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aumenta la compra de vivienda como inversión, el alquiler crece 

Turistificación: el 'enemigo' está dentro

15/03/2018 - 

VALÈNCIA. Ciutat Vella está en pie de guerra. Este jueves, coincidiendo con la plantà fallera, los vecinos del casco antiguo de València realizarán una actuación conjunta que tiene como fin dejar bien claro su oposición al proceso de gentrificación que están sufriendo los barrios históricos. La campaña la promueven colectivos ciudadanos como Ciutat Vella Batega, el Col·lectiu de Mares i Pares de Ciutat Vella, Escoltem Velluters, Endavant Ciutat Vella, la Plataforma de la Muralla, El Punt, Ca Revolta, y varias asociaciones de vecinos como Amics del Carme, la Boatella y el Palleter. Asimismo, cuentan con el apoyo a nivel de ciudad de la red Entre Barris.

Para transmitir su malestar y sus críticas al Ayuntamiento, al que acusan de “ponerse de perfil” ante este problema, los vecinos harán coincidir esta protesta con el inicio de las fiestas locales de la ciudad. Los residentes colgarán en su balcones y ventanas pancartas con el lema de su campaña: Veinat en perill d’extinció, ens estan expulsant. Es la cuarta actuación en menos de un año de esta iniciativa, tras las tres realizadas desde mediados de 2017. La primera de ellas fue este verano pasado, una manifestación de vecinos-turistas que pedían más pisos de uso vacacional. A ésta siguió en otoño un entierro simbólico de Ciutat Vella por la despoblación que sufre. Y hace menos de dos meses los vecinos se manifestaron, coincidiendo con las Fogueres de Velluters, para pedir de nuevo al Ayuntamiento que adoptara medidas contra la turistificación.

Las acciones tienen un doble objetivo: visualizar el malestar vecinal y emplazar al consistorio y a las autoridades autonómicas, ahora que Les Corts debaten sobre este tema, a que adopten medidas lo antes posible. A su juicio, los barrios del centro histórico están sufriendo la expulsión constante de residentes por tres motivos principales: el aumento de los alquileres provocado por la presión de la oferta turística; la compra a su vez “descontrolada” de edificios para este uso y los problemas de convivencia que se están generando; así como la falta de políticas locales para promover la permanencia y aumento de residentes.

Un escenario complicado

El principal problema que tienen los vecinos, sin embargo, son los propios vecinos. La compraventa de viviendas ha subido en enero de este año un 23,1% en su tasa interanual hasta las 47.289 operaciones inscritas en los registros de la propiedad, según la estadística de transmisiones de derechos de la propiedad publicada por el Instituto Nacional de Estadística, y que difundió este miércoles la agencia Efe. La venta ha comenzado el año al alza tras haber cerrado 2017 con una subida del 14,6%. Y muchos de esos adquirientes son particulares.

Estas compras tienen como objetivo final en muchos casos no el uso como vivienda propia sino para alquiler. Así lo revela un estudio hecho público también este miércoles. Realizado por Uniplaces.es, un servicio de reserva de alojamiento para universitarios, en él se señala que el 31% de los nuevos compradores vinculados a este servicio habían adquirido su vivienda para ponerla en alquiler, y que un 24% decidió comprar por la alta rentabilidad del alquiler. Sólo el 17% de las viviendas que alquilan proceden de herencias. Esta misma encuesta sostiene que un 52% de los usuarios de Uniplace.es aseguran que, aunque en un primer momento compraron su vivienda para residir en ella, al final se vieron obligados a ponerlas en alquiler.

El cofundador y CEO de Uniplace.es en España, Mariano Kostelec, explicaba en un comunicado que “existen varios motivos por los que un propietario se ve forzado a alquilar la vivienda que, en un primer momento, adquirió para sí mismo como pueden ser las dificultades económicas de los últimos años que han llevado a que muchos propietarios no puedan hacer frente a las letras de las hipotecas y la movilidad laboral a la que se han visto obligadas muchas personas para encontrar un futuro mejor”.

Nada da más rentabilidad

Una obligación pues que tiene mucho que ver con la coyuntura económica. Y es que el alquiler de inmuebles ha ganado peso entre los inversores, no sólo los fondos —principalmente extranjeros— sino también entre particulares, por las atractivas rentabilidades que ofrecen en una coyuntura donde los tipos de interés siguen maniatados en mínimos históricos por el Banco Central Europeo (BCE).

La fiebre inmobiliaria se ha plasmado en el parqué en los últimos años con la aparición de las llamadas sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria. O lo que es lo mismo: las socimis. Más de medio centenar cotizan ya en el segmento específico del Mercado Alternativo Bursátil (MAB) y las previsiones apuntan a que este año habrá más. Ya se han estrenado varias, muchas de ellas en régimen de alquiler de pisos, locales, trasteros... e incluso gasolineras, con rentabilidades que llegan a superar el 5%.

Una de las empresas que vio que había un buen nicho de mercado en el alquiler fue la plataforma inmobiliaria de financiación colectiva Housers, que a través del crowdlending capta dinero para ayudar a financiar proyectos inmobiliarios para luego alquilarlos -o comprarlos- y rentabilizar su inversión. Su modelo es tan exitoso que se va a exportar a Portugal.

Además, queda margen

Y por si fuera poco, los últimos datos disponibles en la red del Banco de España hablan de que, como diría Murphy, si algo va mal aún puede ir peor. Si tomamos como referente Europa, donde la media de viviendas en alquiler es del 30%, en España aún se está lejos de los parámetros continentales porque la cifra de inmuebles en alquiler y cedidos a duras penas supera el 22%. Es decir, que aún hay margen de crecimiento. Mucho. Con un agravante. Tal y como denunció Amnistía Internacional, y recuerda el abogado valenciano Alberto Aznar, España cuenta sólo con el 1,1% de vivienda social, frente al 32% de Holanda, el 23% de Austria o el 18% del Reino Unido.

Con la presión de los inversores por un lado, la presión del turismo por el otro, y el escenario macroeconómico actual de tipos de interés bajo y pocos productos de inversión disponibles en el mercado, todo apunta a que está lejos de haber tocado fondo el proceso que ha hecho de los pisos turísticos un producto de inversión atractivo.

Por eso, aunque el boom comience a agotarse, y haya caído el ritmo de creación de apartamentos turísticos, la lógica invita a pensar que seguirá creciendo más, crecimiento que si no se aprende a controlar se podrá llevar por delante los barrios históricos. Algo que reclaman los vecinos de Ciutat Vella y, para recordarlo, colgarán este jueves sus pancartas. Si las Fallas son un espacio para la crítica y la sátira, ¿qué mejor momento que éste?

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