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exposición "Memoria de la modernidad"

No solo de Sorolla vive el arte

La Diputación de Valencia ha decidido reinventar la relación que mantiene con su patrimonio y con los ciudadanos. ‘Memoria de la modernidad’ sacará a la calle algunas de sus piezas más singulares y marcará su estrategia futura de difusión de sus fondos

9/07/2017 - 

VALÈNCIA.- "Estamos hablando de un patrimonio perfectamente almacenado y bien custodiado, pero no estaba puesto en valor. Y un patrimonio que no se difunde es un patrimonio que no es apreciado y que corre el riesgo de desaparecer», explica Aarón Cano, responsable de Difusió i Investigació del Patrimoni de la Diputación de Valencia. Lo hace mientras recorre las salas que el Museo Florencio de la Fuente de Requena ha consagrado a la exposición Memoria de la modernidad. No es una exageración decir que las 80 obras que acoge desde mayo y hasta el próximo 3 de septiembre constituyen la muestra más importante en la historia de la localidad: desde Pinazo al Equipo Crónica, pasando por Joan Reixach, Carmen Grau, Joaquín Sorolla, Mariano Benlliure o Carmen Calvo. La Diputación se había puesto como baremo para considerar el objetivo cumplido las 2.000 visitas (aproximadamente el 5% de los habitantes de la comarca): la cifra se superó a los 15 días de abrir sus puertas. 

Pero Memoria de la modernidad no es solo una exposición, es el primer ejemplo de una pequeña revolución que lleva fraguándose en la Diputación de Valencia desde diciembre de 2015 y cuyo objetivo es devolver a los valencianos más de 4.000 obras que son suyas y que, por diversos motivos, apenas han visto la luz. El origen de la muestra, en realidad, es mucho más antiguo: de la segunda mitad del siglo XIX. «En los años 20, muchas diputaciones optaron por crear un museo de Bellas Artes. La de Valencia, en cambio, abrió uno de Prehistoria y eso explica que nunca haya tenido un lugar para exhibir su impresionante colección artística y que gran parte esté en almacenes o colgadas en las paredes de alguna institución. Algunas son muy conocidas, como El crit del Palleter, pero no solo de Sorollas, Pinazos o Benlliures vive el arte valenciano», bromea Cano.

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El ejemplo de esa obra de Sorolla sobre el primer valenciano que osó levantarse contra los franceses no es gratuito. Con ella, el pintor logró que la Diputación le concediera en 18848 una pensión (así se llamaban a las becas que concedía la institución a los artistas y que se anticiparon dos siglos al programa Erasmus) para poder formarse en Roma. Pero además, refleja cómo el costumbrismo y la pintura de historia casi se convirtieron en sinónimo de arte valenciano, lo que se ha traducido en cierta minusvaloración de otros estilos. 

*Lea el artículo completo en el número de julio de la revista Plaza

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