en mediterraneanguitar.com, es la culminación de tantos años de formación y de recibir influencias de todo tipo. La coronación también de un recorrido laboral que empezó pasando la gorra, que después incluyó un mordisco de la taquilla y que ahora le ha establecido dentro de los circuitos profesionales. Siempre con su guitarra a cuestas. Un instrumento, el que lleva dentro de la funda negra, delicado hecho con varias maderas: abeto, palosanto, cedro… En casa hay más guitarras: clásica, flamenca, eléctrica…

Una tradición familiar que no pudo disfrutar su padre, que él ha convertido en su profesión y que su hija, que ahora tiene diez años, elegirá si le da la gana. A la niña, de momento, le gusta salir con él un rato al escenario y bailar flamenco mientras toca su padre. Es el momento de disfrutar. Atrás quedan los años de formación y las doce horas al día de práctica. Tocar y tocar y volver a tocar.

  • Foto: KIKE TABERNER

Toni Cotolí lanzó su noveno disco en febrero, una obra que ofrece de manera gratuita en las diferentes plataformas. Una obra instrumental, estilo chill-out, donde surgen algunas colaboraciones vocales. El músico le ha puesto el nombre de ‘Guitarra a Compás del Alma’ y asegura que es un trabajo meditado y hecho con calma. El fotógrafo le pide a Toni que saque la guitarra y toque un poco. El músico, sentado en un banco en Viveros, bajo el último sol del día, se coloca, coge la guitarra como quien coge a un bebé y empieza a acariciar las cuerdas. El tiempo se para, los paseantes se congelan y, de repente, no existe nada más que su música.

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