València, en el laberinto de su ordenanza de ruido que tensa vecinos y eventos al aire libre

València

La sentencia contra los festivales de música en la Ciutat de les Arts i les Ciències se contagia a otras zonas y eventos de diferente naturaleza

  • Público en el Festival de Les Arts 2026.
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VALÈNCIA. Dicen que la ciudad nunca duerme, pero en realidad, quienes la habitan tienen la costumbre de intentarlo prácticamente cada día. En los últimos tiempos, València parece abocada a elegir trinchera en esa tensión entre la vigilia y el sueño. La veda la abrió, el pasado mes de marzo, una durísima sentencia de la Sección de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal de Instancia de València plaza n.º 8 contra el Ayuntamiento a raíz de la celebración de varios macrofestivales en el recinto de la Ciutat de Les Arts i Les Ciències (CACSA). El juzgado censuró que el Ayuntamiento ignorara las reiteradas peticiones del vecindario de un edificio cercano para que hiciera mediciones y levantara multas en caso de superar los límites permitidos (que en efecto, se superaban).

Tras este mazazo, el Ayuntamiento de València va avanzando en un laberinto que tiene una complicada salida. La resolución judicial, que de facto, ha conseguido expulsar las grandes citas musicales de la zona de CACSA, ha inspirado otras iniciativas similares que dejan el mapa de València con pocas opciones para desarrollar grandes exhibiciones culturales al aire libre dentro del término municipal.

Dos de los festivales previstos el pasado mes de mayo en CACSA, I Love Reggaeton y Love the 90s, se reubicaron en el estadio Ciutat de València. Y tal y como publicó hace unos días este diario, ya se han registrado las primeras quejas de vecinos de la zona. La contestación oficial del Ayuntamiento de València, es que no tienen las competencias ni los recursos para hacer frente al control de ruido que emiten esos eventos. Y es que cuando das vueltas en el laberinto sin salida, hay riesgo de acabar cayendo sobre la misma piedra.

  • Conciertos de Viveros 2024. 

Otros dos casos sobre la falta de recorrido de la ordenanza municipal de ruido. La Policia Local levantó acta por incumplimiento de esta en un concierto de Chayanne en la Plaza de Toros de 2025. Por otro lado, la Policía Local también hizo una propuesta de sanción por el Festival de Les Arts de este año, acreditando que superaron los límites legales. En las dos ocasiones, el Ayuntamiento se ha inhibido de fijar una multa en favor de la Generalitat justificando que no es competente, aunque la ordenanza sea de carácter municipal.

Aunque la ley de Protección contra la Contaminación Acústica dice que, “con carácter general”, quien ha tiene las competencias son los ayuntamientos, el de València se escuda en una excepción (“corresponderá al órgano de la administración autonómica (…) cuando el instrumento de intervención administrativa habilitante para el funcionamiento o el ejercicio de la actividad sea de competencia autonómica”).

El Ayuntamiento de València sí mantiene un convenio con la Generalitat para poder sancionar todo lo relativo a la Ley de Espectáculos, que incluye, por ejemplo, el control de los horarios o los aforos de los eventos. Sin embargo, en el tema del ruido, el consistorio nunca ha solicitado tener el control y la capacidad sancionadora.

Cambiando el punto de vista, el estricto cumplimiento del máximo de 90 decibelios de emisión que dicta la ordenanza está por debajo de cualquier estándar de experiencia musical. Muchos artistas ponen por contrato que deben actuar con una emisión no inferior a los 100 decibelios, y tras la cascada de controles y cancelaciones, este verano se ha demostrado empíricamente que es muy difícil cumplir con los máximos sin generar enfados entre el público y los propios artistas. Las promotoras están en un brete y ya avisan: “No sé si estamos hablando de una nueva etapa para la música en directo para toda la Comunitat Valenciana, pero probablemente sí para la ciudad de València”, auguraba Joanvi Díez, presidente de Promfest.

La música en directo, que antes de la crisis de CACSA ya se quejaba de la falta de espacios para desarrollar una actividad cultural consolidada en la ciudad, busca ahora sus nuevos escenarios. Y en todos los que ha ido tentando, se ha encontrado la negativa del vecindarios de ser el 'festivalódromo' de la ciudad.

  • Imagen de archivo de una terraza de un local en el barrio de Russafa. -

Fuera del mundo de la música también se han producido quejas por parte de los vecinos del estadio de Mestalla por los niveles de ruido de eventos como la Champions Burguer. Un evento que tras las reiteradas quejas tuvo que celebrarse sin ambientación musical en su última edición. Una decisión que según algunos vecinos no logró rebajar los niveles sonoros por debajo del límite que marca la ordenanza. 

Y más allá del aire libre, los conflictos por la convivencia ruido-descanso también afectan a espacios culturales y de ocio como los incluidos en la ZAS de Russafa o los entornos de las plazas Honduras y el Cedro. Un camino que ya recorrieron plazas como la del Negrito en el Carme o el entorno de Woody o Juan Llorens.

En este contexto, desde la oposición, el grupo municipal de Compromís registró una moción en la comisión de Cultura para pedir al gobierno local un pacto de ciudad entre los promotores, los vecinos y el consistorio para garantizar la convivencia de la música en directo con el descanso de los vecinos. Una propuesta que no ha contado con el respaldo del gobierno municipal aunque sí ha arrancado un principio de compromiso del ejecutivo de María José Catalá por la habitual vía de la moción alternativa. 

En el texto aprobado el Ayuntamiento se compromete a invitar a las asociaciones vecinales a formar parte del grupo de trabajo Música Moderna de València Music City para "avanzar en el consenso" entre el sector musical y los vecinos. Una mesa de trabajo que según el gobierno local debe servir para avanzar en la planificación de eventos, las localizaciones y en las medidas de impacto sobre la convivencia.

Con todo, València tiene por delante el reto monumental de afrontar la —por ahora complicada— convivencia entre su ordenanza de ruido, una de las más restrictivas de España, con los eventos de música al aire libre más allá del período de Fallas para el que sí se articuló una excepción. Un equilibrio entre el descanso de los vecinos y los eventos musicales que requerirá del esfuerzo y coordinación de la administración.

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